El viernes, en el Centro Cultural Casa Lorca de Minas, el escritor coterráneo Juan Carlos Scuarcia, acompañado por Clara Alberti y Romina Fernández, presentó El condenado, libro que tuvo su origen en su experiencia en la cobertura periodística de Misiones de Paz en diferentes países junto con un contingente uruguayo dispuesto por Naciones Unidas, momentos en los que los contrastes quedan más expuestos, así como también el choque de culturas y la imposición de valores y costumbres que suele hacerse desde occidente.

En diálogo con Primera Página Dominical, Scuarcia aclaró que el libro «no es un relato autobiográfico, lo que tranquiliza a amigos y parientes», bromeó. Sin embargo, sí admitió que «tiene algunos puntos en común con mi vida personal, con la de nuestro pueblo y con el corto pasaje del homo sapiens en la Tierra».

 

El condenado, el nuevo libro de Juan Carlos Scuarcia.
El condenado, el nuevo libro de Juan Carlos Scuarcia.

CHISPA INICIAL

Siente que el planteo del libro configura una «idea ambiciosa» y que de hecho lo es, «compleja si se quiere, no quiere decir buena, pero sí lo complicado ha sido un motivo de lo que para mi ha sido un viaje».

Al llegar el libro en sus manos, «un amigo me dijo: ‘ah, estarás contento’», pero que, en realidad «no era esa la sensación», sino que esta resultó ser mucho más compleja: «estábamos frente a frente con el condenado y estimo que nos mirábamos con cierta desconfianza», porque «él me preguntaba si estaba seguro de largarlo por los caminos de la vida de libro y yo le respondía que no lo estaba».

Por estos días, Juan Carlos Scuarcia se ha puesto a pensar en «lo lejano del origen» de esta obra, «de la idea por los menos» y estima que su viaje a las Misiones de Paz en cobertura periodística «fue importante en su chispa inicial», porque en esa ocasión «me sorprendió la mirada que tiene occidente sobre las culturas avasalladas desde siempre» y porque igual sorpresa causó en él «la mirada de que yo he venido a salvarte, a ponerte nuevas normas sociales y a recomendar recetas de mi sociedad para que las adoptes. Esa mirada que tienen los europeos también sobre nosotros. son lo que dicen en todo momento y visita: ‘ah, en Francia lo hacemos así; ah, en Alemania lo hacemos de otro modo que es mejor’». Esa fue la regla que en su vivencia «aprecié más en los compañeros periodistas que en los militares». Pensó en escribir una historia en la que «los orientales fueran los expuestos a cambios de reglas sociales radicales», donde lo que hoy es bien visto socialmente «sería prohibido y cambiado, impuesto por la fuerza. Lo cómico es que, como he demorado tanto en la escritura, algunas cosas han ido y venido. Me resulta gracioso».

PROTAGONISTAS

Los protagonistas de «El condenado» «viven en ese mundo impuesto». Algunos de ellos «resisten como pueden el embate de las nuevas reglas», mientras que otros «se adaptan, como un modo de poder vivir agobiados con la idea de que todo lo que sus abuelos les enseñaron en su mundo no sirve para nada». Se trata, entonces, «de un marco de referencia que para los protagonistas y sus vecinos es falso. Ese es el punto de partida de la historia de las dos mujeres y del varón que navegan en esas aguas», más allá de que la cuestión pretende ser más profunda y «tiene que ver con que la realidad tiene capas» que en su conjunto «son apariencias que van superponiéndose. Incluso el recuerdo tiene un modo de gestarse que genera intriga en el momento de relatarlo». Los personajes van tomando decisiones dentro de una ambigüedad que el texto plantea: «hay libre albedrío o las circunstancias son tan determinantes que no hay posibilidades reales de decidir. Esto, si lo ponemos dentro de la idea de que el tiempo en realidad no es una secuencia de pasado presente y futuro, adquiere relevancia».

El escritor aclara que no se trata de un «texto filosófico», aunque «diría que tiene esta sustancia», porque, en realidad, «esas cosas pasan en actos sencillos de amor, traición, valentía y cobardía, como acontece en nuestras vidas. Vivimos haciendo tareas simples, hacemos el desayuno, vamos a trabajar, miramos fútbol, todo lo cotidiano que está inmerso en algo tan pero tan complejo como es el o los universos que andan por ahí» y que tienen que ver «con las capas de realidad. Imagínate por un momento que, además de la inmensidad de las galaxias, el tiempo no es una línea, sino una trama que parece ya estar armada».

En definitiva, los personajes «son como nosotros. Avanzamos sin saber en realidad qué determina, para dónde nos lleva nuestro viaje personal, lo que se percibe cuando uno mira para atrás, siendo grande, y analiza algunos momentos de su vida que fueron determinantes, pero elegimos como si la decisión que tomamos fuera elegir el color de la ropa que llevaríamos o qué iríamos a comer el domingo a mediodía». Después, con la dimensión del tiempo transcurrido, «pensamos que una elección que parecía tonta terminó siendo clave”.

EL TÍTULO

Acerca del título elegido para esta nueva obra, Scuarcia respondió que en la novela «hay un condenado o hay varios» y que quizá «eso también vaya mutando con el correr de las páginas», ya que la historia «va haciendo desfilar muchos personajes que están sacados de foco, como corridos de lo que consideramos real, personajes que «cada uno lleva su condena». Ahora bien, el autor es de la idea que en esta novela «cada lector tiene la opción de definir quién es el condenado del título».

El proceso de elaboración de este libro «ha sido muy largo; durante años perdí su hilo y algo vivido me llevaba de nuevo a la historia. Tuve la dificultad de encontrar un final a la historia, que me vino de golpe, sin pensarlo mucho, no recuerdo cuándo».

Luego de la presentación realizada el viernes en el Centro Cultural Casa Lorca, Scuarcia tiene la idea de realizar instancias similares «en casas amigas»: el 9 de julio en la Biblioteca Juan José Morosoli, en Montevideo; el 18 de julio en La Duna, en El Pinar, Canelones; el 7 de agosto en Casa Encantada de Minas. Arribada la primavera, se confirmarán otras fechas y nuevas presentaciones.

UNA NOVELA ABIERTA

¿Cuándo decimos que estamos ante una buena novela? Cuando es bella, plena e intensa. Los inminentes lectores se enfrentarán a este nuevo proyecto de Scuarcia (1959), a un escrito que puede ser enmarcado en lo que se conoce como novela abierta. La trama propone peripecias del protagonista por dos universos muy particulares: por un lado, un universo oriental y, por otro, Nueva Melbourne. Lo orientan, por imposición, por conquista de una región donde vive el protagonista quien, como amaga el título, está condenado por hacer un gol cuando no debía. Un régimen opresor que tiene caprichos como prohibir el mate cada dos años y castigar con retiros meditativos para encausar conductas o quemar libros. En síntesis: una narración que resuda oxitocina. Humorística en sus pliegues de aventuras extremas y a la vez profunda por la persecución de la tangente existencial que estimula a sus criaturas.

Mauro Alayón