Por resolución de Naciones Unidas del año 1999, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en homenaje a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, brutalmente asesinadas ese día en 1960, en República Dominicana y por orden del dictador Rafael Trujillo. Como ocurrirá en todo el mundo, en Uruguay habrá múltiples actividades conmemorativas, algunas de ellas propiciadas por el PIT-CNT. Hablamos con Carolina Spilman, vicepresidenta de la central uruguaya de trabajadores.

Spilman desarrolla su tarea dentro del PIT-CNT con especial atención a género, equidad y diversidad sexual. Es referente del Sindicato Único de Telecomunicaciones (SUTEL).

El 25N es una jornada de reflexión y homenaje. En su caso, abrió un camino inédito como vicepresidenta electa del PIT-CNT. ¿Cómo ha sido su recorrido en un ámbito donde, para variar, los hombres predominan numéricamente, desde su sindicato hasta la dirección de la central obrera?

El 25 de noviembre no es una fecha de lucha. Es una jornada de memoria, reflexión y compromiso. Es el día en el que recordamos a las que nos arrebataron y en el que asumimos, otra vez, que la violencia contra las mujeres no es un hecho aislado, sino parte de un sistema que decide dónde coloca recursos, oportunidades y poder. Mi recorrido sindical empezó en SUTEL, en espacios que siempre fueron mayoritariamente masculinizados. Tuve la suerte de coincidir con mujeres muy potentes, de las cuales aprendí y aprendo mucho. Sostener un lugar propio en una dirección sindical implica disputar no solo la voz, sino también el sentido político de nuestra presencia. Llegar a la Vicepresidencia del PIT-CNT es importante, no por un nombre propio, sino porque abre un camino colectivo. Muestra que el movimiento sindical está cambiando, que entiende que sin feminismo no hay democracia sindical y que la presencia de las mujeres no puede ser excepcional: tiene que ser parte de la normalidad de las organizaciones.

En muchos casos, las prioridades de un gobierno se expresan en el presupuesto quinquenal. En base a ello, ¿cuál es su evaluación respecto a los recursos presupuestales destinados a este tema? Otro tanto ocurre con leyes que se aprueban pero que no se reglamentan, por lo cual no entran en vigencia, cuando está claro que no hay tiempo, que para las víctimas ya es demasiado tarde.

Cuando el Estado elabora un presupuesto, define prioridades. Y hoy, lamentablemente, ni las mujeres, ni el flagelo de la violencia de género aparecen como prioridad real. Uruguay tiene leyes avanzadas, como la Ley Nº19.580 (Ley de violencia hacia las mujeres basada en género. Modificación a disposiciones del Código Civil y Código Penal. Derogación de los artículos. 24 a 29 de la ley 17.514), pero sin presupuesto y sin reglamentación efectiva, los derechos no llegan a las mujeres. Faltan equipos técnicos, refugios, capacidad instalada, dispositivos para agresores, apoyo psicológico especializado y programas que permitan a las mujeres construir autonomía económica. Cada carencia se traduce en riesgos concretos: cuando el Estado llega tarde, muchas veces ya es demasiado tarde. Y acá es importante decir algo que a veces se disimula: el sistema no «falla», elige. Y viene eligiendo hace siglos dejarnos para después.

 

Patria, Minerva y María Teresa Mirabal
Patria, Minerva y María Teresa Mirabal

La violencia, pareciera, tiene cada vez más manifestaciones (la violencia vicaria es cada vez más frecuente). ¿De qué forma analiza la situación actual en el país? ¿Con qué cifras actualizadas cuenta el PIT-CNT?

La violencia vicaria -cuando se utiliza a hijas e hijos para castigar a la mujer- está creciendo, y es una de las formas más crueles y con menos respuesta institucional. Pero no es la única. En Uruguay crecen las violencias económicas, que se agravan en un país donde la pobreza infantil supera el 32% y donde los hogares monomarentales están sobrerrepresentados; las violencias digitales, más rápidas que la regulación; las violencias vinculadas a la precarización laboral y a la desigualdad salarial, que siguen en torno al 25%. Todo esto está conectado: la violencia se sostiene en un sistema que concentra riqueza y que reparte desigualdad. Por eso, cuando miramos las cifras globales -las mujeres haciendo el 75% del trabajo no remunerado, la brecha de riqueza mundial de 105 billones de dólares al año, los 740 millones de mujeres sin acceso a una cuenta bancaria- entendemos que no hablamos solo de agresiones individuales, sino de un entramado económico y político que organiza la desigualdad. No es un descuido: es diseño, este sistema patriarcal está pensado para funcionar así, y funciona.

En Resolución del XV Congreso del PIT-CNT se aprobó el Protocolo de actuación de violencia de género y acoso sexual en el ámbito laboral y sindical. A grandes rasgos, ¿qué puede decirnos sobre su contenido? ¿Qué significa para la central obrera uruguaya contar con esta valiosa herramienta?

Es un hito para la central y para todo el movimiento sindical. Pone reglas claras: cómo se actúa, quién interviene, qué garantías existen, qué plazos se manejan; porque evita improvisaciones y asegura justicia y protección; porque reconoce que las violencias también ocurren en nuestras organizaciones y que no alcanza con condenarlas hacia afuera: tenemos que erradicarlas hacia adentro; porque entiende que la violencia es un mecanismo que limita la participación y el liderazgo de las mujeres, y por lo tanto afecta directamente la democracia sindical. Tener este protocolo es asumir que nuestros sindicatos deben ser espacios seguros, democráticos, igualitarios y libres de violencia. No hay coherencia posible si reclamamos derechos para afuera pero no los garantizamos en casa. Por eso, el 25N no es una fecha más. Es memoria, es denuncia y es organización. No queremos sobrevivir: queremos vivir con derechos, con salarios dignos, cuidados garantizados y un Estado a la altura. No nos alcanza con que «no falle».

LAS MARIPOSAS

Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960 en República Dominicana por orden del dictador Rafael Trujillo. Capturadas cuando regresaban a casa después de visitar a sus parejas en la cárcel de Puerto Plata, un grupo de agentes las interceptó. Las golpearon y arrojaron el jeep en el que viajaban a un barranco para que se interpretara que habían sufrido un accidente automovilístico. En su memoria y durante el primer encuentro feminista en 1981, en Bogotá, Colombia, las organizaciones de mujeres de América Latina y el Caribe eligieron la fecha para promover el reconocimiento mundial de la violencia de género. Además, se fundó la Casa Museo Hermanas Mirabal, donde las hermanas pasaron sus últimos meses. En 1999, la 54º sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación contra la Violencia contra la Mujer. Las hermanas Mirabal eran conocidas por el pueblo dominicano como Las mariposas. Ellas y sus esposos, en ese momento encarcelados, eran parte del “14 de junio”, movimiento clandestino de resistencia a la sangrienta dictadura que desde hacía 30 años encabezaba Trujillo. El repudio a su asesinato fue el principio del fin para la dictadura dominicana. Hay versiones de que ese nombre lo recibieron en el contexto de uno de los encarcelamientos que Minerva y María Teresa sufrieron en represalia por su lucha contra Trujillo. Otras hablan de que ese apodo era previo y que tenía que ver, sobre todo, con que trataban de no nombrar a Minerva directamente en las reuniones que se hacían en su casa para discutir política nacional, para intercambiar con sus compañeros de universidad y del campo. Las hermanas Mirabal son hoy heroínas de su tierra y bandera del mundo desde que el Movimiento Feminista de América Latina y luego las Naciones Unidas las reconociera. Su militancia, su vida y su cruel asesinato las convirtieron en un símbolo de la lucha contra todas las formas de violencia por motivos de género.