Ante la Resolución Nº 3009/25 del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (CODICEN), estudiantes del Instituto de Formación Docente (IFD) de Minas expresaron su adhesión a las manifestaciones y acciones que vienen desarrollando distintas instituciones y colectivos de formación docente del país.
Según le explicó a Primera Página una estudiante de profesorado, la medida del paro estudiantil y movilización de ayer de 12 a 18 horas fue debatida en la asamblea estudiantil convocada en su momento sobre la resolución 3009/25.
Afirmó que el reclamo “no se dirige contra los docentes no titulados, cuya experiencia, compromiso y conocimientos se reconocen, sino que plantea una discusión de fondo sobre el valor de la formación docente, la equidad entre las distintas trayectorias formativas, el escalafón, la institucionalidad y el futuro de la educación pública uruguaya”.
NECESARIO ACOMPAÑAMIENTO
Manifestó que la discusión generada a partir de dicha resolución “trasciende la situación particular de quienes actualmente estudian en los institutos de formación docente. Sus posibles efectos alcanzan a quienes ya culminaron sus carreras y obtuvieron su título por la vía regular, a quienes actualmente se encuentran en formación, a quienes ejercen la docencia y, fundamentalmente, a las futuras generaciones de estudiantes que recibirán educación dentro del sistema público”.
Apuntó que por ese motivo “desde el Instituto de Formación Docente de Minas entendemos necesario acompañar el reclamo que se viene realizando desde distintas instituciones del país y contribuir a una discusión seria, responsable y fundamentada acerca de qué formación docente necesita Uruguay”.
OTRA DISCUSIÓN
Planteó la importancia de establecer con claridad cuál es el sentido del reclamo. “No se cuestiona el compromiso, la experiencia ni los conocimientos de los docentes no titulados que sostienen diariamente las aulas. Tampoco se desconoce el valor de los años de trabajo ni la experiencia profesional adquirida en el ejercicio de la enseñanza. ¿Es justo y adecuado equiparar una trayectoria académica regular de cuatro años de formación docente con una vía excepcional de acreditación, sin una equivalencia académica clara entre ambas?”, se preguntó.
Aclaró que la pregunta, no pretende desvalorizar ninguna trayectoria, sino “poner en discusión qué significa ser un profesional de la educación y qué lugar debe ocupar la formación específica en ese reconocimiento”.
NO SOLO UN TÍTULO
Contó que miles de docentes que se titularon por la vía regular atravesaron durante años un proceso sistemático de formación. “Realizaron cursos y seminarios, rindieron exámenes, elaboraron trabajos y monografías, desarrollaron prácticas docentes y acreditaron numerosas unidades curriculares a lo largo de una carrera de varios años. A esto se suma una formación profesional específica que comprende conocimientos pedagógicos, didácticos y disciplinares, así como instancias de práctica y articulación entre teoría y realidad educativa. No se trata, por tanto, de una formación limitada a dos o tres materias ni de la simple obtención de un certificado”.
Dijo que es un proceso académico prolongado “que exige estudio, dedicación, evaluación, práctica, reflexión y construcción progresiva de saberes profesionales”.
RECLAMO LEGÍTIMO
Acotó que además de las unidades curriculares obligatorias, “la formación contempla otras instancias y espacios académicos, incluidas materias y propuestas optativas, que amplían y profundizan la preparación profesional. Por eso, quienes realizaron una carrera completa de formación docente consideran legítimo reclamar que ese recorrido sea reconocido y valorado. Formarse para enseñar no es lo mismo que conocer una disciplina. Ser docente no implica únicamente dominar un contenido disciplinar”. Los estudiantes de formación docente reclaman principalmente contra el plan de acreditación de saberes y titulación impulsado por la ANEP, que permite otorgar títulos a docentes en ejercicio con trayectoria pero sin la carrera completa. Denuncian que esto devalúa el valor del título profesional, afecta la calidad educativa y perjudica a quienes cursan formalmente toda la carrera.
EXPERIENCIA VALIOSA Y NECESARIA
Aseveró que un profesional de la educación “debe saber qué enseñar, cómo enseñar, para qué enseñar, a quiénes enseñar y en qué contexto hacerlo. Debe seleccionar y organizar contenidos, tomar decisiones metodológicas, elegir recursos, atender la diversidad de los estudiantes y evaluar si aquello que se pretendía enseñar fue efectivamente aprendido”.
Consideró que la experiencia en el aula es valiosa y necesaria, “pero la experiencia, por sí sola, no sustituye la formación específica que permite analizar, fundamentar y transformar esa práctica”.
QUE OCURRE CON LOS TITULADOS POR VÍA REGULAR
Para la estudiante, esta es una de las principales preocupaciones planteadas por los docentes titulados y por quienes actualmente se encuentran cursando las carreras de formación docente. “Durante cuatro años, miles de estudiantes construyen una trayectoria académica que incluye múltiples áreas de conocimiento y diferentes instancias de evaluación y práctica profesional. Esa trayectoria tiene un valor que no puede ser considerado equivalente automáticamente a una vía excepcional de acreditación. La preocupación se vincula fundamentalmente con una cuestión de equidad y reconocimiento de la formación profesional. La pregunta que se plantea es sencilla pero trascendente: si dos trayectorias formativas son sustancialmente diferentes, ¿deben necesariamente producir exactamente el mismo reconocimiento profesional sin que exista una equivalencia académica clara?”
Reflexionó que reconocer la experiencia laboral de quienes ejercen la docencia “no debería implicar desconocer el esfuerzo, el tiempo y la formación de quienes realizaron una carrera específica para convertirse en profesionales de la educación”.
ESCALAFÓN DOCENTE EN DISCUSIÓN
Afirmó que la titulación tiene un peso fundamental en el ordenamiento docente. Por ello, “una incorporación masiva de nuevos títulos mediante una vía excepcional podría modificar las condiciones de elección y alterar el lugar que actualmente ocupan quienes realizaron una carrera regular. Uno de los reclamos plantea la posibilidad de una pérdida de prioridad para docentes que realizaron una carrera de cuatro años, frente a quienes pudieran acceder al título mediante un mecanismo que considera, entre otros elementos, su antigüedad y trayectoria laboral. La preocupación no consiste en negar el valor de esa experiencia, sino en cuestionar que trayectorias formativas sustancialmente diferentes puedan producir el mismo reconocimiento profesional sin que exista una equivalencia académica claramente establecida. En este sentido, defender el escalafón implica defender reglas claras, previsibles y equitativas para todos los docentes”.
“También implica reconocer las trayectorias académicas de quienes durante años se prepararon específicamente para ejercer la profesión docente”, señaló.