Ayer Primera Página tuvo que retirar noticias de su sitio de internet, primerapagina.com.uy, y de nuestras redes sociales. Algo que no habíamos hecho nunca y que debimos hacer por pedido de los involucrados.
Se trataba de noticias sobre dos trabajadores, dos choferes de ómnibus, que están viviendo una muy difícil situación en Chile. Estos dos trabajadores viajaron a Chile hace más o menos un mes llevando hinchas de Nacional que fueron a alentar a su equipo a ese país, por la Copa Libertadores.
En un control de rutina, efectivos de Carabineros de Chile encontraron drogas y un arma en la cabina de los choferes y todos (hinchas y choferes) quedaron detenidos.
Los hinchas fueron liberados poco después. Quizá el club se interesó por ellos, no lo sabemos. Los choferes aún están en Chile, esperando por la determinación de la justicia trasandina. Luego de haber permanecido un tiempo detenidos están ahora en un hotel. Los gastos -hotel, abogado, etc.- pueden afrontarlos en buena parte gracias al apoyo del propietario de la empresa de omnibuses para la que trabajan.
Primera Página se interesó por su caso, se comunicó con ellos en Chile y publicamos un par de notas sobre el tema. Para informar a nuestros lectores, claro, y también para promover un sentimiento de solidaridad hacia los choferes que, según dijeron ellos mismos a Primera Página, “se comieron un garrón”.
Aunque no pueda comprobarse (¿o quizá sí?) es más que probable que en alguna escala del viaje, en algún parador, los choferes bajaron dejando abierta su cabina, y alguno de los pasajeros pensó que guardar un arma y drogas en ella sería una excelente idea, para evitar caer preso en caso de una revisación policial. Que es exactamente lo que ocurrió.
No es que todos los hinchas sean perversos y todos los choferes sean ángeles de la guarda. No, se trata de pura lógica. Desde hace décadas las hinchadas de fútbol y especialmente las hinchadas de Nacional y Peñarol han estado vinculadas a la violencia y al consumo y al tráfico de drogas. Desde hace décadas abundan las noticias sobre este tema. ¿A santo de qué un chofer va a llevar en la cabina un arma y drogas? ¿Va a arriesgar su trabajo y su libertad por eso? Muy difícilmente. A la hora de especular es mucho más probable que ambas cosas hayan sido escondidas en la cabina por otros.
Pero no importa. Tanto hinchas como choferes son inocentes, hasta que se demuestre lo contrario.
El problema es que la publicación de noticias por parte de Primera Página en nuestro sitio de internet y especialmente en nuestras redes sociales, provocó una verdadera avalancha de odio hacia los choferes, responsabilizándolos por lo que pasó y agregándole otros hechos (inventados, imaginarios) que supusieron problemas incluso familiares para ellos.
No es nuevo el fenómeno. El odio en internet y sobre todo en redes sociales es cada vez más usual, cada vez más intenso, cada vez más dañino. Y hacemos muy poco por evitarlo. Personalmente podemos engrosar nuestro cuero, nuestra piel, y tratar de que no nos afecte. Podemos no mirar las redes sociales. Pero nuestras familias quizá seguirán haciéndolo, y sufriendo por una sarta de mentiras que algún infradotado con demasiado tiempo libre escupe en internet desde un impune teclado mientras toma una cerveza o un refresco. Odiar, acusar, ensuciar por internet es gratis o parece serlo. Lamentablemente.
Quizá sea hora de que adoptemos la misma táctica que adoptó hace un par de años Florencia Astori. Esta sufrió por años una campaña de desprestigio, de odio y acoso, por parte de ciertas personas, muchas (¿quizá incluyendo a algún legislador?), que la acusaban de haber recibido nombramientos, cargos y dinero por influencia de su padre Danilo Astori, uno de los máximos dirigentes del Frente Amplio (FA) en las últimas décadas. Florencia, harta de acusaciones falsas y de odio, contrató a un abogado amigo y comenzó a denunciar ante la Justicia a cada una de las personas que la acusó falsamente. Fueron cientos de denuncias a lo largo de un par de años. ¿El resultado? Ahora nadie la acusa, de nada en absoluto. Saben a que se enfrentan, a quien se enfrentan.
Al odio en internet podemos ignorarlo o podemos combatirlo. Pero qué bueno que estaría poder hacer responsables a sus autores.