El fin de semana que viene llegará a la costa de Gaza la Global Sumud Flotilla, formada por unos 50 barcos y veleros pequeños, que se proponen algo que nadie ha podido o más bien, los que podrían haberlo logrado no lo han querido: el fin del inhumano bloqueo por parte de Israel sobre Gaza, donde casi dos millones de palestinos luchan por sobrevivir en medio de bombardeos, ataques de todo tipo y un bloqueo israelí que impide la entrada de suministros básicos para asegurar la vida de los civiles que viven allí.
La Global Sumud Flotilla es internacional aunque no la apoye formalmente ningún gobierno. En ella participan ciudadanos de 44 naciones. Entre ellos tres uruguayos: Ana Zugarramurdi (capitana de larga experiencia en el mar), Rodrigo Ciz y Romina Gallini, una cocinera naval graduada que estaba trabajando en el Mediterráneo cuando decidió sumarse a la flotilla.

Israel ya se apresuró a a decir que la flotilla, que busca romper el bloqueo de Israel, “es apoyada por Hamas”, lo que de hecho significa que considera a quienes viajan en ella (entre ellas la activista política y ambiental sueca Greta Thunberg) como terroristas.

Ni a Greta la apoya su país, Suecia, ni a los tres uruguayos los apoya el suyo, Uruguay. Nuestro gobierno se ha caracterizado por una tibieza rayana en la complicidad con Israel. Y si uno se toma la molestia de buscar en Google a la Global Sumud Flotilla, el primer resultado es un sitio de internet del gobierno de Israel que intenta ensuciar y desprestigiar a esta iniciativa. Israel ha pagado decenas de millones de dólares a Google para intentar manipular la información sobre la flotilla, sobre el genocidio que comete, sobre la barbarie que provoca.

En Uruguay, como es tradicional, no le damos importancia a este tema. O al revés: le damos pantalla, apoyo y micrófonos a quienes apoyan uno de los mayores genocidios de la historia. Hace tan sólo un día o dos, el senador nacionalista Javier García proponía realizar en el Parlamento una reunión, “alarmado” por “el crecimiento del sentimiento antisemita” en nuestro país.

Como García sabe más que bien -de tonto no tiene un sólo pelo-, lo que crece en Uruguay y en el mundo entero, de manera ya casi tsunámica, es el antisionismo. El mundo sabe más que bien ahora distinguir entre judíos y sionistas, aunque el propio estado de Israel intente por todos los medios a su alcance identificar al judaísmo con el Estado de Israel y su política racista, genocida y de apartheid. El mundo está lleno de judíos que se oponen al genocidio y de hecho aquí mismo, en Uruguay, más de 70 conocidas personalidades judías firmaron una carta reclamando que nuestro gobierno rompa relaciones diplomáticas con Israel por el genocidio del pueblo palestino que lleva adelante.

Quizá quienes están luchando por la paz y por el fin del genocidio, ya estén llegando tarde. Es difícil comprender cómo todavía resisten en Gaza y la Cisjordanía ocupada. Quizá este genocidio, como antes el holocausto judío y el genocidio armenio, ya no se puedan detener. Sería una de las mayores derrotas de la humanidad en el último siglo.

No obstante, es hora de redoblar esfuerzos. Por la paz, por la vida, por la humanidad. Porque nuestros nietos nos preguntarán en el futuro qué estábamos haciendo mientras se estaba cometiendo el genocidio del pueblo palestino.

Y terminamos con una pregunta para el senador Javier García: los 78 activistas judíos uruguayos (entre ellos Alicia Migdal, Alma Cohn, Mónica Wodzislawski, el músico y escritor Leo Maslíah y Alejandro Jorysz) que firmaron una proclama reclamando romper relaciones diplomáticas con Israel y se oponen el genocidio, ¿son antisemitas?