Procesos de transformación, retiros, registros akáshicos, energías en equilibrio y barras de access en el entorno de Villa Serrana. Son algunas de las terapias que Andrea Curbelo, luego de vivenciarlas y de experimentar sus beneficios, brinda en Lakota. En tiempos vertiginosos, encontrar calma y armonía son el punto de partida para un cambio profundo y saludable.
Llama positivamente la atención la cantidad y la variedad de propuestas que se desarrollan en nuestro departamento. Con características propias y complementarias, bien podrían formar parte de un circuito que incluyera a los servicios turísticos propiamente dichos, la recreación, el deporte, la salud y la espiritualidad. En Primera Página Dominical, a lo largo de dos años y medio de trabajo, nos sentimos satisfechos por poder compartir con nuestros lectores diferentes propuestas que conviven armónicamente en el paisaje serrano. Hoy estamos en Lakota, ubicado en Villa Serrana, donde nos recibe la persona que ideó y que concretó este espacio tan especial en el cual confluyen muchas historias que Andrea Curbelo comparte con generosidad.
Nació en Montevideo, tiene 59 años, ha viajado y conocido diferentes culturas. A los 18 años se radicó en Europa y 12 años después regresó a Uruguay.
«En ese tiempo me dediqué a hacer muchas cosas, sobre todo en los últimos años, a la música. Toco guitarra y canto y me dediqué a la música de blues durante unos cuantos años de manera profesional. Tengo bastantes viajes realizados a partir de la música, giras y también algunos discos grabados», contó a Primera Página Dominical.
Durante su estadía en Europa «vivía en el campo -cuando no estaba viajando-. Entonces, el haber descubierto Villa Serrana, que tiene sierras y mucho monte nativo, para mí fue un gran hallazgo cuando volví al país, porque hasta ese momento lo que más conocía y donde más había estado habitando era Montevideo y Rocha, ya que mi padre tenía un hotel en La Pedrera y cuando era chica íbamos asiduamente a ese lugar, cuando La Pedrera era un pueblito casi vacío».

VIBRACIÓN INTERNA
La espontaneidad guio el proyecto que Curbelo terminaría concretando en Villa Serrana, en consonancia con su filosofía de vida, «porque todo lo que he hecho en la vida ha sido guiado por un impulso interno».
A los lugares donde ha vivido los eligió a partir de «una afinidad interna» más que por «una conveniencia externa», es decir, «no por algo externo a mí, sino por una vibración interior».
Cuando llegó a Villa Serrana, «que fue así, de casualidad, en 2012», lo hizo con su familia, con su esposo en ese momento y con sus hijos. «Quedé enamorada del lugar, prendada del entorno y supe que iba a ser el lugar donde viviría en un futuro cercano, más allá de que mi vida, en ese momento, transcurría por otros lados». Residía en Atlántida, departamento de Canelones, y allí criaba a sus hijos, «hasta que vislumbré mi vida en Villa Serrana y al poco tiempo sucedió: en el año 2015 me radiqué aquí».
EL PROYECTO
Andrea Curbelo siente que su proyecto en Villa Serrana «fue surgiendo solo», con naturalidad. «Me vine a vivir acá, yo soy artista plástica, también profesora de arte para niños y adultos y abro registros akáshicos. También soy coach y entonces el proyecto acompaña mi vida. Aquí ofrezco lo que tengo para ofrecer, mis saberes y mis experiencias».
En 2018 construyó cabaña Lakota, «un lugar muy especial, un espacio creado como me gustaría vivir a mí». Es decir, «no es una casa que se hizo simplemente como una casa de alquiler. La construí tal cual la tendría para vivir en ella. Lakota refleja ese espíritu».
LAKOTA
El nombre de Lakota fue elegido «porque la misma tierra me lo dijo. En ese entonces yo no tenía mucha conexión, al menos de la cual yo fuera consciente, con las tribus Lakota. Así como me surgió, le puse el nombre, construí la casa y empezó la decoración. Todo surgió en torno a las tribus Lakota», continuó.
A Andrea le fascinó la cosmovisión de las tribus Lakota, sobre todo en cuanto «al respeto por los ancestros, por los mayores, por la convivencia amable y armoniosa», y ese, entonces, «es el espíritu que tiene la casa, el espíritu que refleja cuando las personas están aquí y sienten que son bienvenidas, acogidas, en paz, en armonía. Me lo dicen cada vez que vienen. Cuando se van, me comentan: ¡Qué hermosa experiencia, cuánta paz encontré, cuánta armonía! Aquí todo te recibe con amor».
El lugar «es precioso, privilegiado. Da al cerro De la leona donde, por suerte, ya no se construye tanto y se puede disfrutar de una vista despejada y limpia de las sierras y el cielo. La luna sale frente al ventanal del living de Lakota. La conexión con la naturaleza es maravillosa», destacó.
Tanto dentro como fuera de la casa, «la conexión es genial. La gente me lo dice. Fue parte de cómo construimos la casa, teniendo en cuenta los puntos cardinales para que recibiera al sol y a la luna y que todo se diera en contacto armónico con el afuera».
CONCIENCIA Y ARMONÍA
En Lakota, Andrea Curbelo ofrece la posibilidad de hospedarse, de disfrutar de comidas que ella prepara y también que los visitantes preparen sus alimentos.
En Chamana, su casa, contigua a Lakota, Andrea tiene el taller de arte, el cual también está abierto a los huéspedes de Lakota, «donde pueden venir y pasar un par de horas pintando o trabajando con barro, con cerámica». Es un espacio de arte y de bienestar.
En cuanto a terapias, ofrece los registros akáshicos, las sesiones de armonización sonora con cuencos tibetanos y las barras de access. «También soy coach ontológico y utilizo las diversas herramientas del coaching en las charlas de escucha activa, que también son parte de las sesiones que realizo».
Ofrece una modalidad de retiros individuales por uno o dos días, «donde las personas vienen, se hospedan en Lakota, les ofrezco el desayuno, las comidas, hacemos todas las terapias, salimos a caminar y compartimos charlas. Es una instancia muy hermosa de desconexión del ruido y de conexión con uno mismo».
Esta modalidad ha sido anexada en el último mes y «está teniendo excelente aceptación, algo que me alegra muchísimo porque lo que más me gusta en el mundo es poder brindar lo que una ha aprendido, lo que una tiene por experiencia propia». Por consiguiente, «esto es lo que yo comparto, que es mi vida, la vida que he ido creando, la vida que hoy tengo para ofrecer. El proyecto acompaña todo esto, acompaña mi vida».
¿Cómo continuará evolucionando el proyecto? «A ciencia cierta, nadie lo sabe. En la vida no tenemos todo bajo control. En el día a día estoy sembrando esas semillas de conciencia, de armonía, de coherencia conmigo y con lo que ofrezco. Desde ahí es que abro mi corazón, abro las puertas de mi taller, abro las puertas de Lakota a quien quiera venir a disfrutar del silencio, de la conexión, de un lugar cuidado, armonizado y construido con amor. Acá estoy hoy y acá está Lakota. Acá está funcionando este proyecto que es mi vida. Bienvenidos todos los que quieran acercarse a vivir su propia experiencia dentro de esta experiencia», expresó Andrea Curbelo en diálogo con Primera Página Dominical.
Contactos
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