El pasado jueves, como ocurre desde el 30 de abril de 2016, a iniciativa de la Junta Departamental de Lavalleja (IDL), se colocó una ofrenda floral al pie del monumento que rinde homenaje al trabajador rural, ubicado en el parque Rodó de la ciudad de Minas, obra del escultor José A. Belloni, exdirector de Cultura de la Intendencia Departamental de Lavalleja (IDL), con quien dialogamos. A su vez, compartimos un cálido texto que dedica a su abuelo, José Belloni Garaycoechea.
La Ley Nº19.000, de noviembre de 2012 establece en su artículo 1: «Declárase el 30 de abril de cada año Día del Trabajador Rural como feriado no laborable pago para los trabajadores que desempeñan esa actividad». El artículo 2, por su parte, señala que «el Poder Ejecutivo organizará y promocionará, durante ese día, las actividades y medidas necesarias destinadas a difundir la importancia de la labor del trabajador rural en nuestro país».
Sobre el proceso que permitió erigir el monumento de referencia, Belloni recordó que fue a principios del año 2016 cuando a iniciativa de Alcides Abreu, entonces edil departamental por el Partido Nacional, «se aprobó por unanimidad en la Junta Departamental de Lavalleja la realización de un reconocimiento público al trabajador rural» y que, cumplida la votación en el seno del legislativo departamental, el proyecto fue concretado por la entonces intendenta departamental de Lavalleja, la doctora Adriana Peña, «quien me lo comunicó en mi carácter de director de Cultura» de aquella época.

«Esta feliz iniciativa», continuó José Alberto Belloni, «despertó en mí el interés y el entusiasmo personal, ya que mi primer trabajo fue el de trabajador rural en un campo de propiedad familiar». En aquel momento, «comencé como peón, a las órdenes del capataz del establecimiento» y fue entonces que «conocí el sacrificio de las heladas mañanas en el ordeñe a mano como primera tarea del día» y, acto seguido, «juntar la caballada para el inicio de la jornada».
Poco a poco, «fui aprendiendo las diferentes tareas y oficios camperos», en lo que constituyó para él «un aprendizaje pragmático complementado por la lectura educativa». Por el doble motivo de lo expresado antes y por su oficio de escultor, «fue que me ofrecí en forma honoraria a emprender aquella tarea».
Reconoció el entrevistado que en su imaginación tenía «pretensiones más ambiciosas que las que se concretaron», porque suele pasar que «las ideas de los artistas sean bajadas a lo posible por razones presupuestales que conocía muy bien por formar parte de la administración».
Ante esa circunstancia, resolvió entonces la realización «de una estela conmemorativa con un bajorrelieve que aglutinara oficio, trabajo y progreso», es decir, «una síntesis muy primaria de las múltiples y variadas tareas del trabajador rural», donde «se plasman solo símbolos en un lenguaje llano y amigable como lo son las tareas del campo». Modeló en barro sobre un bastidor el bajorrelieve y diseñó la estela donde sería colocado. Rápidamente, «se descartó el bronce para evitar la depredación». Belloni decidió la realización en hormigón armado. «En la composición se puede observar en primer plano a un trabajador rompiendo la tierra con un arado de mancera tirado por un caballo», porque es ese «el símbolo del primigenio progreso rural sembrado la tierra», a la izquierda «la vid y las parvas de maíz como fruto del esfuerzo físico y de la ambición de progreso» y a la derecha «una representación de la elaboración de la leche transformada en quesos que se orean al fresco».
A través de este «sencillo homenaje», el escultor pretendió «reconocer a todos y cada uno de los trabajadores rurales, cumpliendo con el encargo del Ejecutivo Departamental».
Cabe señalar que fue en el taller de escultura ubicado en ese entonces en el Molino Ladós, donde la escultora Yanet Chango realizó los moldes del bajorrelieve que posteriormente fueron llenados en hormigón con la colaboración de los alumnos de escultura y del propio edil solicitante.
Finalmente, se amuró con la colaboración de la Dirección de Arquitectura de la IDL el bajorrelieve y la placa conmemorativa a la estela, quedando finalizada la obra, inaugurada con la presencia de autoridades nacionales y departamentales el 30 de abril de 2016.
«Ese día de abril agradecí con emoción a la providencia que me brindaba la oportunidad de contribuir con la comunidad, en un homenaje a los abnegados trabajadores rurales de los cuales fui parte en una etapa muy especial de mi vida. Mi agradecimiento a todos los que hicieron posible que esta obra se concretara», expresó el escultor José Alberto Belloni en diálogo con Primera Página Dominical.
AL ABUELO CON CARIÑO
El artículo dedicado al monumento al trabajador rural nos permitió conocer un cálido texto que nuestro entrevistado dedicara a su abuelo, José Belloni Garaycoechea:
“Tuve la fortuna de dar mis primeros pasos en el taller de mi abuelo, ya que las casas de mis padres y de mis abuelos estaban unidas por el taller de escultura. Allí la magia de la creación me atrapó para siempre. Es un honor y un gusto poder introducirlos dentro de la vida de este gran uruguayo, nacido en el Paso del Molino, un ser excepcional desde el punto de vista humano, y desde el artístico uno de los más grandes escultores que dieron estas tierras americanas”, comienza el texto, recordando que su abuelo ”se trasladó a los 8 años a Lugano, Suiza, acompañando a su padre de retorno a su país de origen, permaneciendo su madre y sus hermanas aquí, en el Uruguay. En Suiza se formó como artista y como hombre. Se recibió de profesor de dibujo profesional y ejerció el cargo en Morcote. Obtuvo el título de escultor en el Salón Nacional de Lausanne, a los 22 años, con su obra ‘Chagrin’, pero fue gracias a una beca que otorgaba el gobierno uruguayo, cuyo único requisito era ser oriental, que pudo ampliar sus conocimientos en Europa, donde se destacó superlativamente en las afamadas academias de Roma y Múnich, exponiendo en otros centros culturales del Viejo Continente como Budapest, París, etc.”.
Culminados sus estudios «instaló su taller en la Vía Margutta, Roma, pero el llamado espiritual de su país natal y la obligación moral de devolverle a su país lo que éste había invertido en él al becarlo, lo hizo regresar definitivamente al suelo que lo vio nacer. De esos primeros tiempos quedaron obras en Europa, básicamente en Suiza». De regreso en Uruguay “se dedica primordialmente a volcar todo ese conocimiento adquirido en el Viejo Continente en nuestro país, no olvidando sus raíces de origen humilde de padres inmigrantes y trabajadores y añorando sus días de primera infancia cuando dormía la siesta, recostado en un buey arador de la quinta de La Paz, donde sus padres se ganaban el sustento diario. Así que con muchísimo empeño y trabajo ese pequeño niño débil y enfermizo, a quién nadie auguraba un buen futuro, terminó siendo un triunfador gracias a su capacidad, a su talento, a sus años de estudio, pero fundamentalmente a lo que sostuvo toda su vida: de que él no creía en el talento, creía en el trabajo. Y vaya que trabajó este hombre en mil oficios: carpintería, herrería, decoración, pintura y escultura. Fue un excelente dibujante y terminó adoptando la escultura prácticamente al final de sus estudios. Consagró su vida a fijar el origen de la identidad oriental en su obra: la vernácula, la social y la cultural. Todo eso lo tenemos para disfrutar en nuestro país, porque el grueso de su obra y en especial la cantidad y calidad de obra monumental está en Uruguay y principalmente en la ciudad de Montevideo, para regocijo de todos. Monumentos ‘para contemplar y reflexionar’ al decir del Maestro”.