“Trabajo todos los días del año, 16 horas por día. Los feriados no existen para mí. La educación que recibí desde que fui adoptado fue en base al respeto y al trabajo. Y agrego una tercera: si puedo echarle una mano a alguien, lo hago, y si no puedo, doy un paso al costado. No sé hacer otra cosa en la vida”, dijo, a modo de presentación, Jorge Pedro López Pereira, nacido el 2 de agosto de 1970, en La Curva de Maroñas, Montevideo, “según me contaron, en un patrullero, porque en forma inmediata mi mamá se ausentó y fui adoptado a las dos horas de haber nacido”.
NADA FÁCIL
Desde el primer momento, su vida no fue fácil y así transcurrió la infancia, etapa que, para bien o para mal, en todos deja sus huellas. «Fue un período complejo, más allá de que me tocaron padres muy especiales, quienes tal vez no eran tan amorosos, pero sí personas muy trabajadoras y respetuosas». Pasaron los años y Jorge sentía cada vez más intensamente la necesidad de conocer a su familia biológica. Decidió buscarla a los 45 años y, pasado el tiempo, llegó a la conclusión de que «fue una de las peores decisiones de mi vida. Mis padres biológicos habían fallecido y sus hijos -mis siete hermanos- tuvieron suertes muy diferentes a la mía: no llegaron a buenos hogares y terminaron en lugares de delincuencia, mal constituidos, que llevan a una cantidad de problemas y de falta de oportunidades en la vida». Igualmente, entendió que debía cerrar ese capítulo, que era su derecho hacerlo, más allá de que el panorama con el que se encontró no hubiese sido el esperado.
ESCALA EN MINAS
«Nunca me faltó nada», afirmó nuestro entrevistado, más allá de que el trabajo se impuso sobre el estudio. «Solamente pude ir a la escuela. Los fines de semana salía a trabajar y luego me involucré con la Iglesia Evangélica, estudié el ministerio, hice seminario catorce años, viajé por varios países y así me hice un poquito más instruido».
A través de la religión llegó a Minas. «Fue durante mi anterior matrimonio. Tenía unos 27 años y me instalé aquí para iniciar un ministerio evangélico. Me divorcié y el ministerio evangélico finalizó -para hacerlo en forma correcta, el pastor no puede ser divorciado- y comencé a transitar otros caminos», relató.
EMPRENDEDOR
Entre otros cambios, a partir de ese momento se propuso dejar de ser empleado y estar al frente de sus propios emprendimientos. «Quise ser mi propio patrón, mi propio jefe, con los riesgos que ello conlleva, pero quería progresar, más allá que del nuevo lado del mostrador eres el último en cobrarte el sueldo, si es que logras hacerlo».
En estos momentos está al frente de cuatro emprendimientos y en diferentes rubros: Parrillada Don Jorgito, Excursiones Económicas, un carrito de comidas en el barrio España y un alojamiento sobre calle Luis Alberto de Herrera.
«Es bastante estresante», admitió, por todo lo que implica la responsabilidad de tener trabajadores a cargo y de asegurarles el sustento mensual en tiempo y forma. «Tenemos la facilidad de brindarles vacaciones a nuestros trabajadores a través de nuestra empresa Excursiones Económicas, para que una o dos veces al año puedan salir con los gastos pagos y vacacionar en Brasil, Argentina, Paraguay o donde sea que hagamos un viaje».
No comparte la opinión de quienes sostienen que la envidia es palpable en Minas porque «hay mucha gente linda aquí», más allá de que sostiene que es una ciudad en la cual «se copia mucho. Si usted se pone a vender tortas fritas, si vende bien, al ratito otra persona se coloca enfrente y dice: ‘yo vendo tortas fritas de dos agujeros, soy mejor que él’», comentó para ejemplificar su afirmación.
Desde su perspectiva, «trato de pensar y de hacer cosas diferentes», porque, afirma, «es en el valor agregado de las cosas donde está la diferencia empresarial», convencido de que en la actualidad la gente «busca calidad y es lo que nosotros ofrecemos en todas nuestras propuestas».
Como emprendedor, «a la fuerza y al empuje lo extraigo de mi fe en Dios, de mi relación con Dios. Creo mucho en Jesús, quien me bendice y me da conocimiento», citó convencido.
Retomando su visión empresarial, Jorge López aprecia que en Minas «muchos negocios aún no se le han ocurrido a nadie» y otros «se repiten y copian todo el tiempo, por lo que debemos tratar de pensar un poco más y no poner todos lo mismo. De lo contrario, nada cambiará y no progresaremos jamás».
LA SOLIDARIDAD
A partir de sus emprendimientos, Jorge se ha caracterizado por cumplir diversas acciones y campañas solidarias, ya sea en forma individual o para diferentes colectivos que así lo necesitaron en su momento. «Yo fui ayudado desde el momento en que nací. ¿Qué hubiera sido de mí si eso no hubiera pasado? Tal vez hubiera tenido el mismo destino que tuvieron los míos, tal vez hoy sería un delincuente», indicó sobre las motivaciones que lo impulsan a estas iniciativas.
Entiende que la solidaridad, entonces, es «parte de mi identidad a partir de lo que me tocó vivir, primero recibiéndola y luego tratando de ser igual con las demás personas». Admite que en esas circunstancias también se ha llevado alguna que otra desilusión, pero que, a pesar de dudas momentáneas, continúa convencido de seguir transitando por el mismo camino. «No siempre se puede ayudar y a veces hay personas que no lo comprenden. Es cuando me pregunto: ¿hago bien en continuar haciendo esto? Hay personas a las que le das una mano porque están sin trabajo, luego lo consiguen, se acomodan un poquito y las veo pasar a comprar una pizza en otros comercios. Y te queda flotando la pregunta de si hiciste bien en ayudar a esa persona, pero eso se te pasa en unos segundos, hasta que te convences de que lo harías de nuevo porque esa es tu esencia».
A veces se siente desbordado por las solicitudes de ayuda que recibe a diario. Al no poder cumplir con todas ellas, esa cuestión ha repercutido en su salud. «Hace unos meses no tenía vida por fuera del trabajo, no podía mirar una película con mis hijos y mucho menos descansar. Me encanta ayudar, pero llega un momento en que se hace imposible poder cumplir con todos, porque si la ayuda que brindas es más de lo que generas, no vas a poder ayudar a nadie».
«Llega un momento en que uno se cansa, comienza a tener problemas familiares, a estresarse, a perder el cabello, a perder la salud, a no poder dormir. Es cuando uno tiene que parar un poquito. Nosotros tenemos un estilo de vida que es un tanto diferente al del resto de las personas: ganamos cierta cantidad de dinero para vivir decorosamente, para que a nuestros hijos no les falte nada, ni vacaciones, ni escolaridad, ni salud, ni ropa, y de ahí en adelante, lo que se gana se utiliza para ayuda social, sin decir a nadie qué es lo que hacemos», comentó.
Aprendió a decir que no. «Cuando eso pasa, hay personas que se enojan, que no te entienden, que te vituperan o que te exhiben delante de la población porque no apoyaste en tal o cual cosa, pero llega un momento que tienes que parar».
Jorge Pedro López Pereira considera que en el mundo «no hay nadie que sea completamente feliz si se pone a pensar en las injusticias y en las desigualdades existentes». Hecha esta puntualización, señala que disfruta de momentos de felicidad al compartir con su familia, por el resultado de sus emprendimientos y por «mi relación con el pueblo, por el cariño que la gente nos brinda, cuando te saludan, cuando te regalan una sonrisa, cuando la gente viene a la parrillada y quiere sacarse una foto con nosotros».
En la actualidad, está abocado a promover y realizar eventos solidarios como el desarrollado hace poco en el teatro Lavalleja.
Otra de las metas que confía cumplir próximamente está relacionada con la situación habitacional de algunas de las personas que trabajan a su lado. «Mi sueño en estos momentos es poder comprarle una casa a cinco de mis empleados que aún no la tienen. No quiero irme de este mundo sin haberles podido comprar una casa o un terreno donde puedan edificar. Es de las pocas cosas que me queda por hacer en la vida. Fueron fieles e incondicionales conmigo, tienen la camiseta puesta, les gusta progresar igual que a mí y quiero retribuirles de esa manera. Después, si me la pueden pagar a precio de alquiler, bárbaro, sin un peso de recargo; y si no pueden pagarla, no pasará absolutamente nada. Esa es mi meta en la vida y apunto a concretarla», expresó para finalizar Jorge López.