Eduardo Mondello Techera nació en Minas el 15 de noviembre de 1945. Detenido en la madrugada del 6 de marzo de 1976, falleció al tercer día en la puerta de emergencias del Hospital Marítimo. El cuerpo presentaba múltiples hematomas debido a las torturas a las que fue sometido.

A 50 años de su trágico final, vecinos de Piriápolis, ciudad donde residía, colocaron una placa en su memoria en la intersección de Rambla y Mondello. La iniciativa fue impulsada por personas de distintos sectores políticos, unidas por la memoria. De la actividad, entre otras autoridades, participó el intendente departamental de Lavalleja, doctor Daniel Ximénez.

En la ocasión, René Graña, Jorge Schusman y Claudio Invernizzi fueron los oradores. A continuación, compartimos con los lectores de Primera Página Dominical la textualidad de lo expresado por Invernizzi:

«Nuestro homenaje al querido Eduardo llega en un momento en que los seres humanos, poniendo en riesgo a la propia especie, abrimos de par en par las siniestras puertas de la frivolidad, de la mentira, de la estupidez y, sobre todo, del odio. Ese odio del que muchos líderes del mundo hacen alarde, esas zonas oscuras que se presentan sin pudor ni vergüenza a través de las redes y que me hacen acordar a aquellos circos de antaño en los que se mostraban como gran atractivo las rarezas físicas (como la mujer barbuda, por ejemplo) , pero ahora, en este circo del siglo XXl, lo que se exhibe son las anomalías y la monstruosidades  morales: la mentira, el desprecio y la vanidad.

De pronto, esos líderes nos dicen que lo que siempre estuvo mal, ahora está bien. Insisten y parecen convencer a millones de hombres y mujeres que hay que hacer la guerra y no el amor, convalidan el insulto como lógica de cualquier vínculo y alientan el individualismo como único modo posible de sobrevivencia.

Así, querido Eduardo, está el mundo del que te arrancaron hace 50 años; pero por suerte, hoy, en este homenaje que los vecinos y las vecinas de Piriápolis, de Minas, de Maldonado y del Uruguay te estamos tributando, queda demostrado que hay una contraparte para tanto horror, siempre la hubo y ahora la hay, y que esa puerta siniestra que suelen abrir algunos líderes del mundo se puede cerrar del modo más simple: con sensibilidad. Ese mecanismo a través del cual percibimos y procesamos los estímulos externos para luego poder empatizar. Ese mecanismo que nos hace un lugar para el otro, la otredad, y que pone en acción la solidaridad. La sensibilidad: el arma más letal contra los fanatismos de cualquier especie. Porque ella, cuando se mezcla con la razón, supera cualquier escollo, pasa como un viento de primavera sobre las banderías y empuja las almas hacia el encuentro. Como en este caso, en el que tu recuerdo pasa una y otra vez, y otra vez, y otra vez, por nuestra memoria. Por la de blancos, colorados, frenteamplistas, por la de vecinos y vecinas que saben que recordarte es afirmar y amar más y más la democracia, y que nos ayuda a mirar el futuro con la esperanza de que nunca más, una turba de terroristas de Estado, de inquisidores sanguinarios, asesinará a nadie. Ni hará desaparecer a nadie.

Hoy venimos unidos por esa sensibilidad. La misma que se acunó en el seno de tu familia, los Mondello Techera, la familia de fotógrafos, músicos y poetas que fueron y son parte del acervo de nuestra comunidad.

La sensibilidad puede con todo y estamos convencidos que las diferencias son la nada misma cuando tocamos las razones más profundas de la vida. Porque al fin y al cabo, en las casas de al lado de la nuestra, habitan la misma alegría, la misma furia, la misma tristeza o el mismo amor, que habita dentro de la nuestra. Y si algo sucede, si acontece una desgracia, nadie anda preguntando al vecino de qué color es su divisa, la mano se tiende, siempre. Y allí está, una vez más, la razón profunda de la vida. Por eso, tal vez, cuando tu cuerpo roto por la furia animal, con más de doscientas equimosis y un enorme hematoma pectoral, fue entregado a tu querido viejo Pepe, muchos de quienes se acercaron a dar el pésame y a acompañar en medio de jeeps, camiones y M1, pensaban distinto a vos, pero amaban de la misma manera.

El lado luminoso de la condición humana, el saberse prójimo, el asumir la vida en comunidad donde las vicisitudes del hermano o de la hermana, pueden hacerse propias.

Hoy, como dijimos, nos convoca la memoria y amanecimos expuestos a un dolor viejo para nuestra comunidad: tu asesinato.

Pero aquí está, Eduardo, la sensibilidad victoriosa, esa que nos permite superar las pasiones cotidianas, las rencillas de adversarios, para juntarnos y poder decir como una sola voz: Eduardo querido, aquí estamos tus vecinos y vecinas, como siempre, frente a los cerros y el mar, el lugar donde se hacen las promesas más duraderas, aquí estamos para redoblar un compromiso asumido desde el mismo 9 de marzo de 1976: nunca, nunca te olvidaremos. Cada año volveremos a pasar tu recuerdo por el alma y en tu nombre, el recuerdo de todas y todos los asesinados y desaparecidos a manos del terrorismo de Estado.

Así es la sensibilidad y disculpen que insista: es que sin ella nada es posible, ni la justicia social, ni la memoria, ni la verdad, ni la justicia a secas.

Eduardo querido, una vez más, el terror de aquellos tiempos en que el Estado sembraba el miedo, la tortura y la muerte vuelve a rondarnos en este homenaje, pero es necesario para que en el futuro puedan multiplicarse las sonrisas como la tuya, esa, la de la foto que todos conocemos. Querido Eduardo, el corazón te guarda por tu condición humana, tu bondad y tu compromiso, así como guarda a todas y todos los asesinados y los desaparecidos. Sí, en el corazón, el lugar donde habita la sensibilidad, esa que cuando se junta con la razón es capaz de unirnos por encima de las banderas para que nunca, nunca, nunca más haya terrorismo de Estado», concluyó.