A pocos kilómetros de Minas, en la zona de Campanero, una familia trabaja en la concreción de su sueño. Allí se instalará el Templo Akamine, junto con una veintena de casas y un jardín japonés, propuesta única por sus características en el país. Al frente de esta iniciativa están Verónica González y su esposo, Jesús Reyna.
Verónica nació Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina y desde la crisis de 2021 vive en Uruguay. «La mitad de mi vida ha transcurrido aquí. El paisito nos abrazó y, sinceramente, cada vez me cuesta más volver a Rosario», nos dijo.

El singular y ambicioso proyecto que hoy ocupa las páginas centrales de Primera Página Dominical comenzó a construirse el año pasado. «De alguna manera, la idea fue surgiendo casi sin quererlo. Jesús Reyna, mi esposo, oriundo de la ciudad de Young, Río Negro, es sexto Dan de karate, dentro de una disciplina que practica desde pequeño. En Uruguay es la mayor graduación a la que se puede acceder en la disciplina Matsubayashi, la que practica, un karate japonés muy tradicional que no es combativo» sino con características similares al Tai Chi (antiguo arte marcial interno de origen chino, adaptado hoy principalmente como una meditación en movimiento), junto al zazen, una disciplina de meditación. Estas prácticas tienen una conexión directa con actividades que se desarrollan desde la comunidad japonesa, tanto en Hawái como en Buenos Aires.
Verónica y Jesús están al frente de una empresa constructora y cuando empezaron a sentir que «los chicos ya estaban grandes» y a pensar en «dónde íbamos a vivir el resto de nuestras vidas, surgió la posibilidad de adquirir un campo en la zona de Campanero», 10 hectáreas, por donde transcurre el arroyo. Juntos comenzaron a pensar qué podían instalar en el lugar. Fue a Verónica a quien se le ocurrió la idea de construir allí un templo japonés al estilo del que habían visto cuando visitaron Hawái y al que «pudieran concurrir sus amigos, el Sensei de mi esposo desde Buenos Aires y donde también pudiéramos recibir gente».
En principio, la idea fue construirlo en madera, de forma tradicional, porque «él es carpintero de toda la vida», pero luego «decidimos hacerlo en steel framing, que es el estilo constructivo que más conocemos y con el que mejor nos llevamos». En la actualidad, las obras están notoriamente avanzadas.
El templo ya cuenta con su diseño arquitectónico. La idea original fue la fuente inspiradora para nuevos proyectos, entre otros, «acercar a niños para que puedan practicar aquí karate sin costo». A su vez, en las cuatro hectáreas frente al templo se dispondrá de un jardín japonés, el cual será diseñado por un profesor de huerta del Taller Nº 120. «La idea es vincular el templo con los chicos y hacer con ellos un trabajo de campo», explicó Verónica. El jardín japonés tendrá también su desarrollo desde el punto de vista turístico, en lo que constituye, por sus características, un proyecto único en el país.
«Enviamos a tallar un Buda de tres metros a Tailandia, el que estamos esperando, al igual que una puerta gigantesca, también tallada. Estamos importando artículos porque en Uruguay no están disponibles, a partir del trabajo de una empresa uruguaya que se dedica a la importación de estos elementos imprescindibles para el desarrollo de nuestro proyecto». La importación también incluyó, en principio, seis casas adquiridas en China, las cuales complementarán el proyecto, serán alquiladas y en ellas se alojarán los Sensei.
El proyecto lleva el nombre de Templo Akamine, en homenaje al Sensei de Jesús Reyna, «quien está radicado en Buenos Aires y quien lo ayudó en muchos aspectos de su vida».
ESPACIOS
El templo propiamente dicho estará conformado por tres cuerpos, «el central, donde va a estar situado el Buda, que será el espacio destinado a la oración», en base a lo que ambos visualizaron en Hawái y que «nos encantó». También habrá un gong (instrumento musical de percusión de origen asiático) de grandes dimensiones «que todos podrán tocar» y una especie de museo en el cual se hablará, entre otros temas, acerca de la historia del Matsubayashi y de cómo esta disciplina arribó a nuestro país. En otro de los cuerpos estará instalado el dojo (espacio sagrado o sala de entrenamiento en el karate y otras artes marciales japonesas) de práctica, con su batería de baños y de vestuarios. El cuerpo restante del edificio estará dedicado a un gran comedor «que va a funcionar para recibir a la gente, todo ambientado con estilo japonés, como corresponde».
La parte central del proyecto es el templo, complementado por las casas (20 en total), que «servirán para alojar a la gente ya que sabemos que vendrán muchas personas y necesitamos de un espacio para recibirlas de la manera más confortable posible».
FUNCIONAMIENTO
«Queremos que durante la semana los niños de Minas puedan acceder en forma gratuita, que puedan practicar karate aquí porque habrá profesores disponibles todo el tiempo. Confiamos también en que chicos del Taller 120 puedan asistir y disfrutar también del jardín y del templo», expresó la entrevistada.
Verónica tiene diagramado que en cada jornada, a las 8 de la mañana, se disponga de una sesión de zazen, «una práctica preciosa», para arribar al desayuno, «con acceso gratuito al templo y al jardín, simplemente solo por el hecho de alquilar las casas».
Comenta con entusiasmo cada detalle del proyecto. «Es que todo es idea mía. Todo lo que yo te he comentado salió de mi cabeza y mi esposo me apoya, por supuesto, porque de otra manera sería imposible llevarlo a cabo, porque, en realidad, lo que estamos haciendo es planificar los próximos años de nuestras vidas y el futuro de nuestros ocho hijos, por lo que en este proyecto todos estamos involucrados, desde los más chiquitos hasta los más grandes, planificando cómo queremos vivir».
A pocos kilómetros de Minas, en el camino al Penitente, el avance de obras ya se aprecia a la distancia, en el marco de una inversión que ha sido y que seguirá siendo onerosa, ya que en estos momentos la misma transita la tercera parte. «Somos conscientes de ello, pero como le digo a mi esposo, esta es la única vida que tendremos, por lo que es el momento de jugarnos a hacer las cosas que queremos hacer».
Se trata de una inversión enteramente privada, en la cual no se han buscado apoyos institucionales de ninguna índole. «Cumplimos con todas las ordenanzas vigentes, con el cuidado del ambiente, con todo. Decidimos no recurrir a instituciones públicas, sinceramente, por miedo a que nos tranquen todo, a que la burocracia postergue los plazos que hemos pensado para desarrollar nuestro proyecto. Elegimos hacerlo de este modo, por nuestra cuenta, porque no queremos que venga alguien a decirnos cómo o qué tenemos que hacer», enfatizó.
Sí les interesa estar en contacto con la Embajada de Japón en Uruguay, ya que «queremos hacer algo muy respetuoso para con la comunidad japonesa, con sus costumbres, sus tradiciones y su idiosincrasia». Igualmente, son conscientes de que un proyecto de estas características, como decíamos único en el país, constituirá una nueva atracción desde el punto de vista turístico, tanto para el departamento de Lavalleja como para su región de influencia, sobre todo en la apuesta a atraer turismo internacional, más allá del interno que, por supuesto, también está contemplado dentro de esta propuesta.
«Absolutamente todo está regularizado mediante el trabajo de arquitectos, con todos los cuidados que hay que disponer respecto al medio ambiente, porque conocemos en profundidad el tema de la construcción y por ende no necesitamos de tanto asesoramiento en la materia», explicó la entrevistada, orgullosa de que «el templo sea gigantesco y que todos quienes pasan por el lugar ya lo vean desde el camino. Es decir, no hay cómo no verlo y no hay cómo no visitarlo. Con una energía particular, con un Buda gigantesco, con la propuesta del jardín japonés y con la posibilidad de alquilar las casas que dispondremos en el lugar».
Si bien en principio fue pensado como lugar familiar, como «un espacio donde Jesús pudiera seguir practicando karate, que es lo que quiere hacer», luego «nos dimos cuenta de que aquí recibiríamos a mucha gente, la cual será muy bienvenida». Al comenzar las obras de este ambicioso y singular proyecto, Verónica y Jesús pensaron en ejecutarlo en 4 o 5 años. «Jesús quiere darle una terminación al templo que es muy japonesa, que insume mucha madera. El armado va rápido, pero después viene toda la parte de los detalles que requieren de mucho tiempo. Hoy creo que nos va a llevar un año y poco, porque venimos con un embalaje bárbaro. Lo primero era el templo, después visualizamos las casas y posteriormente el jardín japonés… Ahora atropellamos con todo. Estamos durmiendo poco, pero lo vamos a concretar», mencionó.