“Llueve en Ciudad retinta. El agua tiene que lavar culpas y muertes, llevarse rumores y miedos. El mundo íntimo se escapa por las alcantarillas de la ciudad y cruza las noches sin que nadie lo sepa. Hasta que un día se derrama, se desborda y ya no existe un lugar donde esconderlo. Entonces la ciudad murmura, diagnostica, receta”.

Por su obra Ciudad retinta, la escritora sanducera María Alejandra Book Oholeguy obtuvo el primer premio en la 31ª edición del Premio Nacional de Narrativa Narradores de la Banda Oriental, prestigioso concurso convocado por la Fundación Lolita Rubial y la Intendencia Departamental de Lavalleja en acuerdo con Ediciones de la Banda Oriental, con el apoyo del Instituto Nacional de Letras y de Espacios MEC Lavalleja. La autora, en diálogo con Primera Página Dominical, compartió su alegría por la distinción recibida, reconociendo que debió superar la introversión, la timidez y cierta dosis de prejuicios a la hora de compartir su obra. Por ese motivo, el premio es un aliciente para continuar escribiendo y, en lo posible, publicando.

MONTEVIDEO Y PARAGUAY

Oriunda de Paysandú, María Alejandra Book Oholeguy se trasladó a Montevideo cuando tenía 18 años para estudiar la carrera de Notariado. Se recibió de escribana pública y de secretaria. «Era una época de mucho estudio y trabajo, porque para el estudiante del interior, venir a Montevideo siempre es impactante». Se recibió, contrajo matrimonio y se radicó en la capital del país. «Ejercí un breve período, porque por el trabajo de mi esposo nos tuvimos que ir a vivir a Paraguay. Después tuve a mi primer hijo. Como ocurría por aquellos años (creo que ahora algunas cosas cambiaron), como que las mujeres teníamos que optar por una cosa u otra. Me fui quedando en mi casa, haciendo otro tipo de tareas sin tener que desplazarme porque mi marido viajaba mucho por su trabajo».

Vivir en tierras guaraníes «fue todo un descubrimiento para nosotros» porque «aquí estábamos rodeados del río, del mar», mientras que «donde vivíamos en Paraguay, como que la ciudad estaba de espaldas al río».

Nunca dejó de escribir. Al retornar a Uruguay trabajó a nivel del voluntariado. «En cuanto a la profesión, terminé por abandonarla totalmente, porque no es lo mismo cuando la estudias que cuando ves en realidad lo que es. Se convirtió en otra cosa. Tuve la posibilidad de quedarme en casa y por otro lado la contra de encontrarme muy sola para el manejo de la vida en familia», admitió.

REFERENTES LITERARIOS

Con humildad afirma que, muchas veces, «una no se atreve a publicar porque lees a escritores tan espectaculares que llegas a pensar que lo de una no vale nada». Integró una familia de muchos hermanos, donde sus padres no le leían habitualmente y que en su casa no contaban con una gran biblioteca. «En la juventud empecé a leer, más allá de que escribo desde niña, porque era muy introvertida y la escritura era una especie de vía de escape, un espacio donde canalizar todo eso que no expresaba verbalmente».

Entre nuestros autores, mostró predilección por Horacio Quiroga, «ni qué hablar, me marcó», Juan Carlos Onetti, «por supuesto, no puedo dejar de nombrarlo», Juan José Morosoli «y sus cuentos del campo, de otra realidad, diferente a la mía, a los temas que están en mi libro», Marosa di Giorgio, Felisberto Hernández, «que suele quedar un tanto olvidado», junto a escritores extranjeros. «Una lectura te lleva a otras. Si lees a determinado escritor y te enteras que a él le gusta la obra de otro autor, también quieres llegar a esa lectura. Juan Rulfo me encanta, Fernando Pessoa, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Sylvia Plath, William Faulkner. Una siente como que está en comunión de almas con lo que está leyendo. Es un mundo que no tiene nada que ver con el mundo y con la personalidad con la que te presentas. Es tu mundo interior».

EL CONCURSO

«Me cuesta mucho todo esto» dijo en referencia a haber tomado la decisión de participar en el concurso promovido por la Fundación Lolita Rubial, porque enviar el libro «significó atreverme, tener el coraje de mostrarlo, de hacerlo público» y porque «para mi esa es la parte más difícil. Y cuando salió premiado, lo primero que pensé fue en lo que vendría a partir de ese momento, porque, de alguna manera, es como que sales de las sombras, de todo ese mundo que tienes en tu cabeza y que no lo compartes en las charlas, en tu vida social. Es como desnudar el alma», definió.

«Fue una gran sorpresa, y ni qué hablar la ceremonia de premiación. Toda la vida escribí y a esta altura sentí que me había llegado la hora de ser quien soy, lo que siempre quisiste y nunca hiciste, o lo hiciste en las sombras, porque no te atreviste a compartirlo. Ahora el libro ya toma su rumbo», señaló la escritora.

El jurado, integrado por Martín Lasalt, Yanina Vidal y Horacio Cavallo, entre otros conceptos, destacó sobre la obra de María Book Oholeguy «su destreza para generar atmósferas, construir pluralidad de registros con una voz potente y el tratamiento de una estructura desafiante».

La autora siente que la escritura «es como un proceso alquímico. Cuando escribes aparece un personaje y empiezas a seguirlo, lo debes ubicar en un lugar determinado. A veces es la atmósfera, el lugar, o como empezaba la primera frase de El pozo, de Onetti: Hacía rato que estaba dando vueltas por la habitación…. Es decir, como que empezó en ese encierro, en esa habitación. A veces empieza a partir de una frase que te dispara un personaje y la atmósfera, que es imprescindible, porque al personaje lo tiene que acompañar un lugar para poder compaginar cómo visualizas todo lo que lo rodea. Después está cómo lo presentas, ponerle una voz. El personaje te lleva a la atmósfera y a veces al revés, es en esa atmósfera donde te das cuenta que tiene que vivir el personaje».

Suele ocurrir que, de repente, «venías siguiendo a un personaje, aparece otro y te das cuenta que es este otro, el que te parecía secundario en un principio, y lo empiezas a escuchar. Es como un desdoblamiento que hace el escritor cuando escribe, cuando se lee, cuando escucha a su personaje, porque a veces pasa el tiempo, lees lo que escribiste y no lo reconoces, sientes como que lo hubiera escrito otra persona».

UNA VOZ EN EL TELÉFONO

«No lo podía creer», reconoció María Alejandra Book Oholeguy cuando se enteró que había obtenido el primer premio en la 31ª edición del Premio Nacional de Narrativa Narradores de la Banda Oriental. «Sonó el celular y una a veces ni siquiera atiende, con tantas llamadas que se reciben al día. En este caso, atendí, me dijo que era Yanina Vidal, jurado del concurso, para comunicarme que mi obra había sido premiada. Sinceramente no lo podía creer. Enseguida me entró ese miedo, de pensar que ahora lo iban a leer, que los demás iban a enterarse de lo que escribo, porque ese miedo perdura», reconoció.

Por otro lado, «la alegría de sentir que lo que escribo vale; es reconfortante».

Con el libro en sus manos, confiesa: «Lo miro y no lo puedo creer que esté mi nombre, el de la obra. Además, todo el proceso fue muy cuidado por parte de Ediciones de la Banda Oriental. El diseño de la portada de Fidel Sclavo me gustó mucho, al igual que el diseño del libro a cargo de Claudio De los Santos, con prólogo de Horacio Cavallo, uno de los jurados, muy elogioso hacia mi trabajo. Fueron muy respetuosos en todo sentido. Cuando leí el prólogo, me di cuenta de que nunca hubiera podido referirme a mi escritura de esa manera, porque una no analiza a su obra. Fue una gran emoción», compartió.

Agradeció a los hermanos Gustavo y Conrado Guadalupe, titulares de la Fundación Lolita Rubial «porque en todo momento fueron muy cálidos conmigo y porque generaron una ceremonia muy emotiva».

«Es un aliciente. Siempre estoy escribiendo y lo que falta es como concretarlo, darle la forma final. El premio y la publicación de este libro son un aliciente. Tengo una novela escrita y veremos qué es lo que dice el destino. Para una persona que nunca publicó nada, es un gran respaldo. Que sea tan independiente la editorial y que el fallo sea tan honesto, es un estímulo, porque evaluaron lo que estaban leyendo, la obra, algo que valoro profundamente. Te da un respaldo al sentir que es por acá, que debo animarme a mostrar lo que estoy haciendo. Por eso estoy tan agradecida al coraje de haber enviado el texto al concurso y por haber superado mis prejuicios y mi timidez».

«Minas siempre me encantó», comentó. Conoció nuestra ciudad «siendo grande, cuando ya estaba viviendo en Montevideo, cuando mis hijos eran chicos. Siempre íbamos a Villa Serrana, a recorrer esos paisajes hermosos que tienen. Hablando de atmósferas, Minas tiene una atmósfera distinta a otras ciudades del interior, una energía que se siente. La gente es amorosa, muy cálida».

«Espero que los minuanos se atrevan a buscar el libro, a pedirlo y a leerlo. Me encanta haber recibido el premio en una ciudad del interior porque yo nací en el interior y es lindo que no todo esté centralizado en Montevideo. Minas estará por siempre en mi corazón», expresó la escritora sanducera María Alejandra Book, ganadora de la 31ª edición del Premio Nacional de Narrativa Narradores de la Banda Oriental por su obra Ciudad retinta.