Se nos fue, sólo físicamente, el Negro Ruben Rada. Y pasaron cosas increíbles. Pasó que el mismo miércoles, a medida que los montevideanos fueron enterándose, comenzaron a concentrarse en la calle Isla de Flores, la tradicional calle de las Llamadas en cada carnaval. Nadie convocó a nadie, la gente sólo comenzó a llegar, muchos con tambores. Y se armó una Llamada, con tambores y candombe. Seguramente fue la despedida que Rada más hubiese valorado.

Lo despidieron cientos, miles de artistas de todo el mundo con sentidos mensajes. El gobierno decidió hacer el velatorio en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo y se formaron larguísimas colas en la calle, con miles de personas esperando saludar a su féretro. Allí mismo, y tal como el Negro lo pidió, en un momento la gente se puso a cantar y bailar al ritmo de “Morirme de plena”, una de sus canciones más célebres. Además se definió un día de luto nacional, el jueves. Ante tanta emoción y tanto dolor y tanto homenaje, en redes sociales hubo claramente dos tendencias. Una, muy muy mayoritaria, de homenaje y recuerdo emocionado y emotivo. Otra, con el estilo “¿pero y éste quién se cree que era?”, o algo así. Parafraseando a los inolvidables Les Luthiers, podemos decir que la muerte de Rada provocó las más variadas reaccciones, desde las más sublimes a las más perversas.

Les dejamos una de cada una. La primera, una publicación de la exfiscal Gabriela Fossati, cada día más parecida a la senadora Graciela Bianchi, cada día buscando más la reacción -de amor, de odio, eso es lo de menos- a sus publicaciones. La segunda, llena de sensibilidad y homenaje amoroso, del músico y escritor Roy Berocay.

Gabriela Fossati:

“Valoro mucho al Rada cantautor. Me da pena su partida cuando tenía una vida muy activa. Pero, ¿alguien cree que sería homenajeado de esta manera si no fuera zurdo? ¿Un día de duelo nacional?”

Roy Berocay:

“Anoche, en la larguísima cola para entrar al Palacio Legislativo, miraba a la gente de todas las generaciones, miles de personas esperando entrar a dar su último adiós al maestro Ruben Rada y pensé que este país todavía puede tener esperanza, que hay suficiente luz aun para seguir combatiendo los avances mundiales de la oscuridad. La muerte a veces cae así, como un misil teledirigido, y golpea donde más duele, llevándose un pedazo del alma de un país. Pero ver a los niños de las escuelas entrar cantando sus canciones, el homenaje en los ómnibus, la calle, los tambores en todas partes, reconforta y da fuerzas. A veces la muerte cae así y hace aflorar una honda tristeza pero apela a sacar lo mejor de nosotros. Claro que también hace aparecer a una minoría de seres envidiosos, ignorantes y con almas agujereadas por su miserias personales que, reptando desde el barro de sus pantanos morales, intenta en vano romper los focos que nos muestran el camino”.