Año 1979. En Santiago de Cuba, dos jóvenes van sentados en una “guagua”, un ómnibus de transporte colectivo.

Federico y Esteban (1) tienen poco más de veinte años de edad, pero mucha vida encima. Son uruguayos y tupamaros. Salieron desde Uruguay siendo poco más que adolescentes, en el marco del descalabro del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) en la primera mitad de la década de 1970, y pasaron por Argentina y Chile -desde dónde debieron salir con el golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende- y hasta por Suecia, hasta llegar a vivir a Cuba, donde fueron acogidos por el gobierno y por el pueblo del país caribeño.

Ambos son trabajadores industriales. En la guagua, como casi siempre cuando vuelven de trabajar, hablan de política, y el tema excluyente en la política, en esos años, es la revolución sandinista en Nicaragua, que busca derrocar a una de las dictaduras más añejas y sangrientas de la historia continental, encabezada por Anastasio Somoza Debayle, “El Tachito” Somoza.

La dictadura somocista tiene un inmenso poder, y una inmensa riqueza. “Tachito”, graduado en la más famosa academia militar de Estados Unidos (EE.UU.), West Point, es presidente, jefe supremo de la Guardia Nacional, entrenada, armada y asesorada por décadas por el ejército de EE.UU., y dueño de la que se dice es la mayor fortuna de América Latina. La familia Somoza, en el poder desde la década de 1930, es dueña de la mitad de las tierras del país, de los ferrocarrilles, de todo o de casi todo. Las cosas no están fáciles para el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que goza de un fuerte apoyo popular, pero de muy poco poderío militar.

Los tupamaros uruguayos, desde Santiago de Cuba, comentan sobre la brigada internacionalista formada recientemente por el panameño Hugo Spadafora, quien renunció a su cargo como viceministro de Salud del gobierno de su país para combatir contra Somoza.

TODO COMENZÓ CON UNA CARTA

Los uruguayos también sueñan con combatir junto a los sandinistas para derrocar a la dictadura somocista. Y deciden, en ese viaje en ómnibus, escribir una carta al propio FSLN, ofreciendo lo único que tienen, sus vidas, por la libertad en un país que nunca han pisado.

Hacen circular la carta, que finalmente es firmada por poco más de una treintena de uruguayos en Cuba, y que es entregada al FSLN. Este decide aceptar el pedido de los uruguayos, y al mismo tiempo solicita al gobierno de Cuba apoyo para que los internacionalistas puedan llegar a tierras nicaragüenses.

El gobierno cubano acepta brindar este apoyo, y convoca, en el primer semestre de 1979, a parte de estos uruguayos, para que reciban entrenamiento y luego viajen a Nicaragua, a luchar.

Fernando Mazzeo, uno de esos uruguayos, tenía entonces poco más de 20 años. Recuerda en una entrevista con Primera Página que en principio fueron once los convocados, “algunos con alguna preparación militar previa, otros con ninguna”. Cinco de ellos fueron asignados a la sanidad, al puesto sanitario del Frente Sur al que iban a ir los uruguayos en Nicaragua, “de ellos dos compañeras, que es lo que más destaco porque las dos fueron unas fieras, ‘Natasha’ y ‘María’”. Además, había un estudiante de primer año de Medicina.

En total, viajaron a Nicaragua 52 uruguayos. A los once iniciales, a la semana se agregaron al entrenamiento otros 20 hombres, y una semana después se incorporó el resto. Sólo el último grupo tuvo unos días más de preparación. La mayoría de ellos entrenaron unos pocos días, quizá una semana o poco más, en el uso de fusiles, ametralladoras, morteros y cañones sin retroceso.

Los uruguayos fueron visitados más de una vez por Fidel Castro. Este se interesaba por el más mínimo detalle. Les aconsejaba cómo cuidar el equipo y el calzado, les consultaba por cuestiones de salud, les recomendaba a quienes usaban lentes llevar al menos dos pares de ellos, porque en la guerra era muy fácil que se rompieran. Para casi todos esos uruguayos, que vivían en Cuba, sería la única vez en sus vidas que verían a Fidel personalmente.

De los combatientes que llegaron a Nicaragua, la inmensa mayoría eran militantes tupamaros, y tres comunistas, entre ellos Iván Altesor y su hermano Héctor, “El Meme”, el único uruguayo que cayó en combate en Nicaragua.

“LOS CHIGÜINES” Y “LOS CHAPUS”

Los tres grupos viajaron por separado, vía Panamá y Costa Rica, para ingresar allí a Nicaragua, a combatir en el llamado “Frente Sur”, tomando como base la localidad nicaragüense de Peñas Blancas, en la frontera con Costa Rica.

El primer grupo llegó a fines de mayo, y en las semanas siguientes fue llegando el resto.

“Había mucho más corazón que preparación militar, y había que ir porque era necesario. Había una desesperación por parte de los nicaragüenses, una necesidad desesperada de ayuda”, cuenta Fernando.

El Frente Sur, en el que combatieron los uruguayos junto a otros extranjeros y muchos nicaragüenses, jugó un papel crucial en las últimas semanas de la guerra revolucionaria contra Somoza, ya que sirvió para mantener ocupada a buena parte de las tropas de élite de la Guardia Nacional, mientras el FSLN desarrollaba una ofensiva más grande e importante en el norte del país.

No fueron muchos días de lucha. Los primeros uruguayos llegaron a fines de mayo de 1979, y con la ofensiva final sandinista iniciada entonces, se dio la entrada triunfal del FSLN a Managua fue el 19 de julio del mismo año. No obstante, para los combatientes fue una eternidad. “En realidad, combatiendo estuvimos unos días, pero no había noción del tiempo, nos pareció una eternidad. Recién ahora, con toda la información, me doy cuenta del poco tiempo que fue. Fue muy intenso. Vimos gente llorando, preguntándose cuándo iba a dejar de llover, y gente preguntándose cuándo iban a dejar de tirarnos bombas, con morteros, o desde los aviones. No teníamos una buena preparación. Murió mucha gente, mucha gente joven. Nosotros tuvimos la mala suerte de que murió un compañero nuestro en combate, pero podrían haber sido muchos más. Tuvimos como diez heridos”. El muerto, en un combate, fue Héctor “Meme” Altesor, hijo de Alberto Altesor, histórico dirigente sindical y comunista uruguayo.

Los sandinistas y combatientes uruguayos llamaban “los chigüines” a los integrantes de la Guardia Nacional somocista. Y estos llamaban “los chapus” a los rebeldes. Eso, en referencia a “los chapuceros”, “porque no teniamos la preparación militar adecuada”, dice Fernando. “Además, aquéllo no era una guerra de guerrillas, porque de ser así habríamos podido sacar alguna ventaja, ni era tampoco una guerra regular. Ellos pasaban de un lado a otro de la línea del frente imaginaria cuando querían hacerlo, y nosotros igual, podíamos pasar cuando queríamos al otro lado. De hecho, pasaban mucho más ellos que nosotros”.

El Frente Sur también cumplió un papel importante desde el punto de vista internacional. Según Mazzeo, “en ese momento fue posible crearlo, con combatientes internacionalistas, porque la dictadura somocista había perdido el apoyo del gobierno de Estados Unidos, luego que habían asesinado a un periodista estadounidense. Ya desde antes, la lucha antisomocista contaba con el apoyo de Costa Rica con el gobierno de Carazo, y del gobierno panameño de Omar Torrijos, de Venezuela con Carlos Andrés Pérez. Todo eso hizo que se pudiera formar un corredor por el que llegaron las armas y muchos combatientes”.

Claro, la Guardia Nacional utilizaba armas y municiones provenientes de EE.UU., pero el gobierno de ese país ya no apoyaba formalmente, ni públicamente, a la dictadura, como lo había hecho, más o menos abiertamente, por décadas.

Luego de unas semanas de lucha, se logró la caída de Somoza. El Frente Sandinista, triunfante, entró a Managua, capital nicaragüense, y con los guerrilleros sandinistas entraron también los combatientes internacionalistas uruguayos, que poco tiempo después volvieron a sus hogares y países que los habían acogido en el exilio.

Una de las cosas más extrañas de este episodio de la historia de Nicaragua y Uruguay, es que es muy poco conocido.

Por un lado, los participantes nunca quisieron recibir reconocimientos, ni protagonismo. En el caso de Fernando Mazzeo, entrevistado por Primera Página, su historia como internacionalista fue conocida por su familia recién en el año 2013, cuando en realidad él había vuelto del exilio en 1985. “Nuestra participación -dice Fernando- no fue un fin en sí mismo, sino una escala más del periplo del exilio. Estamos seguros de que muchísima gente que hubiese estado en nuestro lugar, habría hecho exactamente lo mismo. No hay una cosa excepcional, extraordinaria; mucha otra gente, de la que estaba presa, de la que estaba clandestina en Uruguay o en el exilio, de haber tenido la oportunidad, hubiese hecho lo mismo”.

MEME ALTESOR

En julio de 2025 se le puso el nombre de Héctor "Meme" Altesor a un espacio libre en la calle Shakespeare entre Bulevar Aparicio Saravia y Camino Coronel Raíz, en Montevideo, luego de una decisión de la Junta Departamental de ese departamento. En el emotivo acto estuvieron presentes familiares de Héctor Altesor así como allegados y compañeros de militancia del uruguayo caído en combate en Nicaragua, en 1979.

Espacio Héctor "Meme" Altesor en Montevideo, julio de 2025
Espacio Héctor "Meme" Altesor en Montevideo, julio de 2025

UNA Y MIL VECES

Más de 40 años después de que más de medio centenar de uruguayos participaran, como combatientes internacionalistas, en la lucha contra la dictadura somocista en Nicaragua, se está terminando de hacer una película documental que cuenta esa historia, llamada “Una y mil veces”.

Esto fue posible porque unos pocos de esos excombatientes internacionalistas decidieron, hace unos años, comenzar a registrar la memoria de los sobrevivientes, a través de entrevistas grabadas en video, que Fernando Mazzeo comenzó a hacer junto a uno de sus hijos. “En realidad, ahora muchos de ellos aceptaron ser entrevistados y dar a conocer su participación

en la lucha sandinista porque quieren -cuenta Fernando- que quede como un ejemplo más de lo que recibimos de los uruguayos que combatieron en la Guerra Civil Española”.

En la localidad de Santiago Vázquez, cercana a Montevideo, existe una placa que recuerda a los más de 80 uruguayos que combatieron por la República en la Guerra Civil Española, en la década de 1930, en contra del levantamiento fascista encabezado por el general Francisco Franco, apoyado por la Alemania nazi y por el gobierno fascista italiano liderado por Benito Mussolini.

“Yo hice varias entrevistas para este documental. Y no hubo ni uno sólo que no mencionara el ejemplo que habíamos tenido de los uruguayos que combatieron al fascismo en la Guerra Civil Española. Entonces, eso es lo que queremos que quede. Casi un centenar de uruguayos combatieron por la República en España, hay una plaza en Santiago Vázquez que los homenajea. El año pasado hicieron un recordatorio, con una torta gigante que regaló el panadero de la localidad. Eso quedó en la memoria del pueblo uruguayo”.

En el año 2022, el argentino Ernesto Fontán, director de cine, realizaba en Europa una gira para promover su primera película, el documental “Tarará”, que narra la historia de la ayuda sanitaria que Cuba brindó a más de 26 mil niños ucranianos afectados por el desastre nuclear de Chernobil, cuando el país caribeño atravesaba una de las peores crisis económicas de su historia.

El uruguayo José Pommerenck, residente en Catalunya y uno de los impulsores del proyecto, fue a una presentación del documental en Barcelona, y luego de ella logró reunirse con Fontan. Le contó de la historia de los uruguayos en Nicaragua, le dijo que ya había entrevistas grabadas, le éntregó una carpeta con el proyecto y le ofreció participar en él, como director, ya que no tenían ninguno. Ernesto aceptó, y desde entonces trabajó junto a Tatiana, su esposa y productora, y un pequeño grupo de profesionales argentinos, para hacer realidad el documental " Una y mil veces", título que alude a la respuesta que dio uno de los excombatientes uruguayos cuando fue interrogado en la película acerca de si arriesgaría otra vez su vida para apoyar la lucha del pueblo nicaragüense.

El trabajo fue largo, arduo, a pedal y a pulmón, porque la financiación parcial obtenida inicialmente por parte del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) argentino se desvaneció con la hiperinflación, la devaluación y el corte del financiamiento del gobierno de Milei, que asumió en diciembre pasado.

El trabajo fue además difícil, porque los excombatientes están diseminados por el mundo, e incluso en Uruguay viven en lugares de no tan fácil acceso. La producción incluyó viajes desde Argentina a Uruguay, a Costa Rica, Nicaragua -estuvieron en la localidad de Peñas Blancas- y a Catalunya.

A Fontán, según contó a Primera Página en una entrevista telefónica, le asombró “la simpleza total en la gente” que entrevistó. “Cualquiera de ellos podría haber sido mi viejo”, dice. Le asombró el nivel de solidaridad y entrega que encontró, y una frase de uno de ellos le quedó grabada para siempre: “Lo único que tenía para ofrecer (a Nicaragua) era la vida”. Y así lo hicieron.

El documental tuvo su preestreno en Montevideo, con la presencia de muchos excombatientes uruguayos y de sus familiares, en Cinemateca.

(1) Los nombres son ficticios