Primavera en Madrid. Una brisa hace agradables los 27º del exterior. Travesía del Arenal 2. En librería La Mistral todos los detalles están contemplados. El escritor español Eloy Tizón será el anfitrión. Carlos Omar Jury estará a cargo de las lecturas. En minutos, Leonardo de León presentará El santo horror (Eolas Ediciones) frente a un auditorio ávido por escucharlo.

Luego de haber presentado esta obra en Minas, el escritor emprendió este periplo por España. En Valencia, en librería Imperio luego en La Mistral, Madrid, en la que el escritor argentino Eduardo Sacheri había presentado «Demasiado lejos», novela centrada en la Guerra de Malvinas y especialmente sobre las huellas que el conflicto bélico dejó en la sociedad argentina.

Tecnología mediante y generosidad de por medio de parte de los integrantes de librería La Mistral de Madrid, Primera Página Dominical participó de la presentación. Corresponde agradecer a su personal por habernos provisto de audios e las imágenes que ilustran el presente artículo, con una receptividad y celeridad dignas de elogio.

Nuestro coterráneo afirmó que escribir «es una actividad con vocación negativa, que se abre paso» y que el acto creativo consiste en «dinamitar lo que entendemos por creatividad», porque es «solamente ahí, procurando minar las cosas, cuando eventualmente puede aparecer algo nuevo», más allá de que «nunca aparece del todo, como lo explicaba Borges».

LA VIDA ENFERMA

Para De León, la literatura «siempre tiene algo para decir, sobre cualquier cosa», más allá de admitir que «hacerla es complicado» y, al mismo tiempo, «fascinante». Entre otros libros, es autor de «La vida enferma» y como tal manifestó que «puedo decir con conocimiento de causa que la literatura cura, aunque enferme. Hay un término que utilizaban los griegos, y que a mí me gusta mucho porque alude tanto al remedio como a la enfermedad», porque «considero que la literatura es algo así».

Citó al escritor español Juan José «Juanjo» Millán, «que me gusta mucho y al cual ahora mismo estoy leyendo mientras hago este viaje. Él dice que la literatura es un bisturí eléctrico que abre la herida a la vez que la cauteriza. Es una buena metáfora y creo que ahí, digamos, otra vez desde el punto de vista cuántico y dialéctico, los opuestos secretamente aparecen reconciliados y uno sufre a la vez que se cura».

Sobre esta obra y desde su experiencia, compartió: «Yo me he curado de obsesiones escribiendo, de ciertos pensamientos oscuros luego de trabajarlos obsesivamente y no con menos oscuridad, a lo largo de mucho tiempo. Eso ha hecho que queden totalmente anulados, al menos por ahora, porque no quiero cantar victoria, pero llevo invicto muchos años respecto a algunas deficiencias o falencias de salud psíquica que me aquejaban en algún momento».

En el marco de la charla se habló tanto del soneto, del soneto occidental, del soneto clásico y del haiku oriental. Nuestro escritor expresó que, a la hora de escribir, «la tensión siempre viene bien» porque, por ejemplo, «el placer es tenso, el deseo, todos sabemos que está habitado por una no realización» y que en tanto se realiza, «siempre se desplaza hacia otro lado y esa tensión de mantenernos un poco insatisfechos o un poco hastiados por haber conseguido lo que queríamos, es un poco la naturaleza misma del drama humano. La estética también es tensa», apuntó.

BORGES, SIEMPRE BORGES

Leonardo De León reconoció que «me viene bien hablar del soneto, porque el primer poema que escuché alguna vez fue un soneto», agregando que lo leyó su profesora de literatura «cuando tuve mi primer curso de esta asignatura como alumno en el Liceo Fabini de Minas. Y esa profesora, que luego fue colega, cuando yo volví con el profesorado realizado, sin hacer demasiadas presentaciones, leyó un soneto de Borges que aún recuerdo. Aún puedo acordarme de algunas estrofas de aquel soneto: ‘Bruscamente la tarde se ha aclarado, porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa que, sin duda, sucede en el pasado’».

Si bien «no entendí demasiado cuando leí eso o cuando lo escuché», sintió «la fuerza estética de esa estrofa. ‘Cae o cayó...’ Evidentemente, Borges estaba tomando la lluvia presente para mostrarnos el viaje de la conciencia, el viaje proustiano que tiene el personaje de Marcel en busca del tiempo perdido al mojar la magdalena en el té. Lo mismo tiene él frente a la lluvia. Es una cosa que, sin duda, sucede en el pasado».

A continuación «viene una segunda estrofa que para mí es más débil, pero él tiene que completar el soneto, y por lo tanto tiene que restringirse a las normas del soneto -un formato poético de catorce versos, catorce líneas, cada una con once sílabas, rimando estos versos entre sí y habitualmente separadas en doce estrofas de cuatro y dos de tres, que suman esos catorce versos-. Y dice Borges: ‘Quien la oye caer ha recobrado el tiempo en que la suerte venturosa le reveló una flor llamada rosa y el curioso color colorado’. Bueno, no es tan buena como la primera estrofa, funciona, sigue el esquema métrico y rítmico que había planteado. En el Río de la Plata no decimos colorado, decimos rojo, Borges lo sabía, pero evidentemente colorado rimaba y funcionaba, y él compensa la debilidad de la estrofa aliterándola y repitiendo ese sonido, y el curioso color del colorado».

Finalmente, cuando llega al siguiente verso, «da un giro: ‘La lluvia que sigue en los cristales alegrará perdidos arrabales, las negras uvas de una parra en cierto patio que ya no existe, la mojada tarde me trae la voz, la voz deseada de mi padre que vuelve y que no ha muerto’. «Ese soneto es impresionante», analizó el escritor y docente minuano, porque «empieza hablando de la lluvia y acaba hablando del padre. Ahí tienes un portal cuántico, si quieres, que es la asociación secreta de las ideas dentro del mundo cuántico de nuestra conciencia». Por ese motivo, afirmó que el soneto es un formato «que me signó», aunque «no lo sabía en ese momento y ahora, retroactivamente, me doy cuenta».

IMPLOSIONAR

Leonardo siente que aquel primer poema «fundó en mí una serie de preocupaciones vinculadas al ritmo, a la forma, a la restricción, y también al juego, porque tiempo después, estudiando la forma del soneto, di con un ensayo de José Carlos Mariátegui, ensayista peruano de corte marxista, quien tiene un pequeño ensayo que él llama el anti soneto» y quien afirma que «después de las vanguardias, el soneto quedó como una forma llamada a ser dinamitada desde adentro», agregando que «no era cuestión de traer otra cosa en verso libre para sustituir la hegemonía del soneto, que aquí en España en el Siglo de Oro se escribió como nunca más se escribirá con Luis de Góngora y Francisco de Quevedo como ilustres representantes», sino que, por el contrario, lo que hay que hacer es «introducir un caballo de Troya dentro del soneto y como en un trabajo de polilla, dinamitarlo y renovarlo desde adentro, tal vez obedeciendo la forma, pero haciéndolo implosionar». Al leer aquel concepto, se preguntó: «¿Qué puede hacer esta máquina llamada soneto? ¿Qué puede aguantar?». De ahí fue que «aparecieron juegos, utilizar la técnica de Stanton, que es nuestro idioma, es tratar de verbalizar sustantivos». Fue así que, en una ocasión «se me ocurrió: cuando me otoño, tú me primaveras y me praderas mientras me colinas, te barco entera cuando me marinas, te viento fuerte si me cordilleras. Esa era una manera de hacer explotar Troja respetando sus parámetros métricos», continuó.

INCOMODIDAD Y TENSIÓN

Refirió a un prólogo de Edvard Munch en el que señala que «la belleza es la inminencia de una revelación que no se produce. Ahí tienes tensión absoluta, hay algo asomando en el horizonte, algo que nos convoca. Parece que es algo grande, que no tenemos lenguaje para decirlo» y cuando «estamos a punto de capturarlo, se esconde otra vez. Y, por lo tanto, la belleza es la que nos lleva a ese límite de tensión o, como decía el propio Rainer Rilke, hay profundas solidaridades cuando estos sujetos se ponen a hablar sobre poesía. Rilke decía que la belleza es ese momento en que lo terrible todavía es soportable».

«Cuando escribo, desde luego que no escribo cómodo», expresó Leonardo de León en librería La Mistral de Madrid. «Siempre escribo tenso porque me invento juegos que me llevan al límite dentro mismo de estas posibilidades. Pero sí que busco mis límites, porque escribir del límite para este lado, ya más o menos sé cómo se hace, lo hace mucha gente, y de hecho lo hace mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. Entonces mi lugar es, evidentemente, un lugar limítrofe, por lo menos desde el punto de vista intelectual y del manejo del lenguaje». Es ahí donde «creo que tenemos alguna chance de que ocurra la inminente revelación que, finalmente, claro está, no se producirá», expresó Leonardo de León en parte de su alocución en librería La Mistral, en Madrid.

MULTITUDES EN EL CORAZÓN

En su cuenta de Instagram escribió:

«Gracias a todos los amigos que anoche me acompañaron en la presentación de ‘El santo horror’ en Librería La Mistral.

Hablar largo y tendido de literatura con mi maestro Eloy Tizón fue como un evento de otra dimensión, a través del espejo. Gracias a Carlos Omar Jury por su cálida lectura.

Gracias a la abnegada María Inés Volpe de De cuatro hojas por todo el trabajo, y a Viktor Gómez Ferrer Valentinos y Eolas Ediciones por confiar en el libro.

Me voy con multitudes en el corazón.

Todos sonríen. Todos saben que nos volveremos a ver. ¡Hasta la vuelta!

Pd: las fotos son de Vicente Fernández Almazán, un tipo genial».