Sufrió un ACV y hoy, con el paso del tiempo, Stella García, sin olvidar los malos momentos atravesados, comprende que todo es parte de un aprendizaje, doloroso, por supuesto, pero de enseñanzas y crecimiento. Comparte ese proceso a través del libro “Renacer después de un ACV”, el cual presentará en Mariscala el 13 de junio y posteriormente en la ciudad de Minas.

Stella es maestra especializada en Educación Inicial, con más de 30 años de trayectoria en la educación. Fue maestra directora del Jardín de Infantes N° 115 de Mariscala, cuenta con formación en neurociencias de la educación y un máster en Inteligencia Emocional para educadores.

El ACV fue un antes y un después. ¿Habías tenido algún aviso?

Fue un antes y un después. En mí y en mi familia, en mis amigos, en quienes me conocían. Me llevé gratas sorpresas después de tantos mensajes y tanta energía de personas que me fueron sosteniendo a lo largo de este camino, un camino que se vive con fortalezas y también lleno de miedos y dudas. A veces nos ven fuertes por fuera, pero por dentro seguimos un poco quebrados, un poco rotos. Sucede con todas las personas que reciben un gran sacudón en la vida. Cada persona vive sus propios sacudones internos de maneras muy profundas. Muchas circunstancias de la vida afectan profundamente nuestra salud emocional y física y es importante poner esos temas sobre la mesa. Hago un paralelismo con la educación, porque si bien esta experiencia me trastocó muchísimo en cuanto al trabajo -algo que siempre amé profundamente, también me hizo tomar conciencia de que no podía hipotecar lo que me quedaba de vida en un contexto tan estresante y agotador como muchas veces puede llegar a ser la educación. Es un rol hermoso que amo, que valoro y del cual me llevo enormes aprendizajes y alegrías, pero cuando una trabaja con verdadero compromiso y responsabilidad, también hay un gran desgaste emocional y físico. Tuve que tomar decisiones y priorizarme. Respecto a si había sentido algún aviso, te diría que sí y que no… aunque a eso una lo entiende con el diario del lunes. El «sí» tiene que ver con todo lo emocional, con el estrés acumulado; el «no» con mi salud en general porque, más allá de sufrir cefaleas, no era hipertensa ni tenía factores de riesgo. Por eso fue tan inesperado, más aún para mí, que me enteré mucho después, porque ni siquiera me daba cuenta por lo que estaba pasando. El año anterior había vivido tres pérdidas muy significativas: una amiga de mi misma edad, otra muy cercana, más grande que yo y muy amada,y un amigo que falleció un día antes de mi cumpleaños. Todo eso impactó en mi salud.

¿Cómo recuerdas el momento en que pasó?

Son muy pocas las cosas que recuerdo con claridad. Fue el 10 de enero de 2023. El 7 había sido el cumpleaños (16) de mis hijos mellizos, Lautaro y Joaquina. Estaba acostada, recién comenzaban mis vacaciones y sentí un dolor de cabeza muy intenso, inusual, junto con un dolor abdominal muy fuerte, palpitaciones y una sensación que no lograba aliviar. Decidí levantarme para tomar una medicación. Me crucé con Lautaro, nos dimos un beso y un abrazo. Entré a la cocina y después ya no tengo más recuerdos. Un mes antes, Lautaro había tenido un taller de RCP en el liceo, algo que valoro muchísimo y que reafirma la importancia de trabajar desde la interdisciplinariedad y lo interinstitucional. La educación y la salud trabajando juntas. Él no tuvo que hacerme RCP, pero sí tuvo -me contaron- un temple y una tranquilidad indescriptibles al verme convulsionando y en ese estado. Lautaro dice que sintió «como si se hubiera caído una puerta». Los momentos que escribo en el libro fueron reconstruidos con voces y relatos de quienes estuvieron presentes. Fui llevada a Minas en una ambulancia especializada después de las 15:00 horas, aproximadamente, y con Joaquina, a quien Lautaro llamó para que se despertara, se hicieron cargo.

¿Qué áreas afectó? ¿Cómo empezar de nuevo?

Hubo distintas etapas. Al principio, ni siquiera se sabía bien que había sido un ACV, cuando estaba en el CTI. Después apareció una afasia total, que para mí fue extremadamente difícil, por la importancia que tiene la comunicación en mi vida. Una amiga me acercó una pizarra y eso ayudó para que pudieran comprender algo de lo que quería expresar. Es difícil explicarlo, es como un trabalenguas interno. Aún hoy, a veces, me sucede: quiero nombrar algo, en mi mente está clarísimo, veo perfectamente la imagen o el concepto, pero no me sale decirlo. O aparece una palabra que no representa realmente lo que quiero expresar. Trato de tomarlo como parte de la recuperación, de la vida y del aprendizaje. Además del lenguaje, tuve que reconstruir mucho de mi identidad: esa autonomía y seguridad que tenía se quebraron. Me quedaron muchos miedos: a volver a caer, a que volviera a pasar. También hubo un dolor físico muy fuerte durante casi seis meses, especialmente en el lugar donde golpeé mi cabeza al caer. Intenso, indescriptible. Una tiene que aprender a convivir con un cuerpo que por momentos ya no se siente el mismo y con otros tiempos, porque se enlentecen, especialmente cuando estoy muy cansada. Avanzada la noche o después de mucho agotamiento, el lenguaje vuelve a afectarse. Una de las cosas más difíciles al volver a empezar fue aceptar que tenía que reaprender cosas cotidianas que hacía naturalmente. Todo lo tecnológico, por ejemplo, me costó muchísimo y aún hay cosas que me cuestan. Como siempre trato de mirar más el vaso medio lleno, descubrí algo muy profundo: la enorme capacidad humana de reconstruirse. Esa reconstrucción no es lineal. A veces avanzamos, otras veces retrocedemos, hay mesetas, frustraciones, miedos, cansancio, pero también aparece una fuerza interna que muchas veces una no sabía que tenía. Al principio, no terminaba de comprender lo que estaba viviendo, había dentro una especie de locura, una decisión muy fuerte de salir adelante «como fuera». Lo veo ahora y personas con las que conversé para reconstruir y escribir todo esto no terminaban de entender cómo lograba salir adelante en cosas que parecían realmente «locas». Cuando empecé a tomar conciencia de todo lo que había pasado, fue muy movilizador emocionalmente. La terapia ayuda mucho, la respiración y todas las terapias alternativas, que fueron grandes herramientas. Pero algo que deja una experiencia así es valorar las pequeñas cosas de la vida que antes parecían simples o hasta automáticas. Empiezas a mirar la vida desde otra perspectiva.

¿Qué rol desempeñaron tu familia y las personas más cercanas?

Tuve una de las mayores fortalezas que una paciente puede tener: el sostén de mi familia, de mis amigos y de muchísima gente que estuvo acompañándome. Me conocían del Jardín, de la vida misma o incluso con las que no tenía un vínculo cercano, estuvieron desde el cariño, desde un mensaje, desde la oración, desde la fe. Eso realmente se siente. Cuando una persona atraviesa un ACV, no lo vive sola. Lo atraviesa el entorno familiar y afectivo. Trato de reflejarlo en el libro. Son situaciones que nos sacan de nuestra zona de seguridad, nos desacomodan y nos atraviesan. Una comprende que no solo se sana desde la medicina, sino también desde la humanidad, desde el amor.

¿Cuál es la situación actual derivada del ACV?

Más allá de todo lo físico vivido, el proceso emocional continúa, y la escritura del libro movilizó muchísimo todo eso. Tanto fue así que hubo momentos en los que necesité hacer pausas porque emocionalmente me costaba sostenerlo. Volver a leer, recordar y revivir determinadas situaciones removió muchos miedos, angustias y emociones que parecían más aquietadas. Soy profundamente agradecida por esta segunda oportunidad de vida y también por las pocas secuelas visibles con las que quedé. La gente me encuentra muy bien y quizás no percibe todo lo interno que continúa atravesándose. Tal vez por mi forma de ser, muchas veces siento que todavía no logro ver mi recuperación al cien por ciento como quisiera, especialmente en el lenguaje. Hay momentos en los que las palabras siguen costándome. Recuerdo incluso decirle muchas veces a la editora que, si yo tuviera que hablar al mismo ritmo en que escribía, probablemente no podría hacerlo igual, porque muchas veces debía dejar espacios en blanco hasta encontrar determinadas palabras o terminar de construir ciertas ideas. A veces el concepto está clarísimo en mi mente, pero la palabra exacta no aparece enseguida, especialmente cuando estoy cansada. También hubo enormes logros en todos los aspectos que tuve que atravesar. Hay cosas que cambian para siempre y otras que se van transformando y una aprende a convivir con esa realidad.

¿Por qué decidiste plasmarlo en un libro?

Cuando conecté con esta nueva realidad de mi vida y empecé a trabajar y a vincularme con personas que habían vivido situaciones similares. Sentí la necesidad de transformar esta experiencia en algo que pudiera acompañar a otros. Son muchísimas las personas que atraviesan situaciones similares y muchas veces no cuentan con el sostén emocional, familiar o afectivo que yo tuve. El libro, que en un principio comenzó siendo un testimonio de vida, empezó a transformarse y a rearmarse haciendo un paralelismo entre la educación, la vida, la salud, con esa reconstrucción emocional y la capacidad humana de volver a empezar. No quería escribir solo desde el dolor, porque todos atravesamos situaciones dolorosas, sino darle lugar a esa posibilidad de abrazar la vida cuando toca rearmarla como piezas de un puzle. Aunque no quedemos al cien por ciento, quedemos como podamos, pero viviendo y aprendiendo a valorar la vida. «Renacer después de un ACV» habla de eso: de las heridas, sí, pero también de la esperanza, de la resiliencia y de la posibilidad de volver a encontrarse con una mismo. Elegí presentarlo en Mariscala porque es mi lugar, mi gente, donde lo viví y, si bien pasé gran parte del proceso de recuperación en Minas, elegí volver. Después, seguramente, también lo voy a presentar en Minas y en todos los lugares en los que nos abran las puertas para concientizar y ayudar. El libro recorre distintas etapas del proceso. Comienza desde el impacto inicial, el antes de la caída y el después, la internación en el CTI y toda la vulnerabilidad de atravesar una situación así donde, de un momento a otro, una queda completamente expuesta física y emocionalmente. Continúa con la etapa en sala, la rehabilitación y el proceso junto a neuróloga, fonoaudiólogo, fisioterapeutas, psicóloga y otros profesionales. Si bien hay partes muy personales, era imposible no darle un lugar muy importante en el libro a la educación, porque forma parte de mi identidad y de mi manera de entender la vida. Aparece el Jardín 115 y todo el equipo con el que seguimos en contacto. Aparece algo que para mí es muy significativo: el valor de la educación conectada con lo emocional, lo social y la salud. Lo que vivió Lautaro con aquel taller de RCP en el liceo fue un ejemplo muy claro de eso. Muestra cómo determinados aprendizajes pueden trascender el aula y convertirse en herramientas para la vida. Creo profundamente en esa educación que no solo transmite contenidos, sino que también forma personas más conscientes, más humanas y más preparadas para acompañarse unas a otras. También aparece esa parte transformadora que llegó a través de Malhuia, que busca acompañar y ayudar desde otro lugar, más vinculado a lo emocional, a lo humano y a la necesidad de encontrar sentido incluso en medio de las experiencias más difíciles. «Renacer después de un ACV» intenta dejar ese mensaje: la importancia de integrar la salud, la educación, las emociones, la espiritualidad y la humanidad.

¿Qué mensajes te gustaría transmitir a personas que transitan por situaciones similares?

Les diría algo que muchas personas me escuchan repetir día a día: que todo sucede por algo y que, aun en medio de los procesos más difíciles, siempre existe la posibilidad de un gran cambio o transformación. Nunca debemos perder la esperanza, aunque haya días muy difíciles. La recuperación no siempre sucede como quisiéramos. A veces es lenta. A veces creemos que ya estamos en la cima, que hemos superado todo, y vuelven a aparecer miedos, caídas o nuevos desafíos. También hay momentos de mucha vulnerabilidad emocional. Pero creo que ser fuertes no significa no quebrarse nunca, sino permitirnos sentir, pedir ayuda y dejarnos acompañar sin exigirnos volver a ser exactamente quienes éramos antes. Porque muchas veces el verdadero renacer no consiste en recuperar la vida anterior, sino en descubrir nuevas formas de vivir, de relacionarnos con nosotros mismos, con las personas, con los tiempos y con lo que nos plantea la vida misma. Y aunque muchas veces todo eso ocurra en medio del dolor -porque todos atravesamos distintos dolores y procesos en algún momento-, creo profundamente que incluso ahí puede aparecer una fuerza y una luz que una ni siquiera sabía que tenía. Luz que también intenta transmitir Malhuia con sus velitas de miel y con esa búsqueda de acompañar desde un lugar más humano y consciente. Todos tenemos dentro esa capacidad de reconstruirnos y podemos volver a nacer muchas veces a lo largo de nuestra vida.

¿Cuándo se realizará la presentación del libro?

Será en el Auditorio, el sábado 13 de junio, a las 16:00 horas. Para mí tiene un valor especial compartir este camino justamente allí, en ese pueblo solidario que es Mariscala, donde he recibido muchísimo cariño y mucha calidez a lo largo de todo este proceso. Desde el momento en que planteé la idea al alcalde Francisco «Pancho» de la Peña, la respuesta fue muy cálida y muy humana, algo que agradezco profundamente. Siempre sentí desde mi rol de educadora un fuerte apoyo de las instituciones locales, antes desde la Junta Local y ahora desde el Municipio. Es algo que debemos valorar, agradecer y legitimar siempre, antes y ahora, porque son espacios fundamentales para la vida cultural y social de nuestros pueblos. Además, el Auditorio quedó realmente hermoso. Lo que antes era un depósito, hoy es un lugar renovado, pensado para el encuentro, la cultura y el disfrute de toda la comunidad. Lo vi como algo muy simbólico, con la idea misma de reconstrucción y de renacer, así como lo es también la Casa de Cultura, con ese Castillo totalmente renovado, pero donde las habitaciones son más reducidas y la gente quedaría mucho más ajustada. Todo este proceso estuvo acompañado por mi editora, Malia Ferrer, directora de «Libros que aman la vida», una editorial con una hermosa connotación ecológica y humana que me acompañó con muchísima empatía durante toda la escritura del libro. Me sostuvo, me escuchó y me ayudó a caminar por este proceso que fue mucho más profundo y movilizador de lo que imaginé. Porque una comienza escribiendo desde un lugar muy espontáneo y después aparece toda una arquitectura interna del libro que hay que construir y reconstruir. Mi familia comenzó a leerlo y muchas de las cosas que yo no recordaba las reconstruyeron ellos.

¿De qué forma será comercializado el libro?

El pasado lunes salió la preventa del libro con un 10% de descuento hasta el día anterior a la presentación (contacto: celular 099994307 o a través de @malhuia_paz). También se realizará la venta durante la presentación, por supuesto, en la editorial y después en librerías. Quiero agradecer profundamente a todas las personas que desde el primer día realizaron su reserva, porque para mí eso tiene un valor enorme. Este sueño se hizo realidad y eso también fue posible gracias al acompañamiento de muchísimas personas, especialmente de mi familia. Al principio, ellos no estaban tan de acuerdo con que escribiera sobre todo esto, no por la escritura en sí -saben cuánto me gusta escribir-, sino por todo lo emocional que implicaba volver a reconstruir situaciones internas. La escritura removió muchísimo. También aparecen los miedos de exponerse, de compartir algo tan íntimo, en redes o en distintos espacios. El propósito del libro siempre fue llegar no solo a personas que hayan atravesado un ACV, sino también a familias en cualquier circunstancia vivida, profesionales de la salud, educadores y personas que hayan vivido esas fuertes sacudidas. Más allá de la experiencia puntual del ACV, el libro habla de procesos humanos: de transformación, vulnerabilidad, reconstrucción y de la capacidad de volver a levantarnos. Quiero agradecer profundamente a mi ahijada, Melania Umpiérrez, que diseñó una portada hermosísima. Buscó desde los colores que le pedí, investigó palabras del prefacio que le envié e hizo una obra de arte que la editorial hizo que fuera posible, cosa que agradezco porque generalmente ellos diseñan las portadas y en dos o tres casos solamente han aceptado a alguien externo. Este fue uno de ellos, después de visualizar, junto a la editora, todo el proceso de realización. No quisiera olvidar el profundo agradecimiento a mi amiga desde la infancia, la doctora Gabriela Isasti y a la magister psicóloga Yliana Zeballos, quienes prologaron esta obra con tanto respeto y amor. Más allá de contar mi historia, siento que este libro busca abrir conversaciones necesarias, sobre la fragilidad humana, la salud, los vínculos, la importancia de acompañar desde el lugar que cada una pueda y también sobre la posibilidad de volver a empezar. Con el tiempo entendí que enfrentar la vulnerabilidad, cosa que me costó bastante y que aún me cuesta, también era parte de la recuperación. Quizás por eso siento que este libro es tan honesto: no habla solo de superación; también de fragilidad, de paciencia y del enorme trabajo interno que implica volver a encontrarse con una misma. Los invito a seguir este proceso paso a paso en mis redes @malhuia_paz y también en @stella.garcia.988 y que estén atentos el día de la presentación. Será transmitida en vivo por Instagram, Facebook y en el canal de YouTube. ¡Un abrazo enorme con aroma a Renacer, es posible!