El exilio y el desexilio. La vida entre Uruguay y México. Las charlas sin tiempo, la bohemia, la observación minuciosa que luego plasmaría en su literatura. El minuano Amílcar Leis Márquez, nos contó María Clara, una de sus hijas, vivió una vida intensa, pendiente de la realidad social de su tiempo y preocupado por ella. A días de su desaparición física, lo recordamos en la edición dominical de Primera Página.

“La Embajada de Uruguay en México lamenta comunicar el sensible fallecimiento de Amílcar ‘Tito’ Leis Márquez, destacado escritor y periodista uruguayo residente en México y ganador del Premio Juan Rulfo en 1983 por su novela Las ventanas del silencio. Extendemos nuestras sinceras condolencias a su familia y allegados, de manera especial a sus hijos María Clara y Federico”, publicó la sede diplomática en sus redes sociales el 6 de agosto. Fue la vía por la cual muchos minuanos -entre los cuales nos incluimos-, nos enteramos de su deceso.

Para recordarlo, Primera Página Dominical se contactó con una de sus hijas, María Clara, quien con generosidad respondió a nuestra requisitoria periodística.

Amílcar Leis Márquez nació en Minas el 30 de agosto de 1956 (en pocos días hubiera cumplido 70 años), integrante de una familia de mucho arraigo en la ciudad y constituida por diez hermanos. “Él siempre se presentaba como el sexto”, contó su hija, María Clara Leis.

EL PADRE

Desde ese rol, la entrevistada afirmó que “fue un padre particular”, con “sus claroscuros y con sus intermitencias”, ya que el destino determinó que “tuviéramos una vida entre México y Uruguay”, lo cual, evidentemente, “marcó algunas distancias”, junto al hecho de “perdernos de compartir muchas cosas”. Como contrapartida, esa situación “marcó la creatividad para seguir con el vínculo” a través del “recurso de alguna carta que viajaba, después los correos electrónicos y luego las llamadas, en épocas de Skype, y de algunos viajes porque, o venía mi padre o yo iba a visitarlo”.

EXILIO A LA MEXICANA

Amílcar Leis Márquez se radicó en México en 1976. En aquel país ya residían dos de sus hermanas, Magdalena y Teresita. “Vivió con ellas. Allí también conoció a mi madre, Graciela”, continuó la entrevistada.

La dictadura instalada en Uruguay fue determinante para que decidiera abandonar el país e instalarse en México, más allá de que “mi padre no estuviera involucrado estrictamente en cuestiones político-partidarias, pero la tristeza de un país bajo el mando de los militares, que se había empobrecido culturalmente y en el cual no tenía posibilidades de trabajar ni de seguir estudiando fue determinante para que tomara esa decisión”.

La familia se instaló en Polanco, “un barrio muy lindo del DF (Distrito Federal) de Ciudad de México, donde compartió la vida con el mundo de los exiliados, lo cual permitió que mi padre conociera a mucha gente que transitaba por situaciones similares”.

México fue un gran anfitrión para las familias que en aquellos años debían exiliarse por cuestiones políticas, característica que María Clara valora profundamente al declarar que “históricamente ha sido un país muy solidario, ya desde la Guerra Civil con los españoles primero, y después con las dictaduras latinoamericanas en la segunda oleada de exiliados. Desde siempre tuvieron una política de asilo muy fuerte”. Allí nacieron nuestra entrevistada y su hermano.

LA LITERATURA

Diferentes crónicas consultadas indican que Amílcar Leis Márquez estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En cuanto a su estilo literario, se menciona que combinaba sus memorias de Uruguay con los sonidos y vivencias cotidianas de las calles mexicanas.

Agregan que obtuvo el Premio Nacional Juan Rulfo para Primera Novela en 1983 por su obra Las ventanas del silencio, novela que utilizó las ventanas como una metáfora de comunicación e introspección frente al silencio de la dictadura, que además ganó el premio del IV Concurso de Cuento de La palabra y el hombre en 1980 por su relato No obstante la noche y que formó parte de la recopilación y entrevistas a creadores exiliados en el texto Ocho escritores uruguayos de la resistencia: entrevistas y textos (2001).

“Mi padre siempre fue el más chico de la barra, siempre andaba con gente más grande que él. Entonces tenía muchos amigos, algunos de los cuales ya estaban escribiendo. Ahora, revisando entre sus papeles, encontré cartas que le mandaba Alfredo Gravina (escritor, hombre de teatro y periodista nacido en Tacuarembó), quien estaba exiliado en Cuba. Era una persona mayor que él y que, de alguna manera, fue un poco un padrino en la escritura de mi padre”, comentó.

Si bien María Clara desconoce cómo surgió el escritor, sí sabe que su padre desde siempre “habitó el mundo de las palabras”, porque “si bien fue un gran conversador, también fue muy curioso, todo lo cual luego derivó en el periodismo. Le gustaba saber qué pensaba la gente y conversar con las personas. Más allá de que no fue un conversador ágil, siempre tenía un tiempo muy especial reservado para la charla”.

Desde su perspectiva, la literatura de su padre “fluía a partir de la belleza de las imágenes, lo que hace que fuera tan linda”, con dosis de humor y de ironía porque “si bien no puedo hacer un análisis literario en detalle de sus textos, sí sé que mi padre siempre estaba pescando el chiste, pescando el humor. Creo que un poco también es el ejercicio de esa cosa de la barra del boliche, del mostrador, del chiste corto pero que entra. Mi abuelo también fue una persona de mucho humor y, en general, el chiste y la risa siempre han estado presentes en mi familia. Mi padre celebraba el humor inteligente, a partir de su risa fácil y contagiosa”.

Como decíamos párrafos arriba, en 1983 recibió, nada más y nada menos, que el Premio Nacional Juan Rulfo para Primera Novela por su obra Las ventanas del silencio. “Sin dudas fue un antes y un después para él porque fue una novela en la cual trabajó muchísimo. Entonces, recibir ese premio a la ópera prima, fue un gran espaldarazo para su trayectoria literaria”.

ENTRE URUGUAY Y MÉXICO

Amílcar Leis Márquez vivió intensamente el retorno de la democracia a Uruguay, lo cual llevó al replanteo de muchas cuestiones. María Clara, nuestra entrevistada, admitió que igualmente “fue una etapa difícil para él” porque “el desexilio es también difícil”, ya que debió “cambiar mucho, todo el entorno socioeconómico, ya que él había hecho muchos vínculos en México, estaba trabajando y hacer una mudanza en barco fue muy complejo”, máxime con una familia constituida y con dos hijos pequeños.

A su vez, en Uruguay “las cosas se fueron dando de un modo complicado para él. Mis padres se separaron y él retornó a México en 1986 porque aquí no encontraba su lugar. Fueron años difíciles”, reconoció.

En México, Amílcar “había dejado muchas cosas. En definitiva, la mitad de su vida la vivió en Uruguay y la otra mitad en México, sintiendo mucha gratitud por aquel país, donde desarrolló vínculos muy lindos”.

Igualmente, cada tanto, se hacía de un tiempo para volver a caminar por estas callecitas que lo vieron nacer porque “él siempre fue un uruguayo en México, un nostálgico, una persona que siempre se sintió un poco exiliada, aun cuando ya no lo era, aunque después surgió el exilio económico, por los 2000, y volvió a México, junto a tantos uruguayos que debieron emigrar por la crisis que vivía el país”.

Retornó a Uruguay recién en 2018. “Añoraba tanto a México como a Uruguay, y disfrutó de las características de cada cultura”, estableció María Clara.

“Le encantaba el fútbol y fue un gran hincha de Nacional, al igual que mi abuelo”, continuó la hija de Amílcar. “Le gustaba jugar con los sobrinos, chivear con ellos, y hace poco vimos juntos la final del Mundial. Con este campeonato estuvo muy contento y entretenido”, compartió.

En México se propuso concretar un proyecto junto a Sebastián Abreu, en la etapa en la cual el futbolista minuano defendió a Cruz Azul. Por diferentes motivos, la idea no cristalizó.

EL ÚLTIMO TIEMPO

“Sus últimos años fueron apagados”, reconoció, al mencionar que su padre, “en esto de ser un tipo de su época, donde la intelectualidad estaba muy pegada a la bohemia, hizo que tuviera una vida que transitó a su riesgo, con excesos que en los últimos años se lo cobraron”. A su vez, sintió profundamente la pérdida de amigos y particularmente el fallecimiento de Bernardo “Coco” Leis Márquez, hermano con el cual tenía un vínculo especial, muy estrecho. “Fue una gran pérdida para mi padre porque además de hermanos eran amigos y confidentes”.

Vivió sus últimos años “muy limitado”, luego de sufrir un accidente en México en 2018, a partir de lo cual “quedó diezmado en su capacidad para caminar y en la agilidad mental, lo que hizo que ya no pudiera seguir escribiendo. Estaba como más lento y luego se sumaron algunas nanas físicas que hicieron que requiriera de más cuidados y que perdiera mucha autonomía, cuestiones que en un espíritu libre como el de él resultaron muy notorias y contrastantes”.

PASIÓN HEREDADA

Todo es muy reciente y el dolor de la pérdida está a flor de piel. Dentro de esas coordenadas, preguntamos a María Clara cómo elige por estos días recordar a su padre. “Es algo en lo que he pensado mucho durante el fin de semana”, respondió, y agregó: “Recuerdo al tipo conversador que fumaba un montón, que siempre tenía un vaso en la mano, a quien le fascinaba la tertulia, una persona que tuvo una vida intensa, un gran caminante”, porque más allá de que “nunca fue bueno para la destreza espacial y que por suerte nunca manejó -lo hizo cuando era muy chico y tuvo un accidente en Minas en una moto a los 12 años- se trasladaba en taxi o caminando. Recuerdo muchas caminatas que compartimos en Montevideo, en la Rambla, y en Ciudad de México donde, más allá de que se quejaba porque sentía que que no era una ciudad para caminar, había encontrado un trillo, un circuito entre Parque México, Reforma e Insurgentes por el cual podía caminar como él quería hacerlo. Siempre me instaba a mirar hacia arriba, la arquitectura, el arte, la gente. Fue un gran observador de la gente de la cual luego salían los personajes de sus textos, una persona preocupada por las cosas que sucedían a su alrededor, por lo social, hasta hace poquito, cuando ya no estaba tan ágil, estaba pendiente de lo que Donald Trump hacía con México, preocupado por el avance de la derecha”.

Consultada sobre las características que heredó de su padre, María Clara hizo mención en primera instancia “al amor por la literatura” y comentó que siendo adolescente “me sumergí tempranamente en algunos escritores un poco buscándolo, diciendo: bueno, acá capaz que encuentro algo más de mi padre, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, todo ese realismo mágico de la literatura. Fue mi padre quien me lo legó”, enfatizó.

Sumó “la belleza por las palabras, por las cosas bien dichas. Eso también es algo que tengo de él” ya que “disfruto mucho de algo que está bien dicho o bien escrito, que tiene belleza en cómo se expresa”, finalizó.