Desde el viernes 29 de mayo, la ciudad de Minas cuenta con la primera placa de señalización de memoria. La misma está ubicada en avenida Artigas y Manuel Benavente, frente al Batallón de Infantería Nº11 “Brigadier General Juan Antonio Lavalleja”. En diálogo con Primera Página Dominical, la profesora de historia Ana Caballero, integrante de la Comisión Sitios de Memoria Lavalleja, reflexionó acerca del significado de este acontecimiento.
La instalación de la placa se enmarca en la Ley Nº 19.641, de creación y declaración de Sitios de Memoria Histórica del Pasado Reciente, que reconoce aquellos espacios donde el Estado tuvo un accionar ilegítimo que llevó a que se cometieran violaciones de Derechos Humanos, y que son utilizados como espacios abiertos al público para la recuperación, construcción y transmisión de memorias, así como forma de homenaje y de reparación a las víctimas y a las comunidades. En la actualidad el catálogo está conformado por 34 sitios y 33 señalizaciones de memoria.
La docente admitió que «aún no hemos tomado real dimensión de lo que se ha conseguido», al haberse tratado de «una jornada histórica», ya que Lavalleja «era hasta ese momento uno de los tres departamentos que no tenía ninguna placa ni señalización de estas características», y que, a partir de la colocación de la misma, «salimos de esa fatídica lista».

“UN AÑO DE LUCHA”
Caballero apuntó a que «con esta idiosincrasia tan particular que tiene el departamento de Lavalleja y particularmente la ciudad de Minas», para la Comisión Sitios de Memoria Lavalleja «fue un año de lucha, larga y dura, una lucha contra muchos demonios», al tratarse de un departamento en el cual «algunos sectores de la población se han detenido en el tiempo y para ellos, mirar hacia adelante implica nunca mirar hacia atrás y jamás reconocer los errores y horrores cometidos». Se trata de un «negacionismo puro» acerca de «situaciones que ocurrieron frente a donde estamos (por el Batallón de Infantería Nº11) y en otros lugares». Lo ocurrido el viernes 29 de mayo en el cuartel «es el inicio de un proceso», ya que se conoce con certeza que «en Minas y en el departamento hubo más lugares de detención y de tortura. Es emocionante y emblemático lo que vivimos», valoró, comentando luego sus propias sensaciones generadas en la histórica jornada. «Hoy (por el viernes 29 de mayo) desperté de un modo especial, con cosas que no sentía desde momentos álgidos de la lucha sindical, en los sindicatos de la educación, cuando, de repente, los únicos que entendíamos por qué estábamos luchando éramos nosotros».
De alguna manera, en este caso, «soy una espectadora, como lo es también la Intersindical», ya que «no tenemos compañeros en la Intersindical que hayan vivido la lamentable etapa de haber estado recluidos acá, en este cuartel, porque no es un privilegio decir que una fue una presa política o que eres familiar de alguien que sufrió estas terribles situaciones».
Caballero se refirió al período de la dictadura como un tiempo en el cual «mucha gente sufrió y por ende todos sus núcleos familiares» y que, en ese marco, el Plenario Intersindical de Lavalleja «es parte de un movimiento obrero que pagó con mucha sangre de trabajadores y de trabajadoras en la lucha por un Uruguay mejor», a partir de «ideas que no son compartidas por todos», donde esa lucha «no los hizo ni nos hace delincuentes a los trabajadores organizados por luchar, seguir adelante y reivindicar fuentes laborales y mejores condiciones de vida».
TEORÍA LATENTE
Frente a ello, enfatizó que es el Estado «la organización que debe proteger a todos y a cada uno de sus habitantes» y cuestionó que haya sido quien «no solo estuvo omiso, sino quien además dañó los derechos más elementales de las uruguayas y de los uruguayos». Todo ello determinó que se tratara de «una jornada muy especial», con epicentro en la colocación de la primera placa de señalamiento de memoria en Minas, «algo que para algunos será nada más que eso, un pedazo de metal, pero que para nosotros lo es todo», confiando en que sea «el inicio de un larguísimo camino de sanación, porque es lo que la sociedad uruguaya necesita, reconocer las cosas que ocurrieron, reconocer que tenemos uruguayos con ideas muy oscuras, las tuvimos y las tenemos todavía, y que, por lo tanto, hay que tratar de evitar todo ese pasado horroroso al cual, desgraciadamente, no podemos borrarlo». Por ello, en su opinión, es imperioso que esas situaciones «no sigan perpetuándose en el tiempo» y que, a su vez, «no sean una fuente de inspiración», en el sentido de que la denominada teoría de los dos demonios «lamentablemente sigue latente», tanto que en el último tiempo «ha salido a relucir en el debate de los lavallejinos. ¿Por qué reivindicamos poner una placa aquí y no en la Cárcel del Pueblo?, por ejemplo. Toda esa idea de justificar los horrores ocurridos, de si Fulano y Mengano eran de tal manera, era lógico que los torturaran, que los violaran, que los asesinaran, que los desaparecieran», dentro de «una de lógica del asesinato y del daño colectivo».
Indicó que esos conceptos son trasladables a realidades que se viven en el mundo entero porque «nosotros no somos la excepción» de lo que está ocurriendo en el presente, ya que el mundo «está viviendo la lógica de normalizar y de justificar el asesinato, las violaciones, las torturas, las invasiones, el imperialismo y la lesión de los Derechos Humanos».
“DISPARATES HISTÓRICOS”
En muchos casos se focaliza en la característica cíclica de los procesos históricos, en que el olvido de determinadas situaciones conduce inexorablemente a repetirlos. Con sinceridad, y como profesora de historia, Ana Caballero dijo a Primera Página Dominical que «estoy harta de escuchar para qué estudiar la historia, para qué conocer lo viejo... Nunca más válido conocer la historia. Quienes que estuvimos en la sesión de la Junta Departamental de Lavalleja en la noche del 15 de abril pasado, cuando la placa señalización de memoria fue aprobada, comprobamos que algunos argumentos bordearon el disparate histórico», situación que catalogó como grave ya que «son legisladores departamentales, es decir, la ciudadanía los votó y por eso están allí», por lo cual «lo mínimo que una le puede pedir a la clase política es un poco de lectura. Es lo mínimo. Todo lo demás, la decencia, la dignidad, van en el paquete. Un analfabeto lo puede tener perfectamente. Pero lo mínimo que una debiera pedirle a un edil es que lea el manual escolar», enfatizó, ya que «los horrores históricos que una escuchó en ese ámbito no son dignos del cargo que ostenta». Más allá de tener clara la representatividad de los legisladores departamentales, Ana Caballero optó por «creer, tratando de ser tolerantes y magnánimos, que son errores concretos de la persona. No quisiera pensar que representan las ideas y errores de todo un sector. Porque si no, definitivamente estamos en el horno», definió.