Durante varios días, 15 artistas le cambiaron la cara a la ciudad de Minas. A través de su arte, repletaron de colores a la ciudad, contextualizando cada creación a partir de un hilo conductor establecido por los organizadores del Festival Wang. Primera vez que la actividad se cumplía en el interior del país, requirió de un extenso trabajo de articulación con los actores locales. “El balance es altamente positivo”, nos dijo Pilar Barreiro, productora general del evento.

Fue la primera vez que el festival salió al interior del país. ¿Cómo se prepararon para enfrentar ese desafío?

Hace nueve meses que llegamos por primera vez a Minas, en agosto de 2025, y hace más tiempo aún que nuestra cabeza y nuestra mirada estaban puestas en salir de Montevideo. Nos preparamos de esa forma, haciendo cuatro festivales en Montevideo, que el proyecto estuviera maduro, con un equipo fuerte como para poder descentralizar. Una de las experiencias fue en Sayago, en 2024, una especie de salir del cenro del país. En julio del año pasado nos presentamos a un Fondo Concursable del MEC y fuimos seleccionados. Tomamos un primer contacto con Carla González (Espacios MEC Lavalleja), una de las grandes responsables de que esto sucediera, y en agosto de 2025 comenzamos a ir a Minas, con un trabajo desde lo contextual, de conocer a la comunidad y de empezar la preproducción, la logística, con reuniones con la Intendencia. Llegó un momento en el que teníamos como dos bases, una en Minas y otra en Montevideo, en el taller en la Ciudad Vieja de Casa Wang.

¿Con qué otras apoyaturas locales contaron?

Destaco el apoyo de la sociedad civil, de la comunidad minuana. Es parte de los apoyos que necesita un festival de este tipo para seguir adelante, para realizarse de esta manera, sobre todo en la realización de las actividades paralelas, algo nuevo en el festival, una grilla de actividades que también llevó mucho trabajo junto con Carla y con referentes de la comunidad. Empezamos el miércoles, el primer día del festival, donde en la UTEC se hizo un taller de visuales, y luego tuvimos un encuentro muy lindo en Casa Encantada, hicimos una charla sobre muralismo en Amigos del Arte, junto con un conversatorio. En Casa Lorca pasamos los documentales del festival y también hubo un encuentro donde discutir y conversar de cómo es hacer un festival de arte urbano. Estuvieron participando los chicos de INISA (Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente), tanto de Montevideo como de Minas, quienes pintaron un mural e hicieron pegatinas, hubo una actividad muy linda que se llamó «cronistas por un día», con un grupo de mujeres creadoras que terminó en un conjunto de artículos periodísticos de cómo vivieron el festival y una actividad en la rambla con el ballet folclórico, un encuentro deportivo en Sparta, donde pintamos un mural. Luego, las actividades más internas o cerradas del festival, con previa inscripción, el taller de formación de murales, algo que hacía mucho queríamos hacer. Quiero destacar lo importante de bar La Cueva, de Bruno, un pilar para la logística y para la convivencia del equipo, porque ahí almorzábamos y cenábamos y hasta nos cedió una habitación para dormir la siesta.

A su vez, el festival se posiciona como un proyecto sustentable.

Cuando iniciamos con la producción se planteó que fuera un festival que generara la menor cantidad posible de residuos. Empezamos un trabajo muy fuerte con Aurora y Victoria, de la Dirección de Ambiente de la IDL, con Germina, que es un servicio de compostaje, y con dos chicas clasificadoras que trabajan con la Intendencia. Generamos cuatro ecopuntos, en el Liceo Fabini, en el club Sparta, en el Estadio y en La Cueva. Se hizo una clasificación de la basura y a su vez las latas de pintura, al ser pintura sin conservantes, van a ser utilizadas como macetas por Germinas en su proyecto de plantación de árboles. Esto sucede porque hay gente trabajando en el territorio, con ideas que compartimos y que podemos llevar a cabo juntas. Todas estas actividades y logros suceden porque hay un territorio que está trabajando constantemente.

Al tratarse de una actividad al aire libre, ¿cómo se vive tener que replantear al festival?

Que llueva siempre es un tema, pero este festival llega con 12 años de experiencia. Cada una de las personas que trabaja en el festival tiene una carrera profesional de muchos años y vamos aprendiendo de las cosas que nos van sucediendo, las experiencias profesionales y llegamos bastante preparadas para eso, de que sabemos que puede llover (de hecho, llovió los últimos dos días). Se planifica tanto a nivel logístico como a nivel presupuestal porque tuvimos que quedarnos dos días más. A los artistas internacionales les pedimos que se quedaran unos días más. La parte más angustiante la viven los artistas, porque la producción puede seguir trabajando. Paraba de llover y salían a pintar, se les corría la pintura y cada muro tiene sus particularidades. Es la realidad de pintar en la calle, sufrir el clima, las condiciones, el estado de la pared. Siempre va a estar esa angustia, pero la experiencia te va fogueando y generando planes. Cuando sucede, estás preparado.

¿Cómo se eligieron los espacios para realizar los murales? ¿Cuántos artistas participaron? ¿Cuál fue el hilo conductor del festival?

Participaron 15 artistas, entre ellos, una argentina, una mexicana y un brasilero, a partir de una convocatoria que hicimos a nivel internacional. El resto de los artistas son uruguayos, dos elegidos por convocatoria, y además participó Diego Bezón, artista minuano que también fue fundamental en este recorrido y en cómo habitamos el territorio con el festival. En cuanto al hilo conductor, entre la producción y algunos artistas realizamos como una bitácora donde había mucho material sobre Minas, tanto a nivel geográfico, histórico, personalidades de la cultura, de la flora, de la fauna, de los paisajes de Minas. A ese material se lo enviamos a los artistas porque son los insumos para luego pintar lo que vieron en Minas. Por eso decimos que es un festival contextual. A los artistas que participan por fuera de Casa Wang, cuando quedan seleccionados se les dice que el festival es así, que hay libertad total en lo que se pinta pero que hay que hacer algo que tenga que ver con lo que te estoy relatando. Los espacios se eligen con mucha anticipación porque hay que generar todos los permisos necesarios. Es un momento de investigación, de recorrer, de hacer una visita profunda y técnica. Buscamos ciertas instituciones, ya sea educativas, clubes deportivos o una plaza de Deportes. Se buscan más muros de los necesarios para prever algunas situaciones. Pensamos que sería un festival de muros pequeños y no terminó siendo de ese modo. Nos pareció muy lindo que haya muros muy distintos y de diferentes dimensiones.

¿Qué balance hacen?

El balance es impresionante, de muchos logros, de muchas cosas que nos planteamos y que las pudimos llevar a cabo como estar en el interior, hacer talleres de formación, trabajar con comunidades, hacer una grilla… Hay muchos hitos que pudimos cumplir y que anhelábamos hace mucho tiempo. Nos encontramos con un gobierno departamental que abrazó el proyecto desde un primer momento y eso no es fácil dentro de un proyecto de arte urbano. Trabajamos particularmente con cada una de las direcciones de la Intendencia y eso es lo que necesita el Festival Wang para poder seguir en el interior, un gobierno comprometido, políticas públicas, una comunidad que apoye, que se interese y que entienda que el festival es en conjunto, porque llegamos y lo primero que hacemos es observar lo que está sucediendo en el territorio en un montón de aristas. La apertura que tuvo Minas fue lo que terminó generando todo esto que sucedió en el festival en varios ámbitos. Se habló más de los vínculos humanos que de los murales y eso es algo a resaltar, porque no se logra tan fácil. Quedaron tendidas las redes. Ya tuvimos contactos con otros departamentos, aunque son meses de evaluación, de seguir logrando que cada vez más gente vaya a Minas a mirar los murales, muy contentas porque el Festival Wang está resonando en otros departamentos. Ojalá que lo concretemos.

¿Qué representó para ti, desde tu rol, organizar el festival en Minas?

Una alegría, un compromiso, un orgullo por pertenecer a este colectivo Casa Wang, el gran gestor de la idea que este festival suceda, con un respaldo del colectivo que habla de una madurez de tantos años generando reflexiones, conversatorios, entre nosotros, con nuestros colegas. Seguimos generando que el trabajo en la cultura no esté precarizado. Una de las grandes banderas del festival son los recursos humanos, tanto en el equipo duro como con la comunidad. Los murales son una excusa para tender redes, discutir, conversar, para opinar.