Una de las principales consecuencias de los ataques de Estados Unidos (EE.UU.) e Israel contra Irán fue el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa más o menos el 20% del petróleo que se vende en el mundo.

Luego que se cerró el estrecho por parte de Irán muchos pronosticaron una crisis económica global y un aumento brutal del precio del petróleo.

Pero eso no sucedió. Tuvimos sí una serie de aumentos y descensos bruscos en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes. Estos coincidieron con el auge de los enfrentamientos -las alzas de los precios- y los anuncios del presidente de EE.UU. Donald Trump de acuerdos de paz con Irán -los descensos bruscos en los precios- que nunca se concretaron o afianzaron. Lo que sí sucedió es que esas bruscas alzas y bajas en los precios internacionales enriquecieron a unos pocos oligarcas internacionales que jugaron con miles de millones de dólares en las bolsas internacionales, comprando petróleo y acciones con precios bajos para venderlos, a veces tan sólo días después, para obtener ganancias multimillonarias. Dicen que los principales beneficiarios de estos vaivenes fueron quienes sabían, horas o días antes que el resto del mundo, sobre los ataques y los posibles acuerdos con Irán. Información privilegiada entre quienes son cercanos a ciertos círculos de poder. Quien lo hubiese imaginado.

Pero, con ataques o treguas, la cotización del petróleo nunca sufrió las alzas que se dieron en la crisis petrolera de 1973. En ese entonces, un embargo en el comercio mundial del petróleo de los países árabes nucleados en la OPEP triplicó el precio del barril de petróleo. Esto provocó una crisis energética y económica mundial de alcance global, derrumbando a las principales economías del mundo.

¿Por qué no ocurrió nada parecido ahora?

En primer lugar, porque no existió ningún embargo colectivo de los países árabes, sino un cierre del Estrecho de Ormuz que afecta sólo a una parte de ese comercio internacional de hidrocarburos. Por otro lado, ya en la década de 1970 el mundo capitalista tomó nota de la crisis petrolera y buscó soluciones: se activó la producción petrolera en gran escala en el Mar del Norte, en Venezuela y en los propios Estados Unidos, y a la vez los países ricos desarrollaron reservas estratégicas de petróleo, de muchos millones de barriles, capaces de mitigar cualquier crisis en Medio Oriente. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en los últimos meses.

Pero las reservas tienen un límite. Las de EE.UU., las más grandes del mundo, están ahora cercanas al 33% de lo que tenía el año pasado, un límite operativo que supondría problemas serios en caso que el Estrecho de Ormuz continúe cerrado.

De cualquier forma, y como ya es tradición, las grandes potencias del Hemisferio Norte (EE.UU., Europa Occidental) ya tienen diseñadas y funcionando sus estrategias de mitigación y recuperación. Los que sufriremos seremos los de siempre, los países pobres del sur.