A través de actividades a nivel nacional y departamental, se conmemora el Mes de la Afrodescendencia como forma de dar visibilidad, rendir homenaje y reiterar históricas reivindicaciones. Para Valeria Barreto, directora de Familias Candomberas de las Sierras (FACASI), la fecha tiene su importancia, pero no será realmente trascendente si nada cambia en nuestra sociedad, si no se apuesta por oportunidades reales, en verdadera igualdad de condiciones.
Para Valeria, más que una fecha concreta, todo «se concentra en la vida cotidiana». Si bien es un mes para visibilizar y «empiezas a ver más cosas afro por todos lados», incluidas las redes sociales, «es todo lo mismo, no cambia nada y mucho menos en Minas».
Si bien siente «positivo» que se establezca un mes de conmemoración, declara que «a mí no me cambia absolutamente nada», al conocer en profundidad la historia de la cultura afro, la de su familia y la lucha de sus padres, «quienes me enseñaron lo que pudieron con lo que tenían a su disposición, al igual que ocurrió con mis abuelos».
Durante su infancia, «fue difícil ser negra porque las oportunidades no son las mismas». A eso lo comprendió siendo ya adulta porque «en la escuela no te lo enseñan» y porque «lo que aparece en los libros no es en lo que quiero verme representada, por lo que pienso en cómo lo habrán vivido mi madre, mis tías y tíos, mis abuelos y mis bisabuelos en su niñez».
Para Valeria, «el racismo sigue estando escondido», tanto que la realidad la llevó a «presentar mi currículum sin foto para ver si tenía suerte», porque en una ciudad pequeña como la nuestra «todos nos conocemos. Pasaba por locales comerciales y más o menos conocemos las habilidades académicas de otras personas y me decía: si esta persona está trabajando y yo necesito hacerlo, ¿por qué no me convocan?».
Recordó una vivencia de su infancia: «había una señora a la que admiraba un montón. Me encantaba verla aprontándose para para ir al trabajo -era enfermera-. Tenía su traje blanco, divino. Claro, nunca vi a una negra que atendiera, que fuera médica o maestra».
Por esos motivos considera que el Mes de la Afrodescendencia, «a nivel social no cambia absolutamente nada, todo siempre igual». Sí aprecia ciertos cambios en las nuevas generaciones, que asumen con naturalidad los sellos distintivos de cada uno.
¿SOLO UN MES?
La entrevistada no siente que deba haber un mes específico en el cual «te reconozcan por lo que haces o por cómo eres», aunque visibilizarlo sirve, entre otras razones, por una cuestión de cupos, situación que considera similar a la que viven otros colectivos, aunque «si no hay nadie del otro lado que verifique que esa cuota se está cumpliendo como corresponde, nunca se llegará a buen puerto. Es una buena iniciativa, pero en los hechos no se concreta», consciente de que «hay gente que miente, que esconde su verdadera historia, su identidad para ocupar un cargo que no le corresponde», siendo que el cupo y las cuotas fueron creadas «para las comunidades que han sido las más sufridas, las que menos oportunidades han tenido, a las que todo se les ha hecho cuesta arriba. Hay un doble discurso evidente», sentenció.
LESA HUMANIDAD
Valeria Barreto refirió a una declaración de UNESCO que estableció que «la trata de esclavos es el mayor crimen de lesa humanidad de la historia», por lo cual dicho reconocimiento determinaría su correspondiente reparación, ya que «de nada sirve reconocer que se ha obrado mal si se sigue actuando de la misma manera». En ese sentido, la justicia reparatoria presenta un plan específico, sobre todo en torno «a los países que usurparon África, para que devuelvan los artículos que sustrajeron», situación en la cual incluye lo ocurrido en nuestra región «con la llegada de cientos de esclavos que desembarcaron en el sur del continente, mano de obra que no tuvo paga».
Lamentó que en Uruguay «a esa parte de la historia no se la reconozca» y que «nuestros libros de historia no digan las cosas tal cual sucedieron», porque, consideró, «la educación tiene una falla tremenda, algo que descubrí con 20 y pico de años». Afirma que cuando lo manifiesta, «no es para enfrentar a nadie sino para que todos conozcan que nuestros antecesores no tuvieron las mismas oportunidades. No es un ataque. Simplemente que se entienda y que se trate de llevar adelante una lucha en común que sea justa para todos, tener la libertad de presentarte en un concurso y que seas el único negro participando, y que del otro lado haya una persona a la que no le importe tu color», porque «a veces el color te condiciona» pero «una no va a cambiarlo, sino que debe cambiar el pensamiento de los demás».
Crear el Mes de la Afrodescendencia «está bueno» y la justicia reparatoria «es necesaria», pero «hay que insistir con cuestiones mucho más profundas».
TODO EL AÑO
Para Valeria es imprescindible que sobre estas temáticas se trabaje intensamente durante todo el año y no solo durante un mes, porque «ahora aparece todo tipo de cartelería, flyer y anuncios, pero ¿después qué pasa? El resto del año nos olvidamos», lamentó quien asume que la lucha es de todos los días, debido a que «la población más afectada necesita de alguien que esté siempre y no solo una vez por año».
Comentó lo que sucede en Brasil donde «al tema del racismo se lo toman muy en serio y donde las penas son contundentes», algo que «lamentablemente en Uruguay no ocurre», porque cuando se da este tipo se situaciones «se busca tapar y esconder y la gente no se hace cargo».
FACASI
Valeria es directora de la comparsa FACASI (Familias Candomberas de las Sierras) y desde este ámbito, a través de dos eventos anuales específicos, se analiza esta temática, con excelente respuesta de la gente. En julio del año pasado se llevó a cabo la primera edición del Festival Coronarte, trenzando raíces, «adhiriéndonos a los eventos que se realizaban en todo el país». Desde el barrio Estación, la comparsa busca «difundir la belleza del pelo afro, todos los tipos de rizos y trenzas que tanto nos representan», porque «hay una historia que es parte de la cultura africana de las trenzas, que nació en Egipto y que diferencia a las comunidades, los rangos y el capital de las personas». Tras la trata de personas esclavizadas, el trenzado «se transformó en símbolo de resistencia y comunicación de esas personas que fueron arrancadas de sus territorios en África y llevadas forzadamente a otros territorios».
Durante la esclavitud «las utilizaban como medio de comunicación porque se trenzaban mapas para crear rutas de escape. Se escondían semillas, arroz y pepitas de oro para luego asegurarse un territorio donde plantar y hasta para comprar la libertad».
Se trata de historias reales de afrodescendientes que «no te lo enseñan, que no están en la currícula», siendo que «al puerto de Montevideo arribaron muchos esclavos»
TERGIVERSACIONES
Valeria sostiene que en Minas «tenemos muchos referentes» pero que «hay un tema de lucha de egos» que lo trasciende. Agrega que a partir de luchas políticas «las cosas no se dicen como son», rechazando de plano el doble discurso, porque «si presentas tus proyectos no puedes pisar el trabajo de otra persona, ni colgarte del trabajo ajeno. Pero, sin embargo, aquí suceden esas cosas».
Debido a ello, decidió tomar distancia y fundar FACASI, generando desde su lugar lo que considera importante y necesario. «Quiero que las futuras crianzas de mi familia y las de mi entorno conozcan nuestra historia, la de los afrodescendientes, sus luchas, su cultura, el candombe, una de esas expresiones culturales más importantes y representativas del país».
Por eso FACASI está abierta a todos quieran participar de ella, sin condicionamientos de ninguna índole, a partir de «una expresión empática, como debe ser», apostando a las enseñanzas transmitidas a través del candombe para que «se acerquen chiquilines y que en sus tiempos libres no anden vagando ni perdiéndose en vicios».
«El tambor te llama. Empieza a sonar e intuitivamente es como los latidos del corazón, es como estar en la panza de tu madre y escuchar esos latidos. Es grandioso lo que genera, el contexto que tienes alrededor de un tambor», expresó emocionada. De lo que se trata es de «trabajar para generar esa comunidad, ese equipo de personas que labure en pro del tambor, de esa comparsa, de esa agrupación». Ese sería el ideal, pero, lamentablemente, «las competencias y los egos han llevado a que muchas personas terminen desvinculándose, algo que no tiene sentido. A esta lucha la llevo adelante en nombre de mi comparsa y porque siento que es lo correcto».
Cuando cuenta historias de la esclavitud, de la comida, de los peinados y de los personajes, «las caras de asombro de las personas, te sorprende, junto con el interés que se va generando. Eso no tiene precio. No hay premio que lo pague».
Para Valeria, «siempre hay que ser honesto con lo que se hace», sin artilugios para acceder a un cargo. Por eso, se ha dedicado a la investigación de la cultura, de las costumbres y de la tradición afro y todo lo que ha logrado ha sido mérito a su esfuerzo. «Me llevaron a una comparsa, pero todo lo que he peleado por aprender ha sido porque he querido; mi tenacidad me ha llevado a conocer más y en el momento en el que descubrí que ‘la negra motuda’ de la escuela y todas esas cosas que me decían tenía un trasfondo que provenía del tambor».
SAMUEL
El 10 de marzo sufrió la pérdida de uno de sus hijos, Samuel, de tan solo 20 años, en siniestro de tránsito cuando salía de una práctica de fútbol con su equipo, Barrio Olímpico. «Él me acompañó toda la vida, en todo este proceso de nuestra historia afro europea, de nuestra historia afro de las comparsas siendo bebé, a todas partes. Entonces, es parte de mí y de todo lo que hago», declaró.
Por ello siente que «esta es mi sanación», un espacio donde encuentra canalización para tanto dolor. «Lo tengo conmigo en cada golpe de madera, en cada sonido de repique, en cada mirada de la cuerda», porque «me acompañaba en todo lo que se me antojaba inventar. Era mi dos. Por eso hablo tanto de la importancia del tambor. A él también le gustaba el fútbol, la pelota lo era todo para él. Pero conmigo vivía en un mundo aparte con el tambor», contó Valeria, quien siente una conexión muy especial con su hijo a través del candombe.
TRABAJO EN COMUNIDAD
Barreto insistió en la importancia del trabajo comunitario que realiza una comparsa, consciente de que en Minas hay muchos aspectos que deberían cambiarse, dejando los egos a un lado.
Desde FACASI «nos sentimos felices por el trabajo que realizamos, por los talleres que brindamos, con las propuestas que generamos, con esta actividad de Coronarte trazando raíces en su segunda edición, con el resultado de lo que fue nuestra propuesta en la plaza, desde armar gazebos para los emprendedores, traer mesas, acarrear sillas, desarmar, devolver las cosas y cuidar el entorno», en definitiva, «con el grupo que somos, por estar unidos y por trabajar juntos como lo hacemos desde que comenzamos».
Agradeció el apoyo de Espacios MEC porque «siempre están predispuestos a trabajar por la cultura del departamento y a facilitarte las cosas».
«Hay mucho trabajo por hacer. Siento que transitamos el camino correcto. Confío en que la preponderancia de los egos algún día pueda cambiarse y se comience a trabajar para adentro. De lo contrario, morirá todo lo que se ha logrado hasta ahora», reflexionó Valeria Barreto.