Se presentó el libro “Renacer después de un ACV” de Stella García Naugé, en Librería Acuarela. Su autora, acompañada por Rosario “Charo” Rodríguez e Inés Suárez hicieron un recorrido por el contenido y por las implicancias de la experiencia de haber pasado por un Accidente Cerebro Vascular (ACV) en el 2023.

MOMENTO ESPECIAL

Rodríguez, como responsable de Librería Acuarela, abrió la presentación agradeciendo la presencia de quienes acompañaron y dijo que “este es un momento muy especial el que vamos a vivir, al escuchar a Stella contar la experiencia tan dura que le tocó vivir y dejándonos también un hermoso mensaje de esperanza”.

DE CORAZÓN A CORAZÓN

García Naugé comenzó diciendo que le gusta “ver a la gente a los ojos”. “Siempre me gusta agradecer de corazón a corazón, que se hayan hecho este momento para venir a compartir esta presentación. Es tan significativo para mí estar en Acuarela, donde desde toda una vida como docentes nos acompañaron siempre al Jardín 115, es un honor, un privilegio que me hayan abierto las puertas para presentar Renacer. Esta presentación es un poco una invitación a abrazar la vida, el abrazo es parte del libro”.

 

Mucho público acompañó la presentación del libro en Acuarela
Mucho público acompañó la presentación del libro en Acuarela

OBJETO LIBRO

Rodríguez se refirió al objeto libro, “siempre la ilustración de la tapa de los libros encierra un mensaje importante, en este caso con un Ave Fénix”. García Naugé señaló que es un dibujo realizado por su ahijada, Melania Umpiérrez. “Es hermosísimo; yo solamente le pedí el azul y el blanco que son mis colores favoritos. Cuando Melania supo que el libro se iba a llamar Renacer, empezó a buscar significados y palabras relacionadas con renacer, y apareció el Ave Fénix. Después trabajó en cómo iba a hacer esa tapa, cómo lo íbamos a plasmar, todo eso que a veces se tiene en la mente y no sabe cómo llevarlo a cabo. Eso es un poco la historia de la tapa y la ilustración”.

Rodríguez condujo la presentación haciendo preguntas. Le preguntó por qué escribió el libro. García Naugé manifestó que “a veces en una hoja en blanco uno puede plasmar palabras, puede poner colores. Esa hoja en blanco, y de ahí escribir este libro significó volcar, sacar eso que yo había vivido. Escribir es algo que muchas personas necesitan hacer, por un ACV en mi caso, pero puede ser un siniestro de tránsito, una enfermedad como cáncer, o un divorcio, una pérdida muy dolorosa, hechos importantes en la vida y a veces nos quedamos como con una hoja en blanco y decimos: ‘A partir de acá, ¿qué hacemos?’ No soy escritora, siempre me gustó escribir, de hecho hoy traje algunas libretitas, cosas que escribo. Esa era la idea, ante esa hoja en blanco qué plasmamos, qué escribimos. Fue al revés de cuando uno es docente, hacemos reparto de hojas en blanco y los niños cuentan una historia o hacen un dibujo, el arte es parte de un lenguaje y a veces a través de esos dibujos, vemos una historia detrás. A veces hay muchos colores, a veces que hay muchos matices grises y nosotros nos dábamos cuenta cómo debíamos canalizar esa situación para poder abordarla”.

“A VECES NO ESTÁ TODO BIEN”

“La idea específica de escribir este libro, fue primero porque quería formar una asociación para personas o familiares con ACV, porque después de transitar una enfermedad la gente dice: ‘Ay, ya salió del sanatorio, ya le dieron el alta, está todo bien’. Y a veces no está todo bien. A veces se empieza el verdadero proceso, en el sanatorio uno pasa muchas cosas, pero el verdadero proceso de transformación viene después y no solamente es para la persona que sufre esa situación, sino también para las personas que nos acompañan, que nos sostienen, que nos contienen. Empecé a escribir muchas cosas y después tuve que empezar a hilvanar”.

“TENEMOS HISTORIAS”

“En el 2015 había hablado con mi psicólogo, porque había tenido muchas cefaleas, que casi fue un ACV y dije que iba a escribir un libro sobre las cefaleas. Pero no lo escribí, uno se queda con las palabras, con diversas temáticas, hay tantas cosas para escribir, cada uno podría escribir un libro, todos podemos. Tenemos historias. Es difícil, pero historias para contar tenemos todos, historias de vida, de dolor y de alegrías, muchas. Las historias más dolorosas son las que nos dejan los más fuertes aprendizajes y saberes. De ahí la idea ¿por qué escribir este libro?”

EL GRAN DESPUÉS

“En el después, en el gran después, inconsciente como estaba, quería en junio concursar para la inspección, pero había tenido el problema en febrero. Eso de no estar al 100% por lo que me había pasado, en el gran después, cuando otra muchacha maestra, muy joven, en Mariscala con 40 años, sufrió un ACV. Ahí vi, o sea me paré en la vereda de enfrente, porque la madre me llamó desesperada, llorando, porque su hija no se fuera a morir. Ahí pensé: ‘¡Cuántas cosas vivió mi familia!’ Cosas que yo no supe en ese estado de inconsciencia, en ese estado de hoja en blanco que era yo en esos días, aunque el dolor fuera muchísimo y en circunstancias indescriptibles. Si bien el español creo que es de los idiomas que tienen más sinónimos para representar y decir cosas, a veces se quedan cortos para determinadas situaciones de la vida”.

“TOMÉ EL IMPULSO”

“Una amiga, Natalie, me propuso a través de un mensajito que ‘qué lindo sería escribir un libro’ y la idea era escribir algo juntas, pero lo de ella era muy reciente, fue muy shockeante y traumático para ella. Yo seguí adelante -está en el libro parte del testimonio de lo que ella vivió-. Ahí dije: ‘Ya tomé el impulso, ya había empezado a trabajar con Malia Ferrer, de la Editorial Libros que Aman la Vida, es tan amorosa y me ayudó tanto. La primera parte escribía y algunas cosas se las mandaba a mis hijos, era escritura a mano, se lo dije a Malia, ‘soy de escribir a mano, no me sale escribir en la computadora’. Tuve que aprender después a través de audios en el drive, ir leyendo lo que había escrito para llevarlo al drive, y después todo lo que lleva editarlo”.

EDITAR EL LIBRO

“Sí, ese fue otro de los grandes desafíos. Me habían quedado problemas con el lenguaje, con las palabras, tenía que dejar literalmente espacios en blanco, a veces me llegaba la imagen y no la palabra que quería expresar. Hasta que hubo un momento, después de esa situación que había vivido con mis hijos y que se los había enviado a ellos para que me dieran también su ok, digamos, sí todo estaba bien. Cuando lo imprimí -soy de las que me gusta leer impreso-, fue un shock muy grande. Me pregunté: ‘Yo viví todo esto’. Entonces, hubo un tiempo en el que tuve que dejar un poco de escribir. Y madurar, madurar la idea, madurar el libro”.

NO ES UN LIBRO DEPRESIVO

“Hacía muchos años que hacía meditación, rezaba muchísimo en los momentos de mucho dolor. De todo ese tipo de cosas, empecé a hacer un paralelismo con esas inseguridades que me dejó el ACV y con esas inseguridades que nosotros vemos en determinados niños que pasan por circunstancias muy fuertes y que están vulnerables y de hecho ahí también hago un paralelismo de cuando estaba en el CTI que lo leerán en el libro, son fuertes vivencias, ¿cómo poner en palabras todo eso para que al lector no le sea una depresión? No, no es la idea. La idea es que el libro sea desde el vamos un mensaje de esperanza, de que sí se puede salir adelante, de que sí habrá momentos de negro o de grises, pero que la vida es maravillosa y está llena de colores, como está Acuarela, para que podamos pintar esa hoja en blanco que nos entrega la vida en determinados momentos, en determinadas dificultades para poder escribirla con los mejores colores”.

LA ACEPTACIÓN

García Naugé se refirió a “la aceptación es una de las cosas que a veces más cuesta. No supe que tenía ACV hasta que no estuve en sala, o sea, pasé por CTI sin saber que tenía ACV. Hacía una semana que estaba en sala cuando me hablaron del ACV y de la afasia (1), pedí para ver qué era. Creo que nuestro cerebro es tan sabio que cuando nosotros estamos pasando por este tipo de situaciones, nos quiere proteger de alguna manera ante tanto dolor. Yo que soy tan preguntona y que todo averiguo, por qué, cómo, ¡no preguntaba! Era como que no necesitaba saber más. Necesitaba que me calmaran, necesitaba dormir y estar en paz conmigo misma, y cuando se me calmaba un poco de la cabeza, lo que necesitaba era ponerme auriculares -a los que llamaba arcoíris, según me cuentan-. No me entendían que quería jugo Dairyco, tuve que pasar por mucho para que me entendieran que lo que quería era el jugo. Tenía problemas de deglución”.

“SOY FUERTE, VOY A PODER”

Insistió García Naugé en la aceptación, “cómo hay momentos en que tienes que aceptar esa fragilidad, esa vulnerabilidad, porque todos decimos: ‘Soy fuerte, voy a poder’. Pero en otros momentos también aceptar cuando me decían que me iban a bañar, a lavar la cabeza y yo decía, ‘¿Cómo me van a lavar la cabeza en la cama en el CTI?’ A ese tipo de cosas que uno se entrega con confianza. La vida nos da siempre enseñanzas por algo. Hay una frase: ‘En este camino de la vida todos somos maestros y aprendices’. Tenemos que aprender de ese tipo de cosas, de las más difíciles, para volver a confiar, volver a tener fe, para volver a empezar paso a paso”.

HAY HERRAMIENTAS

“Me costó hacer la escritura, palabra a palabra, sílaba a sílaba, como lo dice el libro. Les hablaba de esa posibilidad de que uno tenga que entregarse al otro, porque a veces nos negamos teniendo diversas herramientas en la vida, que puede ser desde un psicólogo, terapias alternativas, un psiquiatra, antes teníamos esa creencia limitante: Ahí van todos los que están locos y no, no vamos todos los que estamos locos. Yo tuve ansiedad, pánico, tomé medicación y no me hice adicta. Uno tiene que saber que hay momentos en que nos tenemos que dejar cuidar. No es fácil permitirnos ser frágiles, permitirnos caer. Si yo no me hubiera animado a dar el primer paso cuando me negaba con el fisioterapeuta, quizás no hubiera caminado o me hubiera costado mucho más, o si no hacía los ejercicios que me mandaban, me hubiera costado mucho más hablar. Estas cosas de no negarnos a que somos humanos, a que estamos aprendiendo día a día y que a veces tenemos ese sostén al lado, puede ser familiar, puede ser un amigo, puede ser quien sea”.

HABLAR CON ALGUIEN

“A veces necesitamos un café terapéutico, una charla por teléfono para de una situación que nos angustia y que de pronto para mí puede ser inusual. Uno tiene que ponerse en los zapatos del otro, que a veces ese problema para nosotros es nada y para esa persona que lo está viviendo es lo peor. Es esa hoja pintada en negro, no hay color, como que no hay vida, como que no hay rosa, como que no hay esperanza”.

LA IMPOTENCIA

“Sentí en un momento, pero fue después de estar muchos días en el apartamento, yo quería arreglarlo para mis hijos que se venían a estudiar para Minas. Quería salir a buscar cuadros, a buscar lámpara de sal, salir a buscar cosas que se necesitaban. Y la gente me miraba extrañada y yo decía, ¿por qué me miran así? Y ahora entiendo que veían a mi otra yo, no veían a la Stella de antes. La impotencia era cuando quería levantar los brazos y no podía tender una ropa. No podía. No tenía fuerzas. Me daba vértigo, me mareaba, no podía mirar hacia arriba. La caída había sido tan fuerte que tuve un periodo muy fuerte de vértigos. Fue muy fuerte con todo el problema de los maxilares”.

“AHORA NO PUEDO, PERO YA PODRÉ”

“¿Saben qué me dio impotencia? En el dormitorio de uno de mis hijos habían sacado de la pared unos tacos Fisher, quedó el agujerito, yo amaba, me era placentero trabajar con enduido y lo voy a tapar y no pude. No sé si puedo responder que sentí impotencia. Ahí me di de cara con la realidad que está estaba viviendo. Fui al baño a llorar, porque así como me venían ataques de llanto también me venían ataques de risa cuando las palabras me salían de cualquier manera y no me entendían. Y me dije: ‘Ahora no puedo, pero ya podré’.

ESCRIBIR ¿CATARSIS O INTENCIÓN?

“Empecé con audios en un lugar que amo, Bombas, me gusta mucho la playa y hace muchos años que vamos. Empecé a grabar audios de todo lo que me había pasado. No desde la queja ni desde el dolor, como no he querido escribir este libro ni he querido transmitir de esta historia. Siempre fue desde el agradecimiento. El primer audio que hice dura diez minutos y algo, agradecía porque si bien amaba muchísimo esa playa, era como que ese año la amaba aún más. Me saqué una foto, le mandé foto a mi neuróloga, Valeria Palma, a mi fonoaudiólogo Antonio Deubaldo, a Mariana Hartman, mi psicóloga, a la doctora Rita Moreira”.

LEER LO GESTUAL

“Aprendí no solamente la lectura, aprendí a leer mucho lo corporal, lo gestual. Cuando tengan a alguien enfermo, sepan que lo gestual a veces dice mucho más de lo pueden decir con palabras, porque yo hay cosas que ni siquiera las recuerdo. Y ahí se siente impotencia, a que no te entiendan, que todos me veían bien físicamente y que yo tuviera que pedir para subirme un taxi, al principio no podía subir o me daba mucho miedo resbalarme en una vereda si estaba lloviendo, tenía un miedo terrible a caer. Eso sí era impotencia, la verdad que no me lo he planteado nunca, me lo voy a repensar, me llevo un deber de repensar en todo lo que me ha sucedido cuando alguna vez sentí impotencia”.

PARÍS

“Sí, sentía impotencia, por ejemplo, porque quería ser una alumna perfecta cuando Antonio (Deubaldo) me hacía evaluaciones y me preguntaba la capital de Francia y yo le hacía (hace con las manos) quería hacerle la torre Eiffel, cómo no voy a poder decir -una maestra- la capital de Francia. Me desesperaba no solo por no poder decirlo, me desesperaba por demostrar que sabía, pero que no me salía la palabra. Contando los números. Uno, dos y quedaba”.

EZE, LAU, JOA

“Lo primero que yo pedí decir fue el nombre de mis hijos, que no alcancé a decirlos completo, Ezequiel, Lautaro y Joaquina, no me salían ni por casualidad.

Empecé a probar con sílabas, decir Eze, lo logré, Lau, lo logré, pero Joa no había manera. La jota, hasta el día de hoy no sé qué dificultad tenía. Cuando lo dije fue uno de los días más felices de mi vida en el sanatorio. Cuando Joa entró y le dije: Joa, fue la gloria total. Había logrado decir los tres nombres de mis hijos diminutivos, era lo más importante para mí”.

“EL NO DOLOR”

“En el libro está la frase: ‘El dolor es inevitable y el sufrimiento es optativo’, que es atribuida a Buda. Desde ahí, desde el lugar de las neurociencias -que a mí me han apasionado tanto-, intenté pararme desde el paradigma no desde el dolor, desde el no dolor, desde el amor. Sabemos que el dolor es inevitable, que a veces dura mucho más tiempo de lo que nosotros creemos y que queremos que dure, pero cómo elegir pasar esa situación de sufrimiento”.

“SÍ SE PUEDE ABRAZAR LA VIDA”

“El libro que no es solamente para los que pasaron una ACV, sino para los que pasan situaciones cotidianas límites, sí se puede salir adelante, sí se puede abrazar la vida y de qué manera podemos tomar esa palabra sufrimiento. ¿Qué herramientas y qué alternativas podemos tener? Muchísimas, buscar un familiar, un amigo, una persona querida que nos diga de ir a una terapia de Reiki o psicológica o meditar a la playa. Siempre mirar el medio vaso lleno y no el medio vaso vacío. Agradecer, porque nos hemos acostumbrado a vivir desde la queja. No tengo tal cosa, no tengo tal otra y no nos damos cuenta de lo que sí tenemos. Lo importante es abrazar la vida”.

Después hubo preguntas y respuestas. La vida y los abrazos, entregó un papel arrugado escrito, una hoja en blanco que no tiene respuestas escritas, una tarjeta que acompaña una vela, y allí dice: “Que siempre encuentres en la luz de cada día, un nuevo RENACER. Gracias por acompañarme. Stella García Naugé”.

(1) La afasia es un trastorno médico del lenguaje causado por un daño en las zonas del cerebro que controlan la comunicación. Afecta la capacidad de hablar, escribir, leer y comprender el lenguaje oral o escrito. Aparece de forma repentina por un derrame cerebral o un golpe fuerte en la cabeza, o de forma lenta por un tumor.