La tasa de suicidios en el mundo entero se sitúa en aproximadamente 9,1 muertes por cada 100.000 habitantes, lo que representa cerca de 720.000 personas fallecidas cada año. Este fenómeno afecta desproporcionadamente a los hombres, quienes registran una tasa global más del doble que la de las mujeres.
En nuestro país, la tasa de suicidio está en torno a los 21 casos por cada 100.000 habitantes, una de las más altas de América Latina y que duplica el promedio regional.
Y peor aún: la tasa de suicidios en la Policía uruguaya ronda los 38,2 casos por cada 100.000 efectivos, casi el doble del promedio nacional.
Hoy habrá un paro en la escuela técnica de la UTU por una sucesión de suicidios en el entorno de ese centro de estudios. A su vez, ayer un efectivo policial se quitó la vida, en Minas.
Las organizaciones sindicales policiales y los informes de expertos advierten que la alta tasa de autoeliminación está fuertemente asociada a factores de riesgo propios del oficio policial. Estos incluyen el estrés laboral severo, la sobrecarga de trabajo y la falta de respeto a los tiempos de descanso, la exposición constante a eventos traumáticos, problemas económicos y las demoras en el acceso a la atención psicológica y psiquiátrica.
El país tiene que adoptar e implementar estrategias urgentes y también a largo plazo para combatir este flagelo, que es extremadamente grave entre los policías, pero que también afecta a otros muchos sectores de la sociedad.
Los y las uruguayas debemos cuidarnos a nosotros mismos y también cuidarnos, unos a otros. Y debemos hacer todos los esfuerzos posibles por combatir este espantoso flagelo.