En Romaca Libros se presentó Vuelvo a la Esencia, obra de la profesora, terapeuta y mentora de desarrollo personal y espiritualidad práctica Fabiana Uriarte Nieves. Afirma que el libro surgió a partir de una profunda búsqueda personal: “Empecé a mirar hacia adentro, a cuestionar muchas creencias, a conocerme desde otro lugar y a comprender que el cambio no consistía en convertirme en alguien diferente, sino en volver a encontrarme conmigo misma”.

Fabiana Uriarte Nieves nació el 2 de mayo de 1982 en Minas, ciudad a la que siempre «sentí como mi hogar». Su infancia transcurrió «entre la familia, los amigos, los juegos y la tranquilidad que tenía Minas en aquellos años», lo que generó en ella recuerdos «que hoy atesoro porque, sin darme cuenta, allí comenzaron a construirse muchos de los valores que me acompañan hasta hoy».

Cursó la Escuela Nº2 y luego en el liceo Eduardo Fabini. Desde pequeña, descubrió dos formas muy importantes de expresar lo que sentía: la escritura y la danza. «Durante mi adolescencia, escribía casi todos los días. Llenaba cuadernos con lo que me pasaba, mis emociones y las preguntas que me hacía sobre la vida. En ese momento, no imaginaba que esa necesidad de escribir terminaría, muchos años después, dando origen a Vuelvo a la Esencia».

La danza «también ocupó un lugar muy especial en mi vida». Comenzó a estudiar ballet en Casa de la Cultura de Minas, para luego explorar otros estilos. «Hoy comprendo que tanto la escritura como la danza fueron maneras de conocerme mejor y de expresar aquello que, muchas veces, no encontraba cómo poner en palabras».

Al terminar el liceo fue a Maldonado a estudiar profesorado. Vivió un tiempo en Treinta y Tres, «donde conocí a Andrés, mi compañero de vida, y fue donde nació nuestro primer hijo, Facundo». Regresaron a Minas, «donde elegimos construir nuestra vida en familia. Aquí nació nuestra hija Camila». Desde hace varios años se desempeña como profesora de Lengua y Literatura en distintos centros educativos de Minas, tanto públicos como privados. Actualmente ejerce la docencia en el Liceo Nº3 de nuestra ciudad.

Con el tiempo, la escritura, la educación y el acompañamiento a las personas «fueron encontrándose de una manera muy natural. Hoy, además de ser docente, soy escritora, terapeuta y mentora de desarrollo personal y espiritualidad práctica». Mirando hacia atrás, comprende que «cada etapa de mi vida, incluso las más desafiantes, aportó algo valioso y me ayudó a convertirme en la mujer que soy hoy».

La adolescencia es una etapa que a todos nos marca. ¿Cómo fue la tuya?

La recuerdo como una etapa de muchos aprendizajes. Como la mayoría de los adolescentes, tuve sueños, inseguridades, amistades muy importantes y también muchas preguntas sobre quién era y quién quería llegar a ser. Creo que crecer en una ciudad como Minas tiene algo muy valioso: la cercanía entre las personas, el sentido de comunidad y la posibilidad de construir vínculos que muchas veces perduran toda la vida. Al mismo tiempo, es una ciudad donde todos nos conocemos y donde la mirada de los demás puede tener mucho peso. Durante la adolescencia, como les sucede a muchos jóvenes, también me preocupaba encajar y responder a ciertas expectativas. Con los años, entendí que una de las mayores libertades es animarse a ser uno mismo. Curiosamente, muchas de las preguntas que escribía en mis cuadernos durante aquella etapa fueron encontrando respuesta mucho tiempo después. Hoy miro a esa adolescente con mucho cariño, porque, aunque todavía no lo sabía, ya estaba comenzando el camino que años más tarde me llevaría a escribir Vuelvo a la Esencia.

¿Identificas un momento o situación particular por la cual iniciaste esta búsqueda en tu vida?

Creo que más que un único disparador, fue un proceso. La vida me fue poniendo delante distintas situaciones que me obligaron a detenerme. Atravesé pérdidas, momentos de dolor, incertidumbre y experiencias que hicieron cuestionarme profundamente la forma en que estaba viviendo. Hasta ese momento, como les sucede a muchas personas, estaba muy enfocada en cumplir con las responsabilidades, en sostener los distintos roles que ocupaba y seguir adelante. Sin embargo, llegó un momento en el que sentí la necesidad de hacer una pausa y empezar a preguntarme cómo estaba yo, qué necesitaba y si la vida que estaba llevando era realmente coherente con quien era. Ese fue el verdadero comienzo de mi búsqueda. Empecé a mirar hacia adentro, a cuestionar muchas creencias, a conocerme desde otro lugar y a comprender que el cambio no consistía en convertirme en alguien diferente, sino en volver a encontrarme conmigo misma. Entendí que muchas de las crisis que vivimos, aunque en el momento solo podamos ver el dolor, también pueden convertirse en oportunidades para crecer y transformarnos. Si hoy pudiera mirar hacia atrás, les agradecería a muchas de esas experiencias, porque fueron las que me impulsaron a iniciar un camino que cambió profundamente mi manera de vivir y de mirar la vida.

Dentro de esta búsqueda, ¿por qué etapas pasaste? ¿En quiénes te apoyaste en los momentos de incertidumbre?

Fue un camino de varios años, con etapas muy diferentes entre sí. Al principio sentía una gran necesidad de encontrar respuestas y comencé a formarme en distintas herramientas vinculadas al desarrollo personal y la espiritualidad. Cada una llegó en el momento en que lo necesitaba y fue aportando una mirada distinta, pero con el tiempo comprendí que ninguna herramienta tiene sentido por sí sola si no estamos dispuestos a hacer un verdadero trabajo interior. Más allá de las formaciones, la transformación más profunda ocurrió en la vida cotidiana. Aprendí a escucharme, a cuestionar creencias que había dado por ciertas, a aceptar mis emociones, a reconocer mis luces y también mis sombras. Entendí que el crecimiento personal no consiste en dejar de sufrir, sino en aprender a atravesar las dificultades de una manera diferente. En los momentos de mayor incertidumbre encontré un enorme sostén en mi familia, especialmente en Andrés y en nuestros hijos. También fueron muy importantes mis padres, mis hermanos, amigos, colegas y las personas que fueron apareciendo en distintos momentos del camino. Y, por supuesto, la fe. Más que darme respuestas, me dio la fortaleza para seguir caminando cuando todavía no podía ver con claridad. Hoy miro ese recorrido con mucha gratitud. Comprendo que cada etapa, incluso las más difíciles, fue necesaria para convertirme en la persona que soy. También entendí que la búsqueda nunca termina. No es un lugar al que se llega, sino una forma de vivir, de seguir aprendiendo y de volver a uno mismo cada vez que la vida nos invita a hacerlo. Siempre tuve una gran curiosidad por aprender. Mi formación comenzó en el ámbito de la educación, donde encontré una profesión que me permitió crecer junto a mis estudiantes y comprender que enseñar también es una forma de seguir aprendiendo. Con el paso de los años sentí la necesidad de ampliar esa mirada y comencé a formarme en distintas áreas vinculadas al desarrollo personal y la espiritualidad práctica. Cada formación respondió a una búsqueda que vivía en ese momento y fue sumando herramientas que, con el tiempo, integré a mi manera de acompañar a las personas. Sin embargo, creo que la formación más importante no provino soolo de los cursos o los libros, sino de la experiencia.

La búsqueda así encarada es interior, personal. ¿Cuándo pensaste en compartir lo vivido, transformado en un libro?

Durante mucho tiempo no pensé en escribir un libro. Todo lo que iba viviendo, aprendiendo y comprendiendo quedaba en mis cuadernos. Escribir era una forma de reflexionar, de ordenar lo que sentía y de darle sentido a mi propio proceso. Con los años empecé a notar algo que se repetía una y otra vez. Las personas que llegaban a mis sesiones, aunque tuvieran historias muy diferentes, compartían emociones, preguntas y desafíos muy similares a los que yo también había atravesado. Eso me hizo comprender que mi experiencia no era algo aislado, sino parte de una realidad profundamente humana. Fue cuando sentí que había llegado el momento de escribir Vuelvo a la Esencia. No con la intención de contar mi vida, sino de transformar ese recorrido en un libro que integrara experiencias, reflexiones y herramientas que pudieran acompañar a otras personas en su camino. Creo profundamente que las historias tienen el poder de unirnos. Cuando alguien se reconoce en una experiencia, deja de sentirse solo y empieza a mirar su vida desde otro lugar. Ese fue y sigue siendo el propósito de Vuelvo a la Esencia: ofrecer un espacio de reflexión, de encuentro y la posibilidad de recordar que, aun en medio del cansancio, la exigencia o la incertidumbre, siempre podemos volver a nosotros mismos.

¿Qué significó para ti ver materializado este sueño en forma de libro?

Tener el libro entre mis manos fue una emoción muy especial. Después de tantos años escribiendo, revisando, corrigiendo y dándole forma, verlo publicado significó cerrar una etapa muy importante de mi vida y, al mismo tiempo, abrir una nueva. Pero lo más valioso llegó cuando comenzaron a aparecer los primeros lectores. Recibir sus mensajes, escuchar cómo una reflexión, una historia o una pregunta los había llevado a mirarse de otra manera fue profundamente gratificante. En ese momento comprendí que el libro había comenzado a encontrar su lugar en la vida de otras personas. Creo que ese es uno de los regalos más lindos…

¿Cómo viviste la presentación de tu trabajo en Romaca Libros?

Fue una noche muy especial y profundamente emotiva. Más allá de la presentación del libro, sentí que se había generado un espacio de encuentro muy genuino. Me alegró muchísimo ver personas de distintas edades compartiendo ese momento. Confirmó algo que siempre creí: la necesidad de detenernos, mirarnos y volver a nosotros no tiene edad. También me conmovió el intercambio que se dio al finalizar. Muchas personas se acercaron a compartir parte de sus historias, a contarme cómo se habían sentido durante la presentación o qué les había despertado el libro. Esos encuentros fueron uno de los regalos más lindos de la noche.

¿Qué mensajes centrales te gustaría transmitir a través del libro?

Me gustaría que el libro invitara a las personas a detenerse por un momento y hacerse preguntas. Vivimos en un mundo que muchas veces nos impulsa a hacer, producir y responder a las expectativas de los demás, pero pocas veces nos enseña a escucharnos de verdad. Uno de los mensajes centrales de Vuelvo a la Esencia es que no necesitamos convertirnos en alguien diferente para encontrar bienestar, sino volver a conectar con lo que somos cuando dejamos de vivir desde el miedo, la exigencia o el piloto automático. Creo profundamente que el autoconocimiento no es un destino, sino un camino que nos permite vivir con mayor coherencia, presencia y paz. También deseo transmitir esperanza. Aun en los momentos más difíciles, siempre existe la posibilidad de elegir una manera diferente de vivir, de resignificar lo que nos pasó y de transformar las heridas en aprendizaje. Si el libro logra que alguien se mire con un poco más de amor, de compasión y de honestidad, siento que habrá cumplido su propósito.

Finalizado este trabajo y compartido con los lectores, ¿cómo continúa tu búsqueda?

Creo que la búsqueda nunca termina. Publicar Vuelvo a la Esencia no fue un punto de llegada, sino una etapa más de un camino que sigo recorriendo cada día. Hoy continúo aprendiendo, escribiendo y acompañando personas desde distintos espacios, pero, sobre todo, intento vivir con mayor coherencia entre lo que pienso, lo que siento y la manera en que elijo transitar mi vida. Para mí, ese es el verdadero desafío: que el crecimiento personal no quede solo en las palabras o en los libros, sino que se refleje en la vida cotidiana. Este libro abrió una nueva etapa como escritora. Me entusiasma seguir escribiendo y compartiendo aquello que pueda aportar una mirada más consciente y humana sobre la vida. Si hay algo que este camino me enseñó es que siempre podemos seguir creciendo. Mientras haya preguntas por hacernos, cosas por aprender y personas con quienes compartir el camino, la búsqueda seguirá teniendo sentido. El libro fue impreso en Minas, en Gómez Industria Gráfica (Scampini & Gómez S.R.L.). Para mí era importante que este proyecto también pudiera concretarse en mi ciudad y me parecía lindo reconocer el trabajo de quienes contribuyeron a hacerlo posible.

Contacto: Instagram @fabiabauriarte.fun