Nada es casual. Un folleto en una panadería de Minas posibilitó esta entrevista. Una docente mariscalense nos cuenta parte importante de su vida: la defensa de la educación pública, su vocación, el antes y el después del ACV padecido, su búsqueda constante y la necesidad de compartir las enseñanzas recibidas. “Cuando una se entrega, suelta y confía, todo ocurre con los tiempos y las personas perfectas”, declaró Stella García a Primera Página Dominical.

Stella García es oriunda de Mariscala, donde eligió vivir. Por razones de estudio, residió en Minas y en Montevideo. Es maestra especializada en Educación Inicial, con 30 años de trabajo, la mayoría de ellos en el Jardín Nº 115, donde se desempeñó como directora y que considera parte de su vida, su segundo hogar. “Esta hermosa y gratificante carrera me regaló el privilegio de conocer a muchísimas personas -alumnos, familias, compañeras de trabajo-, con muchas de las cuales creamos un vínculo tan especial que trasciende el tiempo; han sido y siguen siendo pilares fundamentales en mi vida, afectos que conservo con enorme gratitud”, remarcó Stella, quien está casada y disfruta “del mayor regalo que la vida me dio: mis hijos”.

Tu cuenta de Instagram es malhuia_paz. “Malhuia” significa paz en idioma hawaiano. ¿Por qué y cuándo lo elegiste?

Para contar cómo nació Malhuia tengo que volver un poco en el tiempo. Hace aproximadamente veinte años, junto a Ana, una amiga psicóloga, comencé a explorar el poder y los beneficios de la meditación. Siempre tuve una fuerte fe en Dios, en la Virgen y en los ángeles, pero en ese momento de mi vida también empecé a abrirme a otro aspecto de lo espiritual. Así llegué al yoga y con esa misma maestra me inicié en Reiki cuando llegó mi momento indicado. En ese entonces yo sufría de cefaleas tensionales y el Reiki se convirtió en una herramienta tan transformadora que continué formándome hasta alcanzar la maestría.

En medio de esos dolores de cabeza, y atravesando dificultades familiares, apareció otra luz en mi camino: los Registros Akáshicos. Llegaron como llega todo lo que tiene que llegar, en el momento justo. Fue mi primer encuentro con esa magia y, tiempo después, volví a estudiar y a profundizar en ellos con la misma maestra que había acompañado mi proceso de sanación. Yo no tenía idea de que existían, ni en qué consistían, ni que había un camino tan profundo de apertura interna. Creo que solo quien vive y atraviesa por un proceso energético de transformación puede comprenderlo verdaderamente. Sabemos, desde siempre, que todo en el universo es energía. La física reconoce distintas frecuencias vibracionales: el amor, las emociones, lo que sentimos aun cuando no podamos verlo convertido en materia. Sin embargo, muchas veces seguimos siendo reacios a conectar con las señales, con la intuición, con la percepción o con las terapias alternativas que hoy se han expandido y que, para muchos, están siendo un verdadero puente hacia el bienestar. Malhuia nació de ese recorrido: de mis búsquedas, de mis heridas, de mis aperturas y de la certeza de que la paz -la interna y la que compartimos con otros- es un propósito. Ese nombre me encontró.

 

“Cuando una se entrega, suelta y confía, todo ocurre con los tiempos y las personas perfectas”
“Cuando una se entrega, suelta y confía, todo ocurre con los tiempos y las personas perfectas”

¿Cuál ha sido tu formación en terapias alternativas, en el marco de esa búsqueda personal?

Mi formación dentro de las terapias alternativas nació desde un proceso muy íntimo. Mientras me seguía formando como docente, algo en mí comenzó a buscar respuestas más profundas: leía sobre espiritualidad, energía, neurociencias, física cuántica… Sentía, como dice Víctor Frankl (neurólogo y psiquiatra austríaco), que todos somos en algún momento de nuestras vidas “un ser humano en busca de sentido”, y empecé a incorporar la meditación, el yoga, el mindfulness, el Reiki y los Registros Akáshicos a mi vida. Al mismo tiempo, profundicé en áreas que amo -neurociencias, emociones, inteligencia emocional- porque siempre creí que comprender cómo pensamos y sentimos también es una forma de sanar. Durante la pandemia cursé -de manera online- una Diplomatura en Neurociencias de la Educación en una Universidad argentina, y posteriormente una Maestría en Inteligencia Emocional para Educadores, en España. Ese proceso de estudio y de comprensión del funcionamiento del cerebro, de las emociones y de la conducta humana se volvió una especie de puente perfecto para integrarlo luego a las terapias energéticas que hoy brindo. Tras un largo proceso de rehabilitación en 2023 -con fonoaudiólogo, fisioterapia, psicóloga y neuróloga- después de sufrir un ACV que, si bien me trajo mucho dolor, también me ofreció una nueva oportunidad de vida, y desde otra perspectiva. Hacia fin de año sentí que necesitaba ocupar mi tiempo con algo creativo. Pensé en tejido, crochet, manualidades… pero nada me conectaba. Hasta que una amiga me dijo que estaba haciendo velas de miel y que le encantaba hacerlo. Ese mismo día, y con un gesto de enorme generosidad, Karina me dio láminas, pabilos, y me enseñó a hacer velas. Así nació primero un pequeño emprendimiento de velas de miel. Comencé a reikizarlas, y como estábamos en noviembre -y como buena maestra que soy- sentí el impulso de agregar mensajes navideños, números y detalles para que fueran tan especiales como en lo que se han convertido. Tan especiales han sido que me han llegado mensajes de WhatsApp desde distintos lugares y de gente que no conozco agradeciéndome que mi mensaje les llegó o que ese número los conectó con alguien o con una fecha especial o buscó en internet un mensaje espiritual o angelical y se asombró porque es, justamente, era lo que estaba viviendo en ese preciso momento. Nada es casual, todo sucede siempre por alguna razón. Y como necesitaba un nombre y un logo para su completa presentación, ahí fue que surgió “Malhuia”, que significa paz en hawaiano. El logo es de una playa que yo llamo “mi lugar en el mundo”.

¿Por qué la elección del idioma hawaiano?

Porque paz era exactamente lo que yo necesitaba después de todo lo vivido. Y también porque hacía tiempo resonaba en mí la filosofía hawaiana del Ho’oponopono, método difundido por el doctor Ihaleakalá Hew Len, basado en limpiar memorias ancestrales y en restaurar la paz interior a través del perdón y de la gratitud, dos frecuencias vibracionales elevadísimas. Paz no solo era lo que yo buscaba… se convirtió también en lo que quería empezar a ofrecer. Con esa certeza, sentí que debía cerrar un ciclo con gratitud: limpié mi biblioteca, armé cajas con materiales, libros y recursos acumulados durante toda mi carrera y los doné a maestras del pueblo -muchas de ellas antiguas alumnas- y otros sobre Dirección e Inspección se fueron como legado a Inés, una amiga que me hizo la suplencia en Dirección mientras yo me recuperaba. Quería que fuera no solo un acto de amor y de entrega. Quería, de alguna manera, honrar el camino recorrido en lo que siempre seguiré defendiendo y amando, que es la educación pública. Y al hacerlo, sentí que otra puerta se abría: la del servicio, la sanación y el acompañamiento desde otro lugar. Ya no visitando hogares ni escuchando a familias, niños o compañeros desde el rol docente, sino desde una presencia diferente, más silenciosa y profunda.

Entre las terapias que compartes, una de ellas es la canalización angelical. ¿En qué consiste?

A la canalización angelical llegué gracias a una prima, años antes de mi ACV, quien me sugirió tomar una sesión. Recuerdo la profunda paz que sentí. Con el tiempo entendí que los ángeles ya me estaban preparando para el proceso que después iba a vivir.  Ahí conocí a quien hoy es mi maestra y una gran amiga. Evidentemente teníamos que encontrarnos. Ella me invitó a realizar el primer nivel de sanación y de conexión con los ángeles, y sentí tanta gratitud por esos mensajeros de Dios, por su amor incondicional y por su presencia amorosa, que continué formándome aún más. Como en el Reiki, en la canalización angelical existe una simbología de luz y de protección divina. Es un camino de servicio, pero también de profunda transformación personal, porque nadie sana siendo la misma persona: sanar siempre implica un cambio interno. Las sesiones tienen puntos en común con los Registros Akáshicos y con el Reiki. Los ángeles acompañan y guían el proceso, siempre desde el respeto y, por supuesto, desde la creencia de cada persona. Hay quienes creen en los ángeles, otros que confían simplemente en el Universo, y todo está bien. Cuando una se entrega, suelta y confía, todo ocurre con los tiempos y las personas perfectas. Como suelo decir, todos somos maestros y aprendices al mismo tiempo, más allá del rol que ocupemos. Siempre nos cruzamos con alguien que viene a dejarnos una enseñanza: puede ser una conversación breve hasta con alguien desconocido en una parada de ómnibus, un gesto, una palabra al pasar. En cada encuentro aprendemos, a veces desde lo luminoso y otras desde lo desafiante. Y desde nuestro libre albedrío elegimos qué queremos ser, hacer, decidir y hacia dónde queremos ir.

¿Cuál es el perfil de las personas que te contactan? ¿Qué buscan?

El perfil de las personas que llegan a Malhuia es tan diverso como la vida misma. Vienen niños y adolescentes con distintas dificultades -como TDAH o TEA- a quienes, por ejemplo, las Barras de Access les hacen muy bien. También llegan personas con ansiedad, ataques de pánico, insomnio, y adolescentes y adultos de todas las edades y profesiones: maestros, auxiliares, psicólogos, médicos… y muchas otras. Esto, para mí, demuestra que el bienestar y la sanación exceden cualquier creencia limitante. Siempre recuerdo una sesión de Reiki con una persona que nunca había vivido una experiencia así. Al terminar, le pregunté cómo se sentía y me respondió: “Me siento Malhuia”. Esa frase me atravesó. Ver su rostro en calma, con paz, emoción y alivio me llevó inevitablemente a esas pequeñas grandes cosas que viví tantos años en la educación: el dibujo de un niño, una sonrisa, un abrazo, el agradecimiento de una familia. Cosas que no tienen precio, pero que lo valen todo. En el fondo, todos buscamos lo mismo: un espacio de paz, de conexión, de gratitud y bienestar. Y Malhuia intenta ser, simplemente, eso.

¿Qué sientes al apreciar la transformación en las personas?

Se siente una responsabilidad muy grande, muy parecida a la que sentía cuando estaba al frente de un aula. Porque, así como se puede ayudar mucho, también se puede dañar si no se actúa con respeto. Para mí es fundamental trabajar sin egos, sin juicios y con la convicción de que lo que una entrega es exactamente lo que la persona necesita en ese momento. Siempre hay un alma delante, y un alma puede ser abrazada con amor… o herida. La sanación, como todo en la vida, tiene sus procesos. No es magia. Requiere tiempo, compromiso y paciencia. En una sola sesión de Reiki o de Barras no se sana todo, así como un niño de tres años no sale escribiendo en un día.

¿Cómo pueden contactarte los interesados?

Quienes sientan el llamado pueden contactarme al 099 994 307 o por la página de @malhuia_paz en Instagram, los invito a seguirla y compartirla con sus seres queridos, amigos y quienes puedan necesitar de ese espacio que fue creado para acompañar, sanar y volver a la paz interior. Las terapias pueden ser presenciales o virtuales, tanto en Minas como en Mariscala -Barras de Access es la única terapia que por ahora solo se realiza en forma presencial-.

Como resumen de esta charla, ¿qué mensaje enviarías en estas fechas tan especiales?

Diciembre vibra con una energía muy especial. Es un mes de cierres: escolares, personales, emocionales. Un tiempo de balances, de encuentros y también de ausencias, con las emociones a flor de piel. Como seres sentipensantes, creo que deberíamos darnos el permiso de estar con quienes son verdaderamente significativos en nuestra vida. Y no solo en Navidad o Fin de Año: debería ser una regla de vida. A veces olvidamos que lo más valioso que tenemos es el tiempo. Ese tiempo que llamamos “presente” porque es el verdadero regalo: el aquí y ahora. Y aunque cerrar ciclos puede doler -porque habrá sillas vacías-, la vida también es cíclica y siempre abre nuevas oportunidades: nuevas llegadas, nuevos vínculos, nuevas formas de amar. Como reflexión final, los invito a un proceso sincero de introspección y de autoconocimiento. Como dice Joan Manuel Serrat: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”. Deseo que su camino esté siempre iluminado; que el 2026 y la vida misma sean elecciones desde el corazón; que la gratitud los sostenga y que reciban bendiciones infinitas en todos los planos de la vida. Gracias por esta oportunidad de conocerme y por haberse acercado a @malhuia_paz. Quiero agradecer profundamente esta grata y sorprendente invitación. Es un honor poder compartir un poco de mi historia y de lo que hoy impulsa mi camino.