El noviembre de 2025 abría oficialmente sus puertas, en el nuevo enclave minuano, la Universidad Tecnológica (UTEC). La vieja terminal y el añejo Mercado se reconvirtieron en un edificio renovado de más de 2.000 metros cuadrados. Tras funcionar durante más de tres años frente a la plaza Libertad, busca convertirse en eje central de su oferta en la región este. Dialogamos con el doctor Ezequiel Alemán, director del Instituto Tecnológico Regional (ITR).
¿Qué sintió en el instante protocolar del corte de cinta que inauguró el local de UTEC en la ex Terminal de Ómnibus?
No soy originalmente de Minas. Estaba viviendo en Estados Unidos, haciendo mi post doctorado en Inteligencia Artificial (IA), y me vine en febrero de 2024, cuando estaba casi por empezar el proceso de la obra. Te hablo de lo personal y luego de lo que sentí que sintieron ustedes, los minuanos. A nivel personal, fue un proceso muy duro, porque vos decís, hacer una universidad, es hacer el edificio, y yo digo que el edificio es solo parte del desafío, el cual muchas veces está en nuestras cabezas, en cómo nos pensamos, en cómo nos imaginamos en la universidad. En 2024 inicié muy primeras reuniones con comunidad, con gurises de Secundaria, con gurises que van a ingresar a la universidad en el año 2030, la generación de 2010, 2011. Y los gurises me decían: «Yo me voy a Montevideo, no sé qué voy a estudiar, pero me voy a ir de acá; acá no hay nada…». Eran frases habituales en ellos. Eso te genera una preocupación porque si no ves nada bueno en el lugar donde estás y, al mismo tiempo, sientes que lo bueno va a estar afuera, no me preocupa tanto que se vayan, sino que no regresen, sabiendo que este lugar es su casa, son sus raíces. Para mí, el hecho de haber llegado a tener el edificio simbólicamente importó mucho porque la gente empezó a cambiar, porque a su vez tenemos un programa preuniversitario donde había muchos adolescentes claramente motivados para venir a estudiar acá. En lo personal, también significó haber llegado a un proceso de casi dos años, de haber logrado el vínculo inicial con la comunidad para empezar a generar algunas cosas, una carrera nueva, con presencialidad en un área nueva para la universidad, un programa preuniversitario para preparar a los adolescentes para ingresar a la universidad y empezar a conocer a esas personas que nos pudieran ayudar. En la comunidad sentí que había mucho orgullo: la gente siente que el lugar tiene mucho valor, tanto por su época como terminal como de mercado y por la cancha de básquetbol.
Todo eso se vio reflejado en el trabajo audiovisual que fuera presentado en la inauguración.
Exacto. Lo hicimos en conjunto con el equipo de vinculación con el medio que tenemos aquí, con dos becarias, Yamila Molina y Florencia De Luca, junto con el profesor de historia Álvaro Barate, quienes indagaron sobre el espacio, hablaron con la Biblioteca Municipal, con diferentes historiadores y donde muchos vecinos se acercaron y nos contaron historias. Esa emoción se notó en la gente que entró. A mí me llenó de emoción ver a la gente más chica, a los más jóvenes diciendo: «¡qué lindo lugar!». Después de la inauguración, hicimos una semana de visitas. Vinieron muchos chiquilines de Secundaria y de Primaria. Por ahí está el camino.
Una cosa es el edificio y otra es llenarlo de vida.
Darle vida, sentir que es tuyo, no esperar a tener el liceo terminado para poder venir. De a poquito se va logrando. Todavía nos cuesta. Este es un espacio donde tú podrías venir, sentarte con tu computadora y estar trabajando para el diario, escribiendo tu nota. A esa apropiación todavía no la tenemos, pero va a llegar. Estoy en UTEC desde hace 11 años y estuve en el proceso de inicio en Fray Bentos, en nuestro primer Instituto Regional, donde pasaba lo mismo. La gente se preguntaba «¿qué es lo que hay en el Anglo? ¿La UTE? ¿La UTU? ¿La UTEC? ¿Qué es eso?». Nos costó mucho que la gente se acercara. Hoy es un instituto que está lleno de estudiantes, con 150 estudiantes inscriptos para la carrera de mecatrónica. Cuando yo empecé, los gurises decían «¿qué es mecatrónica?».
Volver de EEUU, más allá de lo estrictamente profesional, fue una decisión de vida. ¿Está adaptado a Minas? ¿Cómo somos los minuanos?
Ante todo, creo que son un pueblo muy resiliente. Gente que por un lado siente que hay cosas que no pasan, que hay cosas que tienen que mejorar, pero que no logramos hacerlo. Hay una suerte de pesimismo que creo que compartimos todos los uruguayos, esa nostalgia de «antes todo funcionaba bien, pero ahora no y no va a mejorar, sino que va a empeorar». Es una comunidad muy resiliente en el sentido de que sigue apareciendo gente que dice «me gustaría hacer una actividad acá, me gustaría apoyar en esto, me gustaría participar». En la medida que logremos acercar a esas personas y que encuentren acá un lugar donde se puedan reunir, podremos fortalecernos, porque creo que el talón de Aquiles que tiene la comunidad hoy por hoy es que falta asociatividad. Hay muchas personas con mucho valor, pero que no se están encontrando. Hay pequeños movimientos que se están gestando. A nivel de la educación hay grupos que se están armando, al igual que a nivel del turismo, y eso es positivo. Hay que seguir trabajando en eso, que las personas que comparten intereses y valores trabajen juntas, que la prensa trabaje junta. Acá tenemos una carrera que se llama Comunicación Creativa y tenemos que empezar a trabajar con ustedes. Las universidades tienden a conectar. Si bien tenemos la idea tradicional de que la universidad es un lugar para aprender carreras, la universidad en el mundo, y especialmente en comunidades rurales, que es donde investigué, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, es un lugar de encuentro, como un hub, un nodo donde se encuentra un montón de personas diferentes. En la carrera tenemos estudiantes que trabajan en comunicación, en diferentes tipos de emprendimientos, personas que se acercan a la universidad y que generan vínculos.
Se debe aunar la demanda, el interés real y general, con las oportunidades posteriores.
Ahí UTEC hizo un trabajo muy interesante que se inició en 2020, cuando se decidió que la sede fuera Lavalleja. No se eligió a Lavalleja porque fuera el mejor lugar para hacerlo sino al revés: elegimos Lavalleja porque era el lugar que tenía menos capacidades a nivel terciario. Ese fue el motivo principal. Es un desafío, tenía un buen nivel de transporte y eso te ayuda, y tenía un buen número de estudiantes en sus alrededores, especialmente en Canelones y en Maldonado. Pero en los hechos, de los cuatro departamentos de la región (Rocha, Treinta y Tres, Maldonado y Lavalleja), era el departamento que tenía (y que tiene) menos infraestructura universitaria. Ese era el desafío. UTEC históricamente ha hecho eso, ir al lugar donde otros no van y encima no vamos con una carrera que todo el mundo espera que se abra, como administración o enfermería, sino como la nueva carrera que se llama Tecnicatura en Comunicación Creativa y Entretenimiento Digital, donde debes presentar con nombre y apellido lo que estás haciendo y con acciones concretas. Cuando hicimos la bienvenida, el 2 de marzo, un chiquilín a quien le encantan los videojuegos y quiere desarrollarlos -es la primera carrera pública en videojuegos que tenemos en Uruguay- me preguntó: «¿voy a poder trabajar de esto?». Eso es lo que UTEC trabaja. No es prepararnos solamente para que tengan un montón de conocimientos académicos. Por eso empezamos con una tecnicatura y no con una licenciatura, porque queríamos asegurarnos de que en un marco de dos años tuviesen formación para insertarse en el mercado laboral. Después evaluaremos si los estudiantes quieren seguir con una licenciatura. Dentro de las habilidades está la de saber gestionar un proyecto, saber comenzar un emprendimiento, saber cómo vender los servicios, no solamente acá sino en el mundo. Esta es una de las industrias con mayor pujanza a nivel internacional. Desde acá, sentado en Treinta y Tres y Sarandí, puedes conectarte con el mundo y vender servicios al mundo. No necesitas que venga Microsoft o una empresa de videojuegos a instalarse en Lavalleja para poder trabajar en ellas. Tenemos uruguayos que trabajan en forma independiente, otros que lo hacen en empresas y tenemos uruguayos que venden servicios como empresas al exterior. Ahí es donde están las oportunidades para diseñar nuevos ecosistemas productivos. No hay fronteras: tienes una pantalla y por eso apostamos a talentos que sabemos que ya tenemos en la comunidad. Lavalleja es un lugar conocido nacional y regionalmente por el turismo y dijimos: hay que ir por el lado de la cultura y del turismo, de la comunicación y del entretenimiento digital. porque eso te permite trabajar desde cualquier lugar, así como también desde el lugar de la gastronomía. No me refiero a la cocina tradicional, sino a tecnología y ciencia, como en las demás áreas. Tenemos un montón de desafíos interesantes sobre los que vamos a empezar a ver los resultados posiblemente en cinco, diez o quince años y los veremos en los ecosistemas, profesionales que se forman acá, que se quedan acá o que se van, pero que dicen «tengo que devolver algo a mi comunidad» o «sigo conectado con ella», lo que genera valor en el lugar: si se van sin sentido de pertenencia, no revalorizan esa experiencia previa en su lugar de origen.
Cultura, turismo, gastronomía… ¿podría incluirse también la parte audiovisual, la producción cinematográfica?
En la carrera Tecnicatura en Comunicación Creativa y Entretenimiento Digital, un diseño de esta dirección es que se trata de un área exploratoria. No podemos obligar al estudiante a tomar una decisión o a elegir una carrera. Sobre porque los más chicos no saben qué quieren estudiar.
¿Aquello de la vocación está sobrevalorado?
La vocación cambia. Yo comencé como docente de Secundaria y terminé haciendo una carrera en ciencias de la computación. Aprendí más matemática a partir de los 30 años que anteriormente. Cuando terminé IPA (Instituto de Profesores Artigas), en 2005, sentí que tenía un título que me iba a hacer trabajar los próximos 40 años de mi vida en un salón de clases. Y está muy bien si hubiera seguido ese camino, pero no te determina. Es algo que trabajamos en el preuniversitario. La carrera tiene cuatro áreas de énfasis y el estudiante puede certificarse en diferentes áreas: video juegos, animación, comunicación digital y audiovisual, con foco en todas ellas en la post producción. Queremos imaginarnos el futuro de las industrias audiovisuales, culturales y creativas porque habrá mucho potencial en ellas. Tenemos un circuito audiovisual en la zona este del país que es muy fuerte y donde Minas no puede quedarse atrás. Debe aprovechar esta movida y generar capacidades propias. En esta carrera, los estudiantes exploran, lo que llevó a que esta carrera presencial tenga más estudiantes de todo el país junto con mecatrónica, en Fray Bentos (tiene 10 años), revisando los planes de estudio, expandiéndolos y mejorándolos constantemente.
¿Cuáles son los objetivos más cercanos?
Vine pensando en hacer el programa preuniversitario. Presenté esa idea a un concurso para la dirección como proyecto central. No podemos esperar a que el estudiante tenga 18 años y tome una decisión en base a un folleto. A eso lo planifiqué antes de conocer Minas. Desde lo personal, me encantaría que Minas fuera el ejemplo de cómo la universidad se conecta con la Enseñanza Media y acompaña a los gurises no solamente a conocer las carreras sino a hacer cursos vinculados a estos temas. También queremos trabajar en esto de cultivar los proyectos de vida, no la vocación o la orientación vocacional. ¿Qué sueña un adolescente de 18 o 19 años? Ese sería para mi uno de los principales aportes que espero dejar en esta etapa. Se logró que el programa sea totalmente dependiente de fondos externos a la universidad, lo cual de por sí es positivo porque implica que no estamos utilizando gasto público para generar esta oportunidad. Tenemos más estudiantes en el preuniversitario que en las propias carreras. Lo otro muy valioso es empezar a ver carreras que no funcionen como recetas largas que el estudiante tiene que seguir paso a paso para recibir un título sino carreras donde los estudiantes puedan participar, elegir y seleccionar. Estoy trabajando en el diseño de nuevas carreras y lo que pedimos es eso, que sean carreras que faciliten las trayectorias, tanto dentro de la carrera, como de afuera, porque ese es otro problema que tenemos en las universidades. Una persona estudió en UTU o en UDELAR y llega a UTEC y tiene que hacer el trámite de reválida, un sistema bastante complejo para el estudiante. Hay muchas líneas en las que podríamos seguir formando y queremos trabajar fuerte en la acreditación de saberes, en romper la lógica de que la carrera la pueden hacer solo los que ingresan en primero y terminan en cuarto; las trayectorias son navegables y flexibles y las personas, seguramente, en el camino irán tomando decisiones para que no sean compartimentos estancos, con mayor capacidad de respuesta a los problemas que tenemos hoy en Lavalleja, el país y el mundo.