Hace pocos días, en cine Doré de Minas se exhibió la película ¿Qué pasó con Nath.666?, dirigida por Jorge Pérez Rivero y con la actuación del joven actor minuano Lautaro Correa Gallo, en su segunda incursión en el séptimo arte tras su debut en Mi hijo (2018). A punto de egresar de la Escuela Multidisciplinaria de Arte (EMAD), nuestro coterráneo también ha participado en proyectos para Netflix y otras plataformas, ha representado obras de teatro y ha sido parte de diferentes publicidades.
Lautaro Correa Gallo nació en Minas el 16 de junio del 2002. Las Pitas fue el barrio de su infancia. La escuela a la que concurrió, la Nº 105 «Miguel Navarra», estaba situada frente a su casa. En secundaria, al Ciclo Básico lo cursó en el Liceo Nº3, «una institución que quiero muchísimo» y al bachillerato artístico en el Liceo Eduardo Fabini.
En la etapa liceal «surgió la inquietud con todo lo relacionado al universo de lo artístico», particularmente respecto a la actuación, porque, «más allá de haber hecho teatro siendo muy chico -lo veía simplemente como un juego-, fue entonces que definí que quería actuar». Fue el primero dentro del núcleo familiar que se dedica a esta actividad.
Además de su labor actoral, Lautaro Correa Gallo fue becario, entre 2021 y 2022, durante nueve meses, de la Intendencia Departamental de Montevideo (IDM), donde realizó una pasantía en la Unidad de Protección del Patrimonio, habiendo realizado diversas tareas relacionadas con la planificación territorial. «Fue a la par que estudiaba y que preparaba las pruebas de lengua. Aprendí muchísimo, pero no terminó de convencerme, no me quitó el foco de hacia dónde tenía situado mi objetivo», argumentó.
También es Joven Embajador -ciclo 2020- del programa Jóvenes Embajadores de la Embajada de Estados Unidos y Amigos de las Américas, coordinando como voluntario un proyecto comunitario llamado Tercer Acto, el cual trabaja con personas mayores a través de talleres artísticos.
REFERENCIAS Y FORMACIÓN
Fueron sus profesores de teatro en el Liceo Eduardo Fabini sus primeros referentes, al igual que Guillermo Vilarrubí, egresado de la EMAD, actor, director y dramaturgo. «En aquella etapa logré adentrarme un poco más en la formación artística y en la actuación en Uruguay», además de conocer que existía una escuela en la cual «podía formarme como tal, profesionalmente». Fue así que tras cumplir 18 años comenzó a prepararse para ingresar a la EMAD, ya que para acceder a ella debía rendir una prueba de ingreso.
Por lo general, para rendir dicha prueba, anualmente se inscriben 200 concursantes. Lautaro Correa Gallo lo hizo en 2021 y al año siguiente ingresó junto a 20 compañeros de generación. En la actualidad, el joven actor minuano se encuentra en la última etapa de su formación en la escuela, a punto de egresar de la institución.
La Escuela Multidisciplinaria de Arte «Margarita Xirgú» es una institución de reconocido prestigio, con docentes calificados y destacados en cada área de la formación. «Es una escuela multidisciplinaria, ya que «forma tanto en el diseño teatral como en la actuación, por lo que la formación es integral, teniendo en cuenta que se trata de una escuela que cuenta con 75 años de trayectoria».
RIESGOS Y CAMBIOS
Al ser tan amplia la formación, eso permite que quienes egresan de la escuela lo hagan formados con las herramientas adecuadas para desempeñarse en diferentes formatos de actuación. «Es algo que decides con el transcurso del tiempo, mientras continúas formándote, porque eso nunca se detiene. Es una vocación, un oficio que es de riesgo y de cambio todo el tiempo, y es precisamente el tiempo el que te abre las puertas del futuro, ya que todo, en definitiva, se centra en la creación».
Además, tengamos presente que se trata de un actor muy joven, por lo que definir en este momento cuál será su futuro dentro de la actuación no lo visualiza como una urgencia. «La carrera me ha insumido poco más de cuatro años, porque incluye una suerte de formación universitaria, donde todo se revaloriza con el paso del tiempo, a partir de crear, tanto en el rubro teatral como en el audiovisual», continuó.
TEATRO, CINE, AUDIOVISUAL
Lautaro Correa Gallo ha incursionado en el teatro, en el cine y en otras propuestas audiovisuales, formatos muy diferentes, con sus propios lenguajes expresivos y con distintas maneras de recibir la devolución del público al cual va dirigida cada propuesta.
«Todas son muy diferentes; parten de parámetros muy distintos. En uno de ellos, «está muy presente la cámara, lo que estamos viendo en el momento, hasta el pestañeo del actor; en el otro, hay otra dimensión y otra proyección».
Integró el elenco de una obra hace un par de años dentro del denominado teatro independiente, además de haber encarnado personajes protagónicos de importantes obras teatrales en el ámbito de la EMAD.
En cuanto al cine, participó en la película Mi hijo, en 2018, dirigida y producida por el italiano Giuseppe Ciagola Marra, junto a Florencia Frusto. Filmada en Bella Unión, departamento de Artigas, narra los conflictos sociales y las diferencias económicas entre dos familias de la zona.
En año pasado filmó «¿Qué pasó con Nath.666?», recientemente exhibida en cine Doré de Minas, dirigida por Jorge Pérez Rivero, película en la cual Natalia, la protagonista, es una joven influencer montevideana obsesionada con la brujería, recluta a algunas compañeras para realizar experimentos esotéricos para su canal y así volverse viral. Pero lo que supuestamente sería un ritual sencillo se sale de control y al tratar de solucionarlo terminan liberando algo mucho peor. «También interpreté un personaje más pequeño para una película en cooperación con Argentina, la cual se estrenará el año próximo y que se llama Matarifes. También he realizado publicidades, tanto para Mercado Libre como para el Banco Hipotecario, junto con participaciones como extra calificado para series de Netflix y de otras plataformas», contó.
EL DETRÁS DE ESCENA
En Uruguay, el proceso para realizar una película es arduo y desgastante. Conlleva mucho tiempo de trabajo y de compromiso de todos quienes participan en ella, desde los actores, el director y el equipo técnico para arribar al producto final que es exhibido en salas de cine. Para Lautaro, se trata de «un proceso bastante largo», el cual, como todo proceso «tiene su parte muy disfrutable junto con otras que, sinceramente, resultan bastante tediosas». Al no estar acostumbrado a lo audiovisual, Jorge Pérez Rivero, director de «¿Qué pasó con Nath.666?», «me pedía que fuera un poco menos dramático, porque veía que me excedía en ese aspecto dentro de lo que era mi interpretación del personaje».
Todo comienza con el estudio del guion y del personaje a interpretar, para luego dar paso al ensayo con el resto del equipo y visualizar cómo se desarrollan las grabaciones. Luego viene la etapa de postproducción, «tarea ardua la de editar. En este caso, insumió un año para luego presentar la película ante festivales internacionales».
Las dificultades se potencian en una plaza como la nuestra, por lo que la colaboración con productoras de otros países es fundamental para el desarrollo cinematográfico uruguayo.
A la hora de la filmación, y al no cumplir esta etapa de manera lineal, esto hace que desde su rol de actor «debamos retornar siempre al guion. No es como ocurre en una obra de teatro, por ejemplo, donde comenzamos por el principio y continuamos hasta el final, donde algunas cuestiones pueden variarse. En el cine eso no ocurre. De pronto empezamos por grabar la última escena de la película y la secuencia es bien diferente. Por ello debes estudiar en profundidad el guion para componer y para sostener el personaje que estás interpretando».
Hasta que la película ha recorrido todo el proceso y el tan esperado momento de sentarse en la butaca de un cine y presenciar el resultado final. «Ese momento se vive con mucha emoción, con mucha expectativa y también con muchas dudas -podría decirte que también se siente miedo-». En su caso, reconoció, «me juega aquello del síndrome del impostor, de decir, bueno, a ver cómo lo hice, porque es una experiencia que en teatro no se da porque al trabajo que realizas no lo ves grabado, sino que lo vives en el momento. Pero en el cine te concentras en ver cómo lo hiciste».
En el caso de «¿Qué pasó con Nath.666?», el actor destacó que «fue un muy lindo trabajo. Fue muy arduo y por ese motivo es que nos sentimos muy orgullosos por lo logrado. Al momento de verla me sentí muy contento, muy feliz», todo ello potenciado por el hecho de presentar la película en su ciudad natal. «Eso fue lo más lindo de todo, porque te reencuentras con gente que has visto toda la vida, desde que eras chico, o e que te vio la primera vez que estuviste sobre el escenario del teatro Lavalleja, o que en su momento sabían que querías ingresar a la EMAD. Y, por supuesto, la familia, que te ap. Afortunadamente, mis familiares siempre me dieron para adelante, algo que valoro muchísimo», subrayó, sumando el respaldo recibido de parte de sus amigos.
«Escuchas el autoparlante, dicen tu nombre, o ves una publicidad y está tu nombre… Es muy gracioso porque también tiene algo como mágico, es muy lindo», profundizó sobre las sensaciones que recogió al momento de presentar la película en Minas.
EL FUTURO
A poco de egresar de la EMAD, muchos factores incidirán en los pasos a seguir dentro del amplio espectro de la actuación. «Es algo sobre lo cual en la actualidad pienso bastante», declaró Lautaro. Ante todo, «pienso en el disfrute de entender que tanto el teatro como la actuación en general forman parte de un juego y que ese disfrute radica en hacerlo con personas que realmente quieres, en ese juego de seguir creando teatro con amigos, apostando a nuevos proyectos, a nuevos desafíos que implican nuevos personajes, porque cada personaje termina siendo un desafío para interpretarlo de una manera original o al menos diferente, es decir, que no se vea Lautaro, sino que se vea una creación como tal. Para lograrlo, la formación es constante y permanente» finalizó.