La construcción fue ideada por César Batlle Pacheco, hijo del expresidente José Batlle y Ordóñez. Las obras comenzaron promediando la década del ’30 del siglo pasado e insumieron prácticamente una década de trabajo. Al lugar se lo conoce bajo tres denominaciones que coexisten: Castillo de Batlle, la Peña Blanca o el chalet de los Batlle. Ubicado sobre el km 43 de ruta 60, en Lavalleja, se accede a él luego de recorrer unos 4km de un camino sinuoso.
CÉSAR BATLLE PACHECO
Manuel César Batlle Pacheco, hijo mayor de José Batlle y Ordóñez, fue considerado como uno de los dirigentes colorados más influyentes en el período de consolidación y crisis del colegiado. Nació en Montevideo el 30 de agosto de 1885. Hijo de José Batlle y Ordóñez y Matilde Pacheco, fue hermano de Rafael y Lorenzo Batlle Pacheco, y primo de Luis Batlle Berres. Fue periodista, director de diario El Día y líder de la Lista 14 del Partido Colorado.
A lo largo de su carrera, ocupó cargos en la Junta Económico-Administrativa (1914), el Concejo de Administración Departamental (1920, presidente en 1931-32), fue diputado en 1951, consejero de gobierno entre 1959 y 1963, y senador en 1963-64. También tuvo una importante trayectoria como dirigente deportivo, siendo presidente de Peñarol (1919) y de la AUF (1931; 1943-52), período en el que la casaca celeste obtuvo el Mundial de 1950 en Brasil.
Durante su participación en el Consejo Nacional de Gobierno (1959-1963), representando a la minoría colorada, César Batlle Pacheco asumió posturas firmes frente al comunismo y la Revolución Cubana. En 1961 se opuso a las instrucciones aprobadas en el marco de la OEA (Organización de Estados Americanos) sobre las acusaciones contra Cuba, quedando como el único voto contrario. Ese año denunció amenazas de atentado provenientes de agentes ligados al gobierno de Fidel Castro. Su línea política lo situó como una de las voces más críticas del proceso revolucionario cubano dentro del espectro colorado.
EL LUGAR ELEGIDO
Cuenta la historia que César Batlle Pacheco arribó a la zona donde hoy está ubicado el castillo en una recorrida a caballo y que en forma inmediata sintió, admirando las vistas del lugar hacia la Sierra de las Ánimas, las Sierras del Abra de Zabaleta y las Sierras de nuestra ciudad y por las características del terreno, que ese era el lugar ideal para realizar la construcción que tanto anhelaba. Todo comenzó como un sueño y piedra sobre piedra, con un poco de cal en medio, logró alcanzarlo.
La construcción comenzó en el año 1936 y, de acuerdo a fuentes consultadas por Primera Página Dominical, fue posible tras haber ganado la lotería de fin de año, dinero con el cual financió la obra.
LA CONSTRUCCIÓN
Las obras demandaron una década de trabajo, en medio de un campo de unas 1000 hectáreas. César Batlle Pacheco compró el campo con apenas una casa pequeña construida, habitada por los trabajadores del lugar. La reformó para poder usarla él y acondicionó varios cuartos más pequeños para el personal.
Uno de sus medios hermanos lo convenció de que construyera un chalet, una casa más señorial. Se comenzaron a hacer los cimientos, pero con el golpe de Estado de Terra, todo quedó en suspenso.
El proyecto y diseño perteneció a los arquitectos Alejandro Michaelsson (hijo de Matilde Pacheco y Ruperto Michaelsson) e Italo Vizcaychipi, quienes también dirigieron la obra.
La construcción, que se asemeja a la de los castillos de la Toscana italiana, se realizó con piedra extraída de la propia zona y se destaca por su diseño modular, con cuerpos de distintas alturas que se integran en el paisaje serrano.
Las obras fueron retomadas en la década del ‘40 y fueron concluidas en el año 1948, por cuanto se registraron interrupciones en el avance de obras.
La historia recoge una singular anécdota: un día llegaron los arquitectos y los pedreros estaban en huelga de brazos caídos. Habían puesto sus herramientas a lo largo del camino y así los encontraron, tomando mate. Finalmente llegó César Batlle Pacheco, habló con ellos, no se supo cómo los convenció, pero el trabajo fue retomado.
La piedra para la construcción se barrenó del roquedal lateral a la casa y de otras canteras ubicadas en la zona. La madera se trajo de fuera, pero, en general, todo el trabajo se efectuó en el mismo predio, en especial el corte de la piedra y la parte de herrería.
El nombre que se le dio inicialmente a la casona fue La Peña Blanca y llegó a ser un sitio pionero del ecoturismo rural uruguayo. El nombre de Castillo de Batlle surgió de los propios visitantes, pero fue hecho oficial a instancias del doctor Jorge Batlle, quien insistió para que ello aconteciera.
El interior del castillo presenta detalles singulares como una doble pared con cámara de aire para aislamiento térmico y un cuarto secreto que permitía observar el salón principal sin ser visto. Las fuentes consultadas aseguran que, aunque gran parte del mobiliario original se perdió tras años de abandono después de la muerte de su dueño, el lugar conserva la esencia de la historia familiar y política, todo lo cual lo convierte en patrimonio cultural de relevancia.
Relatos aseguran que en el interior hay un misterio, con pasadizos secretos y lugares laberínticos.
Lo cierto y confirmado es que puede disfrutarse de un fantástico castillo, desde su acceso a sus torres, con un mirador al estilo de los antiguos castillos.
En definitiva, el castillo posee una arquitectura única y majestuosa en un entorno natural privilegiado, vistas panorámicas espectaculares de las sierras de Lavalleja, junto a un profundo valor histórico y cultural ligado a la familia Batlle.
Manuel Batlle Pacheco murió antes de finalizada la construcción del castillo.