Maestra, militante política, integrante del grupo fundacional del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), Elena Quinteros fue detenida por integrantes de las Fuerzas Conjuntas de la dictadura uruguaya el 26 de junio de 1976 y llevada al centro de detención 300 Carlos, dependiente de la División de Ejército I, en la avenida de las Instrucciones 1925, en Montevideo. Medio siglo después, bajo la dirección de Aldo Novick, se exhibirá en Cine Doré de Minas el documental que lleva su nombre.

Las funciones serán el viernes 6 y el lunes 9 de noviembre, a las 19:30 horas. El viernes 6, además, se realizará una conferencia de prensa con la presencia de Cecilia Manzione y de Leticia Burgueño, integrantes de la organización Todos Somos Familiares Lavalleja, y del director del documental, Aldo Novick, a quien entrevistamos.

 

Elena Quinteros
Elena Quinteros

DECIR SIN DECIR

Su actividad, en principio, estuvo vinculada a la música, más allá de que “luego empezamos a hacer cosas antes del golpe de Estado con algunos grupos uruguayos y comenzamos nuestro primer programa de radio en plena dictadura, pensando en cómo había que ingeniárselas para saber qué podíamos pasar y qué no podíamos pasar por todo el tema de la censura. Fuimos aprendiendo a cómo decir sin decir. Con el tiempo, con la generación del canto popular, empezamos a organizar espectáculos contra la dictadura, contando con el apoyo de CX30, de Germán Araújo”.

Esa actividad lo contactó con artistas y con grupos del exterior, con un elenco de jazz que participó del Festival de Jazz de San Pablo “y que nosotros organizamos acá. Nos fuimos fortaleciendo con toda la generación del canto popular, empezamos a editar publicaciones, nos vinculamos inmediatamente a la revista Guambia, que tuvo mucho éxito de venta y, paralelamente, los espectáculos nos fueron llevando, por ejemplo, a organizar, en plena dictadura, a Soledad Bravo, y a sufrir la prohibición en tres oportunidades de Quilapayún, el grupo chileno. Pero algunos artistas entraban y pudimos hacer Isabel y Ángel Parra”.

ESPECTÁCULOS Y FOTOGRAFÍA

A partir de 1985 se planteó la organización del espectáculo del Frente Amplio, en el Estadio Centenario. “Primero nos miraban como diciendo: este muchacho está delirando... Ese delirio se convirtió en 70.000 personas en el estadio. A partir de ese momento, con la apertura democrática, si bien fui una persona que estuve militando contra la dictadura, identificada con el Frente, decidí dedicarme profesionalmente a editar publicaciones, a hacer espectáculos, siempre con una importancia cultural, reflejada en los artistas de la generación del canto popular -con el único artista con el que trabajamos 10 años fue con Daniel Viglietti-”, sumado a figuras como Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat o Caetano Veloso, artistas con un marcado compromiso político. “Cuidábamos la parte cultural y también la cabeza de los artistas, porque muchas veces arriba del escenario decís una cosa y abajo otra”, reflexionó.

Desde los 15 años, la fotografía es parte importante en su vida. “Si bien tuve mi primera cámara réflex en el año ‘76, mis primeras fotos fueron con Eduardo Mateo, Charly García y el grupo inglés Génesis”.

A fines de los ’80, Novick fue fotógrafo de Amnistía Internacional en la gira que la organización realizó por América del Sur, donde trabajó arriba del escenario con Sting, Peter Gabriel, Bruce Springsteen y Tracy Chapman, habiéndose contactado también con Rubén Blades y, a través de las compañías discográficas con Queen, AC/DC y James Taylor en el marco del Rock en Río. A nivel televisivo, produjo espectáculos reproduciendo el formato de MTV, con Caetano Veloso como protagonista.

Cuando Enrique Espert tuvo un conflicto con Francisco Paco Casal y con la empresa Tenfield, fue convocado y “en 25 días montamos un equipo de 35 personas con un móvil privado y con una grúa e hicimos la transmisión de cuatro espectáculos por noche durante 30 días en el Teatro Verano con el Carnaval Oficial, lo que nos brindó un traqueteo muy grande”.

DOCUMENTALES

El primer documental que realizó Aldo Novick fue el de la reserva natural Salus, luego fue convocado por Casmu, en tiempos de pandemia y puntualmente sobre el recordado despliegue realizado en el barco Greg Mortimer en el puerto de Montevideo. Capítulo importante en su trayectoria es el trabajo que dedicara al gallego Manuel Capella, “que rodamos adentro de la fábrica Funsa con un montón de artistas. Con ese trabajo ganamos el Graffiti al Mejor Documental del Año. Era la historia de un músico exiliado. A través de las cartas que tenían los amigos, que Manuel escribía del exilio, hicimos el guion. Fue un desafío porque Manuel no fue Zitarrosa, no fue tan conocido, pero sí tenía un valor humano muy grande y era muy querido en todo el mundo”.

El doctor Marcos Carámbula lo convocó para realizar el documental dedicado a Germán Araújo, exhibido en su momento en Cine Doré. “Había que intentar hacerlo viable. Ellos no habían podido hacerlo. Hacer viable un documental es basarse en la parte cultural, social y política -si tiene un contenido político- y trabajar pensando en que quizás no cobremos un mango -lo razonable es que todo el mundo que trabaja en el documental cobre, nosotros también-. Ese documental fue el más visto el año pasado en el cine uruguayo y estuvo tres meses en cartel”. En este trabajo “se habla sobre los desaparecidos, sobre los presos y todo lo que hacía Germán desde su radio. Contamos la historia de la madre de un desaparecido, quien le envió una carta a Germán diciendo que era el día del cumpleaños de su hijo. Germán dijo al aire: si no leyera esta carta, sería como traicionar a mi propia madre”. El documental fue musicalizado con canciones de Eduardo Darnauchans y de Rúben Blades.

ELENA QUINTEROS

Mientras trabajaba en el documental sobre Germán Araújo, Aldo Novick ya tenía en mente realizar un trabajo similar sobre Elena Quinteros, al cumplirse los 50 años de su desaparición y comprendiendo que “Elena es un referente entre todos los desaparecidos”.

En la época de Guambia, “cuando empezaron a llegar los exiliados, se sumó a trabajar una compañera que venía del exilio. Su esposo era el contacto que Elena Quinteros tenía en Pocitos antes de su desaparición. De eso nos enteramos 20 años después”.

Se vinculó con Sara Méndez y con Raúl Olivera y “comenzamos el proceso de investigación con periodistas, con familiares de desaparecidos y buscando información seria y segura, porque todo lo que se cuenta en el documental es seguro”. Se registraron imágenes en Buenos Aires, donde funcionó Automotores Orletti -centro clandestino de detención, tortura y exterminio- “y nos costó ingresar al 300 Carlos, que está dentro de un batallón, pero logramos hacerlo”.

TESTIMONIOS

El documental recorre la vida de Elena Quinteros desde niña. María Elia Topolansky aporta su testimonio ya que “la conoció siendo adolescente porque fueron compañeras de un colegio de monjas, compartieron campamentos y hacían autostop, por lo que tenía una visión de Elena que no tenía nadie. Después se encontraron en la cárcel de Cabildo, cuando fueron apresadas”. También aportaron su relato compañeras de magisterio, como Sara Méndez y María Selva Echagüe y su esposo. “Tota Quinteros vivió ocho años en la casa de los Echagüe. El doctor Pablo Chargoñia aporta mucha información, muy clara y concreta, en un lenguaje que entiende todo el mundo, pero, claro, desde la visión de un abogado, junto con el relato de dos periodistas, Roger Rodríguez y Alberto Silva, muy relacionados al tema de los Derechos Humanos desde hace décadas”.

Una parte del documental fue ficcionada, convocándose para ello a actrices de la Comedia Nacional, de Teatro El Galpón y del teatro independiente.

En el documental participa también María Bellizzi, con sus 102 años, madre del desaparecido Andrés Humberto Bellizzi Bellizzi.

La música, compuesta para este trabajo, tiene un rol preponderante: “quedamos fascinados, los músicos hicieron un excelente trabajo; un pianista toca piano de cola e intervienen un cellista, una violinista y un percusionista”.

EN EL INTERIOR

El entrevistado destacó la importancia de contar en el interior del país con salas como las de Cine Doré y con la disposición de su propietario, José Luis López. “Los espacios culturales, en general, son muy importantes, porque a veces la cultura tiene las puertas cerradas y no cuenta con el apoyo económico que debería tener. La izquierda siempre se basó en la cultura de nuestro país, desde 1971, pero después los políticos se olvidan de muchas cosas. Mantener un cine como el Doré, es una cuestión que viene de familia y que no es para nada fácil de lograr. A esos lugares culturales hay que conservarlos y apoyarlos, en este caso concurriendo al cine. Para mí, la imagen es muy importante, al igual que el audio. Yo puedo ver Netflix en casa, en un televisor de 65 pulgadas, con un buen equipo de audio, pero cuando voy al cine, cuando voy a Cinemateca, la historia es diferente, no es la mismo. El cine reúne las condiciones técnicas de audio, porque nosotros entregamos un DCP, un archivo especial, con una máquina que sale cara, y tiene la intimidad para escucharlo y verlo en una buena pantalla. El retorno que uno recibe es completamente diferente, lo que hace que uno aprecie cosas que no lograría apreciar en un televisor y en una casa de familia”, afirmó.

El documental tiene una duración de 128 minutos y será exhibido el viernes 6 y el lunes 9 de noviembre, a las 19:30 horas, en Cine Doré. “Para nosotros es muy importante la concurrencia del público, más allá de que las entradas, de lo que nos corresponde a nosotros y que nos ayuda a terminar de financiar el documental y a poder financiar otros proyectos. Es importante que la gente vaya a interesarse, que la juventud concurra, que escuche cuál es la historia que nosotros vamos a contar sobre Elena Quinteros. Acabamos de llegar de una gira por Mercedes, Paysandú y Salto, con la participación de mucha gente veterana y también de jóvenes que preguntan cosas. En Cinemateca, un estudiante de 20 años me preguntó dónde podía informarse en profundidad sobre el Pacto del Club Naval. Esas inquietudes son importantes, máxime en lugares donde de repente no existen las facilidades que puede tener un estudiante de Montevideo. Contar con la oportunidad de ver el documental y de informarse, de que los mayores motiven a los más jóvenes a que vayan al cine, es fundamental. En Mercedes participaron tres generaciones de una misma familia. Eso es importantísimo, que la gente que vivió aquella etapa, que hoy son abuelos, vayan con sus hijos y con sus nietos para tratar estos temas que deben mantenerse vivos”.

En la presentación realizada en Mercedes “nos apoyamos en la organización Memoria Soriano, con familiares de allá, y algo similar ocurrirá en Minas con Todos Somos Familiares Lavalleja, quienes estarán presentes en la conferencia de prensa. No es lo mismo militar en Montevideo que hacerlo en Minas o en Mercedes. Todos sabemos que en el interior la cosa es brava, que estamos en 2026, en plena democracia, pero a veces la cabeza de la gente pareciera no cambiar”, expresó Aldo Novick, director del documental Elena Quinteros, que será exhibido en Cine Doré.