Por su iniciativa e impulso, con la contención y el estímulo de su familia y el respaldo de sus docentes, Josefina Garandán Messutti, con 12 años, propuso e impulsó la realización del conversatorio “Inclusión que transforma”. Por experiencia propia y ajena, Josefina sintió frustración y enojo ante miradas discriminatorias y nada empáticas. Como tantas otras veces en su vida, la adversidad fue el combustible para la superación. Ideó esta actividad, lo habló con sus padres y en el Colegio Integral, donde cursa séptimo año, encontró el respaldo necesario para llevarla a cabo. Como sociedad tenemos el deber de que propuestas como estas nos involucren a todos.
El pasado martes, en Casa de la Cultura de Minas, organizado por el Sector Secundaria del Colegio Integral, se desarrolló el conversatorio denominado “Inclusión que transforma”.
“Hablemos, escuchemos y aprendamos juntos”, fueron las premisas de la jornada que se basó en “un espacio para reflexionar sobre la discapacidad, la inclusión y los desafíos que nos invitan a construir una sociedad más justa, empática y accesible para todos”, a partir del aporte de especialistas -profesionales invitados que compartieron su mirada y su experiencia- y con el valioso aporte de testimonios de personas que transitan esta realidad y que a través de sus historias de vida inspiran y generan conciencia, porque “todos podemos hacer la diferencia. Sumemos miradas, construyamos inclusión”.
Josefina (hija de Guillermo Garandán y de Andrea Messutti) tiene 12 años. Es minuana y en la actualidad cursa séptimo año de Secundaria en el Colegio Integral de nuestra ciudad. “Fuera del estudio, me encanta cantar. Es algo que disfruto muchísimo”, contó a Primera Página Dominical.
EL CONVERSATORIO
De acuerdo a información aportada a nuestro medio por parte de un docente de la citada institución educativa, Josefina fue artífice de la realización del conversatorio. Además, nos comentaron, “es una alumna brillante, con un empuje tremendo”.
Ella lo cuenta de la siguiente manera: “La idea (de realizar el conversatorio) surgió porque, sinceramente, me sentía muy frustrada al comprobar una y otra vez que algunas personas siguen mirando con lástima y con subestimación a quienes padecen algún grado de discapacidad, continúan visualizándote como ‘el pobrecito’, algo que nosotros no somos. Sentí que la reiteración de este tipo de situaciones terminaba frustrándome”.
Compartió sus sensaciones con sus padres, quienes, entre otras tantas cuestiones, le hicieron notar que frente a lo que vivía había dos respuestas posibles: mantenerse en la queja o ser proactiva y enfrentar la situación. Claramente, Josefina optó con decisión por la segunda alternativa. “Tras escuchar a mis padres, pensé en la manera en la cual transmitimos todo aquello que nos frustra y que nos enoja para que a los demás no se lo hagan y me di cuenta de que muchas cuestiones pueden empezar a cambiarse a través del diálogo”.
De ese modo lo compartió con docentes y con la dirección del Colegio Integral, más allá de que “sentía a la posibilidad de realizar un conversatorio sobre esta temática como muy lejana”. Fue luego de un viaje educativo donde comprobó in situ que “muchas áreas no son aptas para gente con movilidad reducida o con otro tipo de discapacidades”, lo cual incrementó la frustración que sentía. Fue entonces cuando “le comenté lo que sentía al director del liceo, el profesor Álvaro Barate, y a Anabel, la psicóloga de la institución. Ellos me consultaron sobre qué quería hacer y qué sentía realizar con la información que había recabado, con lo que había presenciado y comprobado y me preguntaron cómo ellos podían tomar cartas en el asunto y actuar sobre la temática. Les respondí lo que sentía, que lo más adecuado era poder hablarlo y compartirlo. De esa manera surgió la idea de realizar el conversatorio”, declaró Josefina.
MIRADAS QUE CONDICIONAN
Observadora de la realidad que la circunda, y a pesar de haberse registrado avances en las últimas décadas, Josefina siente que, entorno a la discapacidad, la mirada del otro continúa influyendo, por diferentes razones que tienen que ver con la desinformación o con la falta de empatía.
“No somos ‘pobrecitos’. Somos capaces de lograr muchas más cosas de las que la gente imagina. Ocurre que, en muchas ocasiones, nos cohibimos a la hora de hacerlas porque algunas personas siguen subestimándonos y eso no está bueno que siga ocurriendo”, evaluó.
Desde su experiencia -y desde sus 12 años de lucha-, refirió que “este sentimiento de frustración y de impotencia es el que muchos padecemos en el día a día”, sensaciones que “muchos no pueden expresar o tardan demasiado en hacerlo porque sienten miedo a que la gente los juzgue o a que los vean de mala manera. En esos casos, lo que se está haciendo es reforzar aquello de ‘pobrecitos’ cuando, en realidad, sentirse mal no es de ‘pobrecitos’, es algo normal que a todos les sucede”, analizó con admirable madurez.
OBJETIVOS
A partir del apoyo de su familia y del Colegio Integral, la realización del conversatorio fue posible. Para Josefina, su impulsora, la actividad buscó cumplir con varios objetivos. “Ante todo, mi propósito es que no nos vean como inútiles, como incapaces, ni como ‘pobrecitos’” y que, en el día a día, esta iniciativa “sirva de algo, porque ha ocurrido que se brindan charlas, muchas charlas, pero al momento de poner lo analizado en práctica, de compartir con alguien que tiene dificultades, continúan tratando a estas personas como si fueran un bebé o, peor aún, como a un inútil”.
Previo a la realización del conversatorio, Josefina dijo a Primera Página Dominical que “quedaría súper contenta si eso pudiera lograrse, si en la cotidianeidad nos trataran como a las demás personas, como corresponde, que en la sociedad se normalice ver a gente en la calle que se moviliza con la ayuda de un bastón, en silla de ruedas, con síndrome de Down, con trastorno del espectro autista, con hipoacusia, personas ciegas o con cualquier tipo de discapacidad”.
Josefina, a partir de su impulso, busca concientizar y generar empatía para que “no sigan viendo como un ‘bicho raro’ a estas personas, a nosotros que tenemos dificultades porque, en realidad, somos personas, iguales a todas”, máxime en tiempos en los cuales “tanto se insiste en la necesidad de la inclusión, pero en la realidad poco o nada se aplica. Quiero que todo lo que sea tratado en el conversatorio luego se vea reflejado en la calle, en cuestiones básicas o sencillas como preguntar: ¿quieres que te ayude? y no bajarlo y subirlo del cordón sin siquiera consultar a la persona. Me encantaría que todo eso se viera traducido en actitudes concretas de la gente. Eso me ayudaría muchísimo y de mi parte quedaría súper contenta, porque mi objetivo con este conversatorio fue aportar mi granito de arena por todos aquellos que de repente no pueden expresar lo que están pasando y cómo se sienten. Yo sí puedo hacerlo y quiero que todos puedan lograrlo”, subrayó.
CONTINUIDAD
Concretada esta actividad, Josefina comprende que es imperioso que la misma forme parte de una serie de iniciativas que confluyan en el mismo sentido, que prioricen los mismos objetivos. De su parte, “me encantaría a futuro continuar aportando sobre esta temática, transmitiendo el mismo mensaje para, de esa manera, llegar a más gente, para que nunca más sientan lástima por nosotros porque somos capaces de un montón de cosas”.
Por ese motivo, le encantaría que esta propuesta nacida en Minas tuviera su correlación a nivel nacional. Con su empuje y su creatividad, Josefina está dispuesta a luchar para que ello se concrete.
En ese sentido afirmó que “es muy importante que a nivel de Educación Primaria se empiece a enseñar Lengua de Señas, que en lugares públicos existan rampas bien colocadas, que haya intérpretes para personas con hipoacusia, que los carteles de la calle incluyan el sistema Braille. Me encantaría que mis palabras y que mis pensamientos pudieran llegar a más gente y que Uruguay se convierta en un país más adaptado para todo tipo de necesidades y de dificultades, porque, al fin y al cabo, todos somos personas y todos tenemos los mismos derechos, aunque sé que hasta el momento no ha sido fácil que eso forme parte de nuestra realidad”.
AGRADECIMIENTOS
Próximos a arribar al final de la charla con Primera Página Dominical, Josefina Garandán Messutti compartió un cálido mensaje de agradecimiento:
“Sé que si estoy acá es porque no llegué sola. Por ello, principalmente quiero agradecer a mis padres y a mi hermana, quienes han estado presentes en cada uno de mis pasos, ya sea por este tema concreto como en miles de otros aspectos, en todo, por acompañarme y por estar siempre a mi lado”.
Hizo extensivo el reconocimiento a sus amigos “por aceptarme tal como soy y por hacerme parte, algo que se supone debería ser normal, pero que en realidad es complicado de encontrar”.
Para finalizar, “quiero darle mil gracias al director del colegio, el profesor Álvaro Barate, porque fue el primero que después de muchos años de insistir con este tema tomó cartas en el asunto y quiso, desde el primer momento, hacer algo para ayudarme. Fue una de las primeras personas que me escuchó, al igual que Anabel por planificar todo esto a través de sus contactos. También a mi fisioterapeuta, Andrea Tellechea, a quien súper quiero y también ha estado muy presente desde que yo soy chiquita, me ha visto avanzar de a poquito y confía mucho en mí, algo que debo agradecer profundamente, y en general a todos quienes hicieron posible el conversatorio, para que esta temática saliera a luz y que esta voz fuera escuchada de una vez por todas”, finalizó.