Ayer estaba previsto se reiniciaran las negociaciones de paz entre Estados Unidos (EE.UU.) e Irán en Islamabad (Pakistán), promovidas y mediadas por el gobierno de ese país asiático. La tregua de dos semanas acordada entre ambos países vence esta misma noche.
El vicepresidente de EE.UU., James David Vance, lidera la delegación del país norteño, integrada además por Steve Witkoff, enviado especial de Donald Trump, y Jared Kushner, yerno del presidente, mientras que la delegación iraní es encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf.
Masoud Pezeshkian, presidente iraní, advirtió que existe una fuerte desconfianza histórica hacia los EE.UU. y eso no tiene porqué extrañar a nadie. No es sólo que EE.UU. promovió y organizó junto a Inglaterra en 1953 un golpe de Estado en Irán que derrocó al nacionalista primer ministro Mohammad Mosaddeq, cuyo pecado imperdonable fue nacionalizar el petróleo. Luego de eso los EE,UU. sostuvieron por décadas una sangrienta dictadura, que cayó únicamente con la revolución islámica de 1979. Más recientemente los EE.UU. promovieron sanciones económicas y comerciales contra Irán que han provocado y provocan cientos de miles de víctimas civiles y hace tan sólo unos meses bombardearon sin preaviso al país en el mismo momento en que estaban en la mesa de negociaciones. Irán tiene razones de sobra para desconfiar en cada palabra que le diga EE.UU..
Pero en fin, esperemos que esta ronda de negociaciones culmine con el fin de la agresión de EE.UU. e Israel contra Irán, que ha provocado al menos cientos y quizá miles de muertos y gran destrucción en ese país. Las represalias de Irán han afectado no sólo a los EE.UU. sino además a Israel y a casi todos los países del Golfo Pérsico, donde han caído centenares de drones y misiles, sobre todo en las bases militares, aéreas y navales que EE.UU. tiene en ellos: la agresión de EE.UU. a Irán fue y es posible gracias en buena parte a esas bases militares de EE.UU. en Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.
El resto del mundo se ha visto sacudido por otra parte por el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, lo que ha provocado un aumento desorbitante en el precio del petróleo. Esto ya provoca inflación en todo un mundo, con una economía que sigue estando basada en los hidrocarburos (baratos), y es probable que cause una recesión generalizada, si el conflicto se alarga.
La principal razón para acabar con el conflicto es evitar la muerte de personas en general y de civiles en particular, y la destrucción de infraestructura civil. Las demás razones están relacionadas con la importancia de la paz y la estabilidad para la economía y la estabilidad mundial en general.
El gobierno de Donald Trump no estará dispuesto a aceptar una paz duradera en esta guerra comenzada y perpretada por pedido expreso de Israel a no ser que parezca una victoria para él. Si se considera que sus aspiraciones iniciales era un cambio de régimen en Irán y el cese no sólo de su programa nuclear sino además de su programa de misiles, la cosa está difícil porque ninguno de esos objetivos se alcanzó y difícilmente se alcance.
El problema para Trump es que Irán ha sido mucho más resistente y resiliente de lo previsto a sus feroces ataques Y el problema para Trump es que esta guerra que inició de manera injustificada y absurda no es popular en su propio país. Según la última encuesta de la cadena de TV NBC, 63% de los estadounidenses desaprueba la gestión de Trump y hay un descontento creciente con la inflación y la economía, dos aspectos fuertemente afectados por este mismo conflicto. En noviembre hay elecciones de medio término y el Partido Republicano de Trump se juega su mayoría en las cámaras de Representantes y de Senadores.
Ojalá Trump encuentre la manera de presentar al mundo lo que es un evidente desastre en un logro de su gestión. Entréguenle algún trofeo dorado -es su color preferido- y díganle que ganó. Y que esta espantosa masacre acabe de una buena vez.