Facundo Méndez plantea que “escribir es una necesidad” a través de la cual ha superado adversidades e indiferencias. No se queja por la falta de apoyos, simplemente hicieron que madurara antes que los sus compañeros de generación. “Soy un poeta, un narrador y un filósofo a medio hacer”, declara quien está al frente de su propio sello, Luz Verde.
Facundo Santiago Méndez Rodríguez es oriundo de la localidad de Cebollatí, departamento de Rocha, y radica en la ciudad de José Pedro Varela, en el norte de Lavalleja, «un pueblo pequeño donde el silencio se escucha distinto y donde aprendí que las palabras pueden llenar cualquier vacío si uno sabe usarlas». Tiene 19 años y tras culminar Secundaria, «no sabía qué hacer. Entonces le di de lleno a la escritura. Cinco años antes empecé a escribir con frecuencia».
LA NECESIDAD DE ESCRIBIR
Afirma que la literatura «llegó a mí como una necesidad, no como una elección» y se transformó en «la única forma de entenderme a mí mismo y al universo que me rodea», una manera de «exteriorizar todo lo que pienso», debido a que «mi mente genera constantemente» y a que fue en la literatura donde «encontré la manera de liberarlo».
Para Facundo, su obra es «un reflejo de lo que soy: un tipo que se pregunta todo el tiempo: ‘¿por qué hablamos? ¿De dónde viene el lenguaje? ¿Qué somos realmente cuando dejamos de nombrarnos?’», preguntas que «me persiguen desde siempre» y frente a las que, en vez de huir, «las pongo en papel, las convierto en personajes, en historias y en metáforas».
INSPIRACIÓN
A la hora de reconocer influencias, no duda en citar a Nicolás Maquiavelo (1469–1527) y particularmente a través de una de sus obras, El Príncipe (1513). «A partir de ello me introduje de lleno en la filosofía. Me encuentro próximo a concluir un nuevo libro, el cual, por su extensión, dividí en tres partes».
Hasta el momento, Facundo Méndez ha publicado nueve libros (pueden adquirirse a través de Autores Editores y de Amazon), algunos de los cuales ha presentado en la ciudad de Treinta y Tres junto a un grupo de escritores olimareños (Parnaso). También comparte sus textos a través de las redes sociales, donde la repercusión es instantánea. «Muchas personas me comentan que tras leer mis publicaciones quedan reflexionando, asombradas por el hecho de que solo tengo 19 años».
Participó en antologías internacionales como «Poetas unidos por el mundo», publicada en Nueva York (Estados Unidos) y fue nombrado Embajador Cultural Internacional por una organización que cree en la escritura como herramienta de cambio, todo lo cual «me llena de orgullo, porque significa que lo que escribo resuena en otros, que mis preguntas también son las preguntas de otros».
ESPACIOS Y APOYOS
El entrevistado admite que «es complicado» encontrar espacios en los cuales, a sus 19 años, poder compartir su sensibilidad literaria, lo cual se ha traducido, entre otras cuestiones, en «no haber recibido el apoyo de nadie, ni reconocimiento de ninguna índole en Lavalleja».
Lamentó que en José Pedro Varela «se realicen eventos con artistas, pero que a mí nunca me involucren en ellos. El único apoyo que tengo ha sido de parte de Mirso Román Gallo, Jefe de Zona del Distrito J3 del Club de Leones de Treinta y Tres. Sé que cuento con él, porque mis padres nunca estuvieron de acuerdo con mi literatura, por considerar que los libros han pasado de moda».
«En mi país aún no me conocen», continuó. «Eso no me duele como una derrota, sino como una motivación. Porque estoy convencido de que el reconocimiento no se pide, se construye. Libro a libro. Palabra a palabra. Silencio a silencio», remarca.
También por necesidad se transformó en editor independiente al fundar su propio sello, Luz Verde, «porque necesitaba tener el control total de lo que publico. No quiero que nadie me diga qué escribir, cómo escribirlo o cómo debe verse. Mis libros son míos desde la primera letra y hasta la última página. La portada, el diseño, la corrección, la distribución... todo lo hago yo. Es agotador, sí. Pero también es profundamente liberador», priorizó.
La adversidad «no me estresó». Por el contrario, «hizo que me esforzara y madurara en forma temprana». Es decir, con 11 o 12 años «pensaba completamente distinto a la gente de mi edad. Es, de alguna manera, ir a contracorriente. Yo le doy para adelante a pesar de todas las dificultades. En algún momento me afectaban ciertos comentarios, pero ya superé esa etapa», aseguró.
PREGUNTAS Y SILENCIOS
«Soy un poeta, un narrador y un filósofo a medio hacer». Así se define. Escribe poesía «porque, a veces, el amor duele y hay que sanarlo con versos», ciencia ficción «porque el universo es demasiado grande como para no soñarlo», terror cósmico, «porque la realidad es más aterradora de lo que creemos». y ficción filosófica, «porque estoy convencido de que el pensamiento es una forma de aventura».
Facundo Méndez participa del Concurso Nacional de Cuentos «Maca Figari» con un relato llamado «El peso de la luz», inspirado en la obra de Pedro Figari. «Ese cuento es, quizás, lo más cercano que he escrito a una declaración de principios: la mirada que define, la muerte que libera, el arte que inmortaliza. Es mi historia favorita hasta ahora».
Aclara que no escribe «para ganar premios» sino porque «necesito hacerlo. Porque si no escribo, siento que las preguntas me devoran. Porque el silencio me da miedo y porque las palabras son mi única defensa contra el vacío».
Sueña con ser director de cine, con «escribir un guion y lograr presentar alguna obra», porque siente que su nuevo libro puede transformarse en una película o «en una hermosa obra de teatro. Creo que, si todo va bien, puedo llegar a ser guionista, al menos voy a intentar serlo, porque mientras existan ganas, motivación e impulso, todo es posible, siempre desde la rectitud y la firmeza, sin torcerse en el camino. Mientras uno sea honesto, transite el camino correcto y ayude a las demás personas, todo es posible. Las acciones definen quién eres. Siempre intento hacer lo mejor posible, ayudar en todo el que pueda y vivir mi vida a mi manera», señaló.
«Soy un escritor de pueblo y un editor autodidacta. Un tipo que cree que las historias pueden salvar vidas o, al menos, hacerlas más soportables. Y mientras haya alguien dispuesto a leer, seguiré escribiendo», finalizó Facundo Méndez Rodríguez en diálogo con Primera Página Dominical.