El área protegida localidad rupestre de Chamangá, al este de la ciudad de Trinidad, incluye la mayor concentración de pinturas rupestres existentes en la zona de la cuenca del Plata -se han identificado 44 registros-. Chamangá fue el nombre Anne Marie, su fundadora, eligió al crear esta organización en el año 2000. Casi 26 años después, se encuentra plenamente consolidada, cumpliendo con sus objetivos: promover a los jóvenes uruguayos, valorizando sus vocaciones y ayudando a su formación mediante la concesión de becas y el acompañamiento de sus trayectorias educativas.
Como decíamos, el nombre de la fundación hace referencia al área protegida localidad rupestre de Chamangá y puede trazarse un paralelismo con la actividad que desempeña, en cuanto a «ir al rescate de piedras preciosas», así como también de «aquellos valores que, en principio, están escondidos en el interior profundo, que son poco conocidos y poco visibles», relata la entrevistada. Así interpretada, la tarea de la Fundación Chamangá «es ir pulir, trabajar y descubrir a esos diamantes en bruto» presentes en la sociedad uruguaya, contribuyendo a su desarrollo.
UNA RICA EXPERIENCIA
Alejandra Bértola se vinculó a la fundación hace 12 años. Comenzó a desempeñarse en el ámbito de la psicología social y comunitaria en diversas organizaciones de la sociedad civil. Una de ellas, el Centro de Desarrollo Infantil de Nuevo París, Montevideo, «donde trabajaba Teresa Supervielle, en esa época la secretaria ejecutiva de Chamangá. Su conocimiento, junto a la cercanía con Sandra López -una gran amiga-, psicóloga de la fundación, terminaron por vincularme a Chamangá», comentó la profesional quien, en primera instancia, centró su labor en «el acompañamiento como integrante del equipo técnico» y luego, tras la jubilación de Supervielle, asumió la secretaría ejecutiva de la institución.
Para Bértola «ha sido una etapa muy enriquecedora», desde lo profesional y desde lo humano: «también soy del interior (ciudad de Rodríguez, San José), usufructué de una beca para poder estudiar y puedo afirmar que esta clase de apoyo es fundamental».
ACOMPAÑAMIENTO
Dentro de su formación profesional, comprendió «la necesidad de un acompañamiento, el aspecto afectivo que se necesita en esa etapa de la vida», cuestiones que define como «fundamentales», ya que la experiencia indica que, en ocasiones, «jóvenes muy capaces, si no cuentan con la debida contención afectiva, lo primero que hacen es armarse sus bolsos y retornar a sus pagos». Frente a ello, sostiene que Chamangá «les devuelve ese afecto, esa cercanía familiar que todo joven necesita cuando se traslada a otro departamento para estudiar y sufre el desarraigo y las nuevas formas de estudio, en una ciudad con una población mucho mayor a la que está acostumbrado, con todo lo que ello implica», analizó.
Si bien, por lo general, las convocatorias de la Fundación Chamangá tienen que ver con la postulación para el otorgamiento de becas económicas, en forma concomitante, y tan importante como ello, otorga el acompañamiento que los beneficiaros necesitan. «En el último tiempo, desde el equipo visualizamos una necesidad aún mayor de cercanía y de acompañamiento. El dinero que Chamangá les brinda es muy importante, porque con eso cubren las necesidades básicas, pero si no fuera por el acompañamiento sería muy difícil que se mantuvieran en sus carreras».
CALIDAD HUMANA Y SENSIBILIDAD SOCIAL
A partir de los servicios que brinda, se explica por qué Chamangá tiene «un porcentaje muy alto de continuidad educativa y de culminación en la formación», lo que hace que «estemos convencidos que el acompañamiento de cercanía, no solamente con el equipo técnico, sino también de parte del tutor -referente académico, generalmente docente del centro educativo-, son vitales para sostener las trayectorias educativas», especificó la psicóloga Alejandra Bértola.
Más allá de la beca económica, «el tutor y parte del equipo de Chamangá continúan en contacto con los becarios», mientras los beneficiaros «se suman a un colectivo junto a jóvenes que están en las mismas situaciones, en idéntica sintonía, apostando a que estudien aquello que les apasiona», porque, de acuerdo a lo establecido por Bértola a Primera Página Dominical, «el diferencial de Chamangá en relación a otras becas es apuntar a lo vocacional, a que puedan estudiar aquello que realmente les apasiona. Toda su vida circula en torno a esa disciplina y nos aseguramos de que después sean excelentes profesionales, con calidad humana y con sensibilidad social, con una apuesta en ser cada vez mejores en esa profesión», expuso.
TRABAJO COMUNITARIO
Otro de los pilares de la Fundación Chamangá tiene que ver con el trabajo comunitario, a través del cual los becarios asumen una responsabilidad social con la comunidad a partir de un plan de trabajo honorario en el campo de su vocación, tarea que realizan en una red de instituciones educativas, sociales y culturales, públicas o privadas, de todo el país, constituyéndose, en muchos casos, en la primera inserción del becario en su campo laboral, lo que le permite profundizar aspectos de su vocación, descubrir otras realidades culturales y sociales, adquirir una dimensión más colectiva de su vocación y aprender a trabajar en equipo.
El trabajo comunitario «es vital», al tratarse de un aspecto de la beca que se establece «como contrapartida que deben realizar durante el año de la beca en una organización de la sociedad civil, en algún colectivo o en alguna institución sin fines de lucro que necesite una mano y que, en la medida de las posibilidades, esté vinculada al área de su vocación».
Esta característica es, además, «formativa, porque al realizar trabajo comunitario, los beneficiarios «se encuentran trabajando con futuros colegas, en un equipo multidisciplinario, aprendiendo un montón de cosas que quizás verán más adelante en la práctica profesional», por lo que «este es un primer acercamiento a todo lo que vivirán una vez recibidos».
En muchas ocasiones, quienes realizan tareas comunitarias, «al año siguiente son convocados para trabajar en el lugar donde cumplieron el voluntariado». Como ejemplo, citó el caso de un chico que cursaba como educador social, «realizó el trabajo comunitario en un Club de Niños y al año siguiente lo llamaron porque ya tenía un vínculo con los chicos y porque ya conocían cómo trabajaba».
De esa manera, el trabajo comunitario «ayuda a ampliar el horizonte de su vocación, porque, generalmente, solicitan la beca para un primero o segundo año donde tienen una mirada de la formación, de la profesión que es bastante acotada y es a través del trabajo comunitario que logran ampliarla. Una chica estudiaba arquitectura y planteaba que su futuro era construir casas y apartamentos. A su trabajo comunitario lo realizó en un plan de viviendas en el cual compartía con arquitectos y ayudantes de arquitectos, diseñando viviendas más colectivas, junto con viviendas y escuelas rurales. De ese modo, encontró un hilo más social y comunitario a su vocación», subrayó.
Otro ejemplo: «una chica hacía horticultura. Realizó su trabajo comunitario en el INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) y eso le abrió un nuevo horizonte a partir del contacto con técnicos que la invitaban a participar en congresos y que le enseñaron a manejar maquinaria agrícola», comentó.
FINANCIAMIENTO
En los primeros años de funcionamiento, la Fundación Chamangá se mantuvo con aportes económicos de su fundadora, Anne Marie, «una persona sabia, que remarcó la necesidad de diversificar los fondos» y, al mismo tiempo, «plantó el objetivo de que Uruguay pudiera apropiarse de esta obra». De esa manera, quienes la sucedieron, comenzaron a gestionar diferentes convenios que viabilizaran económicamente aquel propósito. «En los últimos años se ha ganado más institucionalidad y se han diversificado los fondos», afirmó la entrevistada sobre el tema, e informó acerca del acuerdo alcanzado con el Consejo de Formación en Educación, a través del cual «nos aportan hasta diez becas de estudiantes de magisterio y de profesorado», el convenio con el Fondo de Solidaridad, para «jóvenes que tienen la posibilidad de estudiar carreras universitarias en la UDELAR, en UTEC o en UTU», con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, a través de la Dirección General de Desarrollo Rural, donde «apoyan a hijos de asalariados rurales o de pequeños productores rurales a través del otorgamiento de becas para jóvenes del entorno rural».
Los acuerdos también se concretaron con la Intendencia Departamental de Canelones y se busca profundizar en el vínculo con otras intendencias, así como también con organizaciones comerciales de todo el país, encaminándose gestiones concretas ante el Centro Comercial e Industrial de Lavalleja.
La fundación cuenta también con colaboradores particulares que «conocen el trabajo que hacemos, que visualizan que se trata de jóvenes a los que con un año de apoyo les cambias la vida y con los que logras cambios notorios». Otro tanto ocurre con quienes fueron beneficiarios de la fundación y que, una vez recibidos, continúan en contacto con la organización, apoyándola de diferentes maneras, incluido el aporte mensual que pueden concretarlo de diferentes maneras en la página web fundacionchamanga.org.uy.
ESPERANZADOR
Se aprecia el cariño y el sentido de pertenencia que la psicóloga Alejandra Bértola ha desarrollado para con Fundación Chamangá. Al comentarle nuestra impresión, respondió. «Es cierto. Poder trabajar en un lugar donde una siente que está aportando al desarrollo y al crecimiento de un país, visualizando que se trata de jóvenes que tienen dificultades socioeconómicas y que una pequeña ayuda implica un salto cualitativo en sus vidas, es reconfortante y esperanzador. En un momento en el cual la sociedad transita por situaciones bastante complejas, donde se visualizan las partes más oscuras, poder trabajar con estos jóvenes es una bocanada de oxígeno».
INSCRIPCIONES ABIERTAS
La Fundación Chamangá ofrece a jóvenes vocacionales, de 18 a 30 años, la posibilidad de dar continuidad a sus estudios en el marco de su vocación en áreas técnicas, docentes, científicas y profesionales que aporten al desarrollo social, cultural y económico del país. Mediante su programa de becas brinda apoyo económico y seguimiento educativo y social a un promedio de 25 becarios/as cada año.
Las becas se otorgan por un año (excepcionalmente renovables una vez), a quienes demuestren una firme vocación y dificultades económicas y/o familiares para seguir con sus estudios. La Fundación Chamangá ha otorgado, desde el año 2002, 584 becas a jóvenes de todos los departamentos del país.
Requisitos para postularse a la beca de la Fundación Chamangá: tener entre 18 y 30 años de edad cumplidos al 01/03/2027; demostrar una vocación clara, para cualquier tipo de arte, oficio o profesión; presentar la escolaridad de formación educativa formal y otras pruebas de vocación (detalle en el formulario de inscripción); demostrar dificultades económicas y/o familiares para comenzar o continuar con los estudios; ser ciudadano/a uruguayo/a residente en el país.
Las inscripciones se extenderán del 1 de junio al 31 de agosto de 2026 inclusive. Los formularios estarán disponibles en la web fundacionchamanga.org.uy o en el código QR del afiche.
Los/las interesados/as deberán enviar su solicitud de beca por el Correo Uruguayo (de forma gratuita) o encomienda a: Fundación Chamangá, Canelones 1198 / C.P.: 11 100, Montevideo, hasta el 31 de agosto de 2026 inclusive.