El joven músico minuano participó de un hecho inédito: 200 Guitarras Uruguayas interpretaron clásicos de la música popular en el Cerro de Montevideo, en el marco del Día Internacional de la Música. Una jornada inolvidable. Rodeado de artistas de la talla de Julio Cobelli y bajo la dirección musical de Guzmán Mendaro, interpretó obras como “A Don José”, de Rubén Lena, “La Cumparsita”, de Gerardo Matos Rodríguez y “Candombe para Gardel”, de Rúben Rada.
La conformación del ensamble fue a partir de una convocatoria abierta a personas mayores de 18 años, residentes en Uruguay y con experiencia en la interpretación de guitarra criolla, procurando una integración amplia y representativa en términos territoriales, generacionales y de género. El evento, realizado en el Parque «Débora Céspedes» del Cerro de Montevideo, se planteó como un encuentro nacional en torno a la guitarra criolla, que permitiera celebrar la música uruguaya y poner en valor la riqueza y diversidad de sus expresiones musicales. Tras haber vivido esta singular experiencia, el músico dialogó con Primera Página Dominical.
ENSEÑANZAS RECIBIDAS
Se vinculó a la música a través de sus hermanos mayores, guitarristas, uno de jazz y otro de folclore. Su mamá lo inscribió a la Escuela de Música. «Y bueno, cuando había que elegir, resultó que la guitarra ya era parte de mi vida».
Lícer Acosta, en la Escuela de Música, fue su primer profesor de guitarra. Luego, Ulises Peña en el Conservatorio Municipal. Estudió armonía con Pollo Píriz y posteriormente con Felipe Auchaín. «La música siempre te genera nuevos horizontes. Cada vez que piensas que sabes algo, la realidad te demuestra que es mucho más lo que te queda por aprender», resaltó sobre el aporte que cada docente realizó a la formación de su personalidad y de su perfil musical.
«Lícer daba más preponderancia a lo matemático, hacia lo barroco, lo cuadrado, por decirlo de alguna manera. Ulises es más visceral, más pasional, eso de darle un dedazo, no importa si es tan preciso, pero ponerle el alma a cada interpretación. El Pollo es impresionante, fue para mi una escuela espiritual, como el acto de la alquimia, de cómo hacer música a partir de una anécdota, de una charla, de un olor. ¡Es una locura! Felipe fue muy técnico, muy cuadrado también, pero está bueno ese tipo de enseñanza, de entender la música a partir de la matemática», reseñó acerca de los profesores que compartieron con él sus enseñanzas.
DISCIPLINA Y REFERENTES
En todos los casos, con sus matices, la disciplina y el rigor puestos de manifiesto en cada clase estuvieron siempre muy presentes. Ello hizo que Rodrigo Vigo confirmara en todos los casos la elección que había realizado siendo un niño, cuando optó por la guitarra. «Al comenzar a estudiar, nunca dudé acerca de mi elección, pero entiendo que a mucha gente le pase, que se desinfle esa pasión que en algún momento sintieron». En definitiva, «para mí es una forma de hablar, además de tratarse de una necesidad. Yo hablo a través de la guitarra», enfatizó. La música le permite transmutar sensaciones, porque, a modo de ejemplo, «cuando estás enojado, tomas la guitarra y te expresas gracias a ella. Haces un rock and roll, de repente sientes amor, y de repente sale una zamba, o lo que sea. Es el arte de transmutar el ánimo», afirmó quien, desde siempre, más allá de reconocimientos y de su trayectoria, se ha manejado con un perfil muy bajo, en línea directa con su personalidad.
No recuerda con precisión su primera vez sobre un escenario, pero sí tiene bien presente una acción que el profesor Ulises Peña tuvo para con él. «En una ocasión decidió contratarme como utilero y me dijo: ‘quédate atento a lo que hacen los músicos, a ver si te aprendes las canciones’. Entonces, yo viajaba con el grupo de guitarra municipal y así fui aprendiendo los temas mirando cómo los interpretaban, nada más. Hasta que de repente estaba tocando con ellos. Fue una historia increíble que con el paso del tiempo me di cuenta de que no fue algo casual, que Ulises lo hizo con la clara intención de incorporarme al grupo en forma progresiva».
Entre sus referentes en este mundo de seis cuerdas, nombró el histórico grupo de las guitarras de Alfredo Zitarrosa y, dentro de la música clásica, al compositor y guitarrista español Francisco Tárrega y al paraguayo Agustín Pío Barrios «Mangoré».
EN CASA ENCANTADA
Un ciclo importante dentro de la trayectoria de Rodrigo Vigo se ha desarrollado en el Centro Cultural La Casa Encantada, recordando, agradecido, la invitación que en su momento le formulara el recordado Daniel Fernández. «Ha sido una escuela para mí. Hasta ese momento nunca había pensado en que pudiera dictar clases de guitarra. Daniel me llamó y me dijo: ‘mirá, necesito que alguien dé clases de guitarra. Me dijeron que sos muy bueno. ¿Te animas?’. No pude decirle que no. Aparte, era un genio. Me empezó a hablar de piezas de guitarra y de composiciones, y me preguntó qué me parecía la técnica de Abel Carlevaro… Era impresionante».
Al principio, Rodrigo compartió la tarea docente en Casa Encantada con Fabián Calvo, «un gran guitarrista, hasta que él siguió por otro camino, siempre dentro de la música. Comenzamos con cinco personas y hoy en día son cerca de 30. Ha dado sus frutos, recompensas que van mucho más allá de lo estrictamente económico, que son más bien espirituales, del alma, porque se ha conformado un grupo humano muy lindo, donde todos tiramos para el mismo lado, para el lado del arte, algo que es tan importante para nuestra sociedad», definió.
Desde su rol docente, se reconoce como «una de esas personas que piensa que hay que beber de distintas fuentes para sacar lo positivo o lo que en uno resuena de cada una de ellas. Intuyo eso, que he sacado lo que a mí me parece que está bien de cada docente y que he conformado mi propia forma de ver las cosas, a veces con ejemplos y otras con contraejemplos, porque todo forma parte de la enseñanza que se transmite», además de tener el criterio adecuado, porque «en realidad es la oreja, porque si bien es verdad que la matemática está presente, es la oreja la que te dice si está bien o está mal lo que estás haciendo».
«Toco guitarra clásica como solista, pero hace tiempo no me presento, pero estaría bueno hacerlo», comentó acerca de su presente artístico, y agregó que forma parte del grupo Aruera, integrado por músicos minuanos, el cual combina folclore y rock.
«Aún somos muy under, no somos muy conocidos, pero la música que hacemos tiene identidad, es diferente, aunque sabemos que a veces es difícil que este tipo de música tenga llegada en la gente porque, lamentablemente, en esta cultura en la que vivimos se les da mucha propaganda a propuestas seguramente más comerciales que la nuestra. De pronto, algo suena que está un poco por fuera de lo que se supone que es ‘normal’ y ya no gusta, pero este proyecto es auténtico y sano», explicó.
200 GUITARRAS URUGUAYAS
Haber participado del evento «200 Guitarras Uruguayas» significa para Rodrigo Vigo haber sido parte de «una experiencia increíble e inolvidable», de un suceso que «voy a atesorar toda mi vida, al haber tocado con todos esos ‘monstruos’ en un solo cuerpo».
Fue una experiencia inédita hasta ese momento, en la que «todos tiramos para el mismo lado y aquello sonó increíble. Me quemé las pestañas para sacar las guitarras porque hubo muy poco tiempo, pero lo que se sintió, la potencia y la energía de la música valieron la pena. Como que ahí había un ángel, algo que estaba muy por fuera de lo terrenal, algo elevado».
«Estábamos a la par», ya que, si bien «había músicos que estaban ‘salados’, como Julio Cobelli, todos estábamos en la misma. Fue increíble. Siento un orgullo muy grande de haber compartido esta experiencia con otro músico de Minas, Miguel Tejera».
La dirección musical fue de Guzmán Mendaro. Combinar 200 guitarras y hacer los correspondientes ensayos no fue tarea sencilla. «Había cuatro tipos de guitarras con distintos tipos de complejidad y uno enviaba un mail diciendo cuál elegía. Y yo, como soy medio kamikaze, elegí el arreglo más difícil. Era una segunda guitarra. En vez de hacer la línea principal del tema, elegí hacer algo que es una melodía paralela, que no tiene casi nada que ver con el tema original, como muy contraintuitiva. Fue fantástico», afirmó Rodrigo Vigo tras participar de esta inédita experiencia en la conmemoración del Día Internacional de la Música, realizada en Montevideo.