Apasionado por la fotografía, dedica gran parte de su tiempo a retratar la naturaleza, especialmente a las aves. Participó de ocho talleres sobre la temática y continúa aprendiendo dentro de este mundo fascinante. Amed Benazard Hernández Costa, minuano, ha realizado varias exposiciones. Su pasión por la fotografía se acrecienta con el paso del tiempo.

Amed Benazard Hernández Costa nació en barrio Estación de Minas, «donde viví una muy linda infancia, en una zona por ese entonces muy tranquila», concurrió a la escuela del barrio, la Nº11, «a la que íbamos caminando», y posteriormente al Liceo Nº1 «Eduardo Fabini».

Según tiene entendido, sus nombres son de origen árabe, más allá de que «no tengo nada que ver con los árabes; mis apellidos son de origen español y portugués. Según me contaron, cuando nací, mi madre estaba leyendo la novela El príncipe árabe, de Corín Tellado. De ahí tomó los nombres. Nada que ver, porque, además, Ben Hazard es un nombre compuesto. Resulta que al inscribirme me anotaron como Benazard, todo junto».

Cursó hasta tercer año de Secundaria en el Fabini para luego incorporarse al Liceo Militar donde cumplió con la etapa de Bachillerato. Después sería el turno de la Escuela Militar, «en un período en el cual la institución estaba en un período de transición, de hacer 4 a 5 años de formación. Era muy bueno en matemática, pero un desastre en idioma español -lo sigo siendo-. Esta asignatura me restó nota y quedé en lista de espera para hacer cuatro años que terminaron siendo cinco». Continuó la carrera militar, de la cual se retiró hace unos años con el grado de coronel, luego de haber cumplido su tarea en diferentes destinos.

 

PASIÓN POR LA FOTOGRAFÍA

A través del sistema analógico, Amed tuvo su primer contacto con el fascinante mundo de la fotografía, con «aquellas máquinas chiquitas para las que tenías que comprar rollos de 24 o de 36 fotos».

Participó en ocho talleres de fotografía en Casa de la Cultura, dictados por diferentes profesores, entre ellos Pablo (español) y Guillermo García Huerta, ya inmerso en el sistema digital. En ese lugar emblemático de la cultura del departamento, nuestro entrevistado realizó una exposición, al igual que en instalaciones del Casino y de Parque de Minas (Parque de Vacaciones para Funcionarios UTE-ANTEL).

FASCINACIÓN

Le atrapó la posibilidad de «retratar la naturaleza a partir de la fotografía». Por ello, lunas impactantes son el telón de fondo del cerro Verdún, de la cruz del cerro Pan de Azúcar y del faro de José Ignacio en algunas de sus series. «Me encanta fotografiar la luna. Considero que soy un fotógrafo técnico. Es decir, aprendí fotografía, estudié muchos manuales, todos los manuales de las máquinas que he comprado, sumado a los cursos realizados y a la información que rescato vía YouTube. Me considero un fotógrafo técnico, como te decía, y reconozco que me faltan muchas cosas, esa vista que tienen algunos que, de pronto, de un florero hacen una foto maravillosa, ese ojo clínico, por decirlo de alguna manera, donde de cinco ramas hacen una foto espléndida».

En el último tiempo se ha especializado en fotografiar aves y no solo ello, graba sus sonidos distintivos, originando un registro de audio al respecto.

Con la minuciosidad con la que encara la fotografía, cada toma implica todo un ejercicio de paciencia. «Sigo sacándole fotos a las aves porque, en realidad, nunca sabes cuál será la mejor. Mi señora me dice: ‘pero si ya le sacaste al benteveo y al chingolo...’. Y tiene razón, pero uno no sabe si no puede mejorar una toma anterior. Así termino sacando miles de fotos a los mismos protagonistas».

COLABORACIONES

De cada salida de campo, Amed Hernández retorna con unas 50 fotos. A la mayoría las descarta, por diferentes motivos y detalles que no le convencen. Al resto las respalda en discos externos. Algunas de sus fotografías forman parte de libros del ornitólogo Gabriel Rocha (La guía completa para conocer Aves del Uruguay y Secretos y curiosidades de las aves del Uruguay). «La fotografía de portada del segundo libro nombrado, de un colibrí, es mía. También he colaborado con mi material en publicaciones de Rafael Tosi. Pienso que es una forma de permanecer. Con el tiempo, uno desaparecerá, pero los libros seguirán circulando. Ese será mi legado», subrayó y aclaró que sus colaboraciones son honorarias.

EL MUNDO DIGITAL

La nueva tecnología popularizó el acceso a la fotografía, en muchos casos en detrimento de la calidad. Al respecto también se pronunció el entrevistado, quien considera que «cada fotógrafo intenta sacar sus mejores fotos y que quien tiene un celular a mano trata de hacer lo mismo».

Reconoce que «se ha perdido el trabajo del fotógrafo» propiamente dicho porque, muchas veces, «ya ni siquiera se solicita de los servicios de un fotógrafo para sacar una buena foto; la tecnología permite que con un buen celular puedan hacerse buenas tomas».

Diferenció «una linda foto» de lo que entiende como «una buena foto», ya que «podemos encontrarnos con muchas tomas, pero en realidad muy pocas son buenas, por su calidad, por el enfoque, por la definición, por la luz y la composición, aspectos que hacen a una buena foto. En mi caso, si tomo una foto que está desenfocada, en forma inmediata la descarto».

Reiteró que se trata de «un fotógrafo técnico» que se rige por la composición y por la regla de los tercios, «donde el punto clave lo pones en uno de esos puntos fuertes de la fotografía».

El ojo del fotógrafo, su sensibilidad y la tecnología se complementan para lograr las mejores imágenes posibles. Es decir, «si no tienes una buena máquina, es imposible porque no sabes cómo darle profundidad de campo ni velocidad de rotación; de repente, quieres una foto movida o una foto estática, o que la profundidad de campo sea corta para que el fondo salga difuminado. A eso lo logras con una buena máquina».

EL ENCANTO DE VIAJAR

Amed es consciente de que ha invertido en equipos para tomar sus mejores fotografías. Lo hace con gusto, es lo que le apasiona hacer, porque «no es mi trabajo, es mi hobby, mi pasión, mi cable a tierra y mi entretenimiento».

Está totalmente dedicado a esta actividad. «Me han ofrecido trabajos ahora que estoy retirado. Me preguntan: ‘¿Qué vas a hacer después de haberte retirado?’ Nada, respondo. No voy a hacer nada más que dedicarme a lo que a mí me gusta: salir a pajarear, a mirar aves, a sacar fotos».

«Fueron 36 años en el Ejército. Entré con 15 años y, como no era muy bueno en conducta, vivía preso y mis padres iban a verme los fines de semana. Ahora me es imposible relegar libertad. No viví la juventud y no me queda otra que disfrutar de la vejez», expresó.

En 2018 participó en Punta del Este de la Feria de Aves de Sudamérica, en la cual su señora obtuvo la posibilidad de participar en la Feria internacional de Aves en Colombia. En aquel país estuvieron durante 21 días, entre Bogotá, Medellín, Cartagena y Cali.

También conoció el Santuario Histórico de Machu Picchu, en Perú, a donde viajó en dos oportunidades, y Arequipa y Cusco, también en tierras peruanas. Visitó La Paz, sede del gobierno boliviano y cuando era militar viajó a La Antártida.