En una hermosa mañana, ayer domingo se llevó a cabo en plaza Libertad un acto patriótico en el que se conmemoró el 201º aniversario del Desembarco de los Treinta y Tres Orientales. Estuvieron presentes autoridades departamentales, militares y policiales, diversas instituciones y un buen marco de público.

La oratoria estuvo a cargo de Mauro Álvarez, presidente de la Junta Departamental de Lavalleja, quien, en su exposición, entre otras cosas dijo que “aquel 19 de abril de 1825 no fue solamente una acción militar. Fue, sobre todo, una decisión política. Un acto de rebeldía frente a la resignación. Un grupo pequeño de hombres, los Treinta y Tres Orientales, encabezados por Juan Antonio Lavalleja, que entendieron algo que sigue siendo profundamente actual en nuestras comunidades de un lado y del otro del Río de la Plata que es que los pueblos no se liberan esperando, sino organizándose. No eran muchos. No tenían todas las garantías. No contaban con certezas de éxito. Pero tenían algo más poderoso nada mas y nada menos que una causa colectiva”.

Continuó indicando que “es ahí donde esta historia deja de ser pasado y se convierte en presente. Porque hoy, en el Uruguay del siglo XXI, ante las situaciones regionales y mundiales los desafíos son otros, pero la esencia es la misma. No se trata de dominación extranjera en nuestro Uruguay, pero sí de enfrentar desigualdades, de construir oportunidades, de no resignarnos a que haya compatriotas que queden al costado del camino”.

LA CRUZADA LIBERTADORA QUE NOS INTERPELA

Álvarez mencionó que “aquella cruzada libertadora nos interpela. Nos pregunta, sin decirlo: ¿Dónde están hoy nuestros compromisos? ¿Dónde está nuestra decisión de cambiar lo que no está bien? Desde nuestro departamento de Lavalleja, esta fecha tiene una resonancia especial. No solo por el nombre que llevamos, en honor a Juan Antonio Lavalleja, sino porque somos tierra de esfuerzo, de identidad fuerte, de comunidad. Pero también somos un departamento que enfrenta desafíos como el empleo, las oportunidades para nuestros jóvenes, la necesidad de desarrollo equilibrado entre lo urbano y lo rural, el acceso a servicios, la integración social, la búsqueda de acuerdos con el que no piensa igual, y el sintetizar las diferencias para acordar políticas duraderas donde los más infelices sean los más privilegiados. Y entonces, recordar el Desembarco no puede ser un acto vacío ni meramente protocolar. Tiene que ser un llamado. Un llamado a la responsabilidad política. Un llamado a la construcción colectiva. Un llamado a no naturalizar los problemas. Porque así como en 1825 hubo quienes se animaron a dar ese emblemático paso, hoy nos toca a nosotros estar a la altura de nuestra historia. Escribirla con sacrificio, con insistencia, con diálogo social, y con amor por nuestra Patria. Como presidente de la Junta Departamental, quiero decir algo con convicción y es que la política no puede ser espectadora. Tiene que ser herramienta. Tiene que estar al servicio de la gente, de sus problemas reales, de sus esperanzas. No alcanza con conmemorar. Hay que comprometerse. Comprometerse con un Lavalleja que crezca. Comprometerse con un Uruguay más justo, más solidario, más equitativo. Comprometerse con la idea de que nadie es descartable, e incluso que las ideas jamás pueden ser usadas en beneficio propio, sino del colectivo. Los Treinta y Tres no eran héroes de bronce. Eran hombres de carne y hueso, con dudas, con miedos, pero con una convicción que los hizo trascender, LIBERTAD O MUERTE. Tal vez ese sea el mensaje más potente que nos dejan: que la historia no la hacen los perfectos, la hacen los que se animan a caminar ese camino de LIBERTAD. Hoy, casi dos siglos después, esa responsabilidad sigue vigente. Honrar el Desembarco es, en definitiva, no bajar los brazos. Es creer que se puede. Es trabajar todos los días para que la libertad no sea solo una palabra, sino una realidad concreta en la vida de nuestra gente”.