En el marco del Mes de la Mujer, la organización “Juntas llegamos más lejos” fue convocada para diversas actividades. En Mariscala y Pirarajá,
sus representantes compartieron los alcances de la tarea que realizan y presentaron emocionantes testimonios de vida. Dialogamos con Ana Chávez masoterapeuta, especializada
en masaje oncológico.
Nació en Montevideo pero, hace notar especialmente que «me crié en el barrio Estación» y que «siempre he vivido en Minas». Es masoterapeuta porque «desde siempre me interesaron los temas vinculados con la salud de las personas» y porque, ante todo, «siempre me gustó ayudar» en la medida de sus posibilidades y recursos. A su vez, «tenía una amiga que padecía dolores en el cuerpo. Yo la ayudaba como podía hacerlo, aplicándole les cremas que el médico le recetaba. Fue ella quien me dijo que yo tenía ‘buena mano’ para realizar masajes. Yo me sentía bien haciéndolo y decidí estudiar esta especialización», contó.
Se formó en el Instituto Aldey de Montevideo en masajes terapéuticos, que es su profesión, y específicamente en masajes oncológicos en la Sociedad Americana de Masaje Oncológico (SAMO), institución que avala su actividad.
En una época no muy lejana, según narró nuestra entrevistada, «indicaban que al paciente que estaba en tratamiento oncológico convenía no tocarlo» y mucho menos practicarle masajes. Ella consultó cuáles eran los motivos y le respondieron que, años atrás, «se creía que si se hacían masajes a una persona que tenía cáncer, esto podía causarle metástasis». Con el paso del tiempo, se realizaron estudios que demostraron todo lo contrario, «que el contacto físico no la provoca. Entonces, el masaje oncológico está indicado específicamente para tratar a las personas que están padeciendo la enfermedad oncológica y en tratamiento». Por ese motivo decidió especializarse ya que, «más allá o más acá, siempre llega alguien que está en tratamiento oncológico y entonces, ¿cómo puedo decirle a esa persona no la puedo tocar? Está bien que una masajista o que un profesional que no tiene conocimiento ni preparación específica no lo haga, pero si tienes la formación concreta, puedes hacerlo», diferenció.
ALMA LLENA
Cumplir esta tarea excede el plano estríctamente profesional porque, consideró, «realmente te llena el alma» el hecho de saber que «con el tacto, conociendo cómo dirigirlo y qué presión emplear, puedes aliviar el padecer de una persona». Estamos hablando de pacientes que, «en muchas ocasiones pasan varias jornadas sin dormir, que tienen y que sienten dolor, que padecen los efectos secundarios que causan los tratamientos», y que, «al bajar la ansiedad con este masaje que es específico, asimilan de mejor manera el tratamiento y logran tener un mejor descanso».
Las personas descansan y sus familiares también logran -¡al fin!- poder hacerlo. Son justamente los familiares de cada paciente «quienes te lo comunican, quienes te lo hacen saber. Te dicen: ni bien te fuiste, durmió profundamente al menos media hora, algo que hacía mucho que no podía hacerlo. Eso es muy gratificante, te llena el alma, sientes todo lo bueno que pudiste hacer y solo las manos, simplemente sabiendo cómo hacerlo».
ENERGÍA
Por supuesto Ana Chávez, como masoterapeuta y especializada en masaje oncológico, se perfeccionó en el manejo de la técnica. A partir de ello reconoce que mucho tiene que ver la energía que se entabla entre el terapeuta y el paciente para conocer en profundidad el momento que le toca transitar y, a partir de ello, cómo asistirlo de la manera más adecuada, de acuerdo con los requerimientos específicos de cada jornada. «Tiene que ver con la energía que una transmite y que canaliza. También es importante apreciar la energía de cómo está la persona ese día, porque el masaje se adapta a las circunstancias de cada persona y no todos los días son iguales para nadie». Es decir, a modo de ejemplo «si la persona ha estado muy angustiada, no ha podido descansar bien y está con la energía muy baja, no puedes estar media hora haciéndole masajes». Cuando ello ocurre, el masaje «se adapta a cada circunstancia, se hace un masaje más corto en el tiempo, más suave», brindándole en esos casos prioridad al acompañamiento, «porque a esa persona, el estar presente, le ayuda en gran medida a su bienestar».
Además de la técnica y de la energía, se requiere como condición sine qua non «colocarse en el lugar del otro, con empatía y para analizar, con las herramientas adecuadas, en qué momento se encuentra». Es decir, «si un día determinado la persona no quiere hacerse masajes, perfecto, no los hacemos. A veces solamente estamos, conversamos y eso ayuda un montón», señaló Ana Chávez.
Nuestra entrevistada desarrolla parte de su actividad en conjunto con Antonella Aguirre, masoterapeuta especializada en masaje oncológico, tanto en la ciudad de Mariscala como en la localidad de Pirarajá. A raíz de ello surgió el proyecto denominado «Juntas llegamos más lejos», «con la idea de acompañar a mujeres que están atravesando un tratamiento oncológico, pequeños gestos que hacen una gran diferencia».
En el marco de esta iniciativa surgió la idea de confeccionar apliques para el cabello, dados los efectos secundarios que generalmente ocasionan los tratamientos oncológicos. Además, hace campañas de difusión sobre el masaje oncológico, «para que la gente lo conozca, sin costo y en forma voluntaria», además de una campaña para recolectar cabello. En sus consultorios cuentan con turbantes a disposición de las pacientes que lo requieran.
Muchos son los factores que inciden en la persona que transita por una enfermedad oncológica, entre ellos la autoestima, al verse reflejados en el espejo los efectos de los tratamientos a los cuales es sometida. Ello está contemplado en «Juntas llegamos más lejos», en el entendido de que «cómo se ve la persona ayuda a cómo se siente». Entonces, «ayudar a una mujer a que la imagen que le proyecta el espejo la haga sentir más identificada, al menos, el tener cabello con un aplique, le cambia el día, salir a la calle, concurrir a la consulta médica, presentarse ante las demás personas, por cuánto incide la mirada de los demás en las mujeres, no tener que estar explicando por qué no tiene pelo o por qué tiene una peluca que no es de su color natural. Sentir esa devolución de los demás es importante y no una mirada que juzga».
RETROALIMENTACIÓN
Si bien la ciencia ha avanzado mucho en las últimas décadas en el tratamiento del cáncer, en algunos casos el desenlace es inevitable luego de los cuidados paliativos. Cuando ocurre, a Ana la afecta, tras haber tenido un vínculo estrecho, tanto con el paciente como con su familia.
«De mi parte, lo que queda es el agradecimiento en cuanto a que esa persona me haya permitido acompañarla en su camino, o en su viaje, como decimos nosotras, y haberle podido sumar un granito de arena en el alivio para que haya tenido un mejor pasar». En cuanto a las familias, «ocurre otro tanto. Nosotras estamos capacitadas para atender al paciente y siempre terminamos vinculándonos también con las familias. La relación con ellas es siempre muy buena. Después que partió el familiar, pasa el tiempo y los familiares se acercan a colaborar con los demás pacientes, a aportar la peluca de su familiar que aún conservaban o interesándose en qué estamos necesitando, por lo que el vínculo que se mantiene es siempre muy bueno y saludable».
TESTIMONIOS DE VIDA
La organización local «Juntas llegamos más lejos» ha desarrollado actividades conjuntas con la asociación civil «Dame tu mano». Al respecto, la entrevistada declaró: «Con sus integrantes me contacté para aprender a hacer apliques, luego de que una paciente llegara a mi consultorio con su peluca. Ese día hacía calor y deseaba sacársela porque realmente le molestaba. No tenía otra cosa para cubrirse porque no quería usar pañuelo, ya que era demasiado notorio y la gente le preguntaba qué le pasaba. Me contacté con Sonia Waisrub, directora de ‘Dame tu mano’. En esos momentos hacían talleres una vez a la semana en los cuales enseñaban a hacer apliques. A su vez, dada la relación entablada, ahora ellas nos prestan pelucas para nuestras pacientes, por lo que trabajamos en conjunto», citó agradecida.
El masaje oncológico está pensado para el paciente que padece cáncer. «A su vez, puede emplearse sobre otras patologías y con muy buenos resultados, como ocurre en la fibromialgia, donde la persona está muy sensible al dolor y donde, en ocasiones, el tacto de un masaje tradicional le molesta y le duele. En esos casos trabajamos con masaje oncológico, al igual que en enfermedades autoinmunes como el lupus, también con muy buenos resultados», explicó.
Ana se encuentra en formación permanente. Además realiza masajes faciales, prenatal y de bienestar integral, entre otros tratamientos. «El masaje prenatal conlleva un cuidado especial, una postura diferente para la mujer, donde cuento con la camilla adecuada para que pueda acostarse boca abajo. Hay muchas cosas que podemos hacer desde los masajes para tratar muchas patologías y situaciones concretas como la parálisis facial, ante la cual hacemos masajes de rehabilitación».
«Mi trabajo es mi vocación. Tengo esa fortuna, la de trabajar de lo que me gusta», dijo en diálogo con Primera Página Dominical.
Para finalizar la charla, compartió con nosotros testimonios concretos y emocionantes. «A Mariscala fui acompañada por Andrea Márquez, amiga y paciente oncológica. Se dio algo muy lindo en estas instancias que son tan importantes -por eso creo que hay que buscar maneras para seguir haciéndolas-, estas reuniones de mujeres. En forma espontánea ella contó su experiencia. Estaba elaborando un aplique de cabello para otra mujer y contó su experiencia de cuando perdió su cabello, que no pudo usar peluca porque no la toleraba, que tuvo que volver al tratamiento y que para no perder su cabello, utilizó los cascos fríos. La gente escuchándola atentamente, generándose un momento profundo. En Pirarajá ocurrió algo parecido con una de las usuarias de ASSE (Administración de Servicios de Salud del Estado), porque a la actividad la hicimos en la policlínica de dicha institución. Nos reunimos, empezamos a trabajar, hicimos una pequeña charla de por qué estábamos allí, sobre por qué hacemos los apliques, de qué es ‘Juntas llegamos más lejos’ y sobre el masaje oncológico. Una señora que ya había pasado por su proceso abrió su corazón y empezó a compartir su experiencia de vida. Por eso considero tan importante que existan estos espacios».
Ana Chávez tiene su centro en Sarandí 617, entre Batlle y Ordóñez y Washington Beltrán, en Minas. Pueden comunicarse con ella a través del celular 099 037 886 o de Instagram, en: manoscurativas_byanachavez.