El avión que durante 32 años vimos sobre ruta Interbalnearia se ubica ahora a pocos minutos de Minas, en ruta 12 casi ruta 60. Martín Guerra, su propietario y titular de este sueño, trabaja incansablemente para transformarlo en vivienda premium de más de 30 m², un lugar donde los huéspedes disfrutarán de un dormitorio con baño en suite, living confortable y una pequeña cocina con frigobar, todo diseñado con estilo moderno y minimalista. Un avión en las sierras…
Al descender por la escalera del avión, los visitantes se encontrarán con una barbacoa amplia y funcional de 80 m², equipada con una gran parrilla al estilo uruguayo, dos dormitorios adicionales y un baño extra. Este espacio está pensado para compartir con familia, con amigos sin perder privacidad ni confort.
El corazón de la experiencia está en la interacción entre los espacios: mientras alguien prepara un asado en la barbacoa, puede contemplar a su familia disfrutando de la piscina climatizada, con vistas únicas al atardecer.
Sobre la piscina, a 2,5 metros de altura, descansa el histórico avión, convertido en el símbolo y protagonista de toda la estadía.
La propuesta es privada y exclusiva: el huésped será dueño del avión por dos noches. Vivirá la experiencia de tener un avión histórico privado, enclavado en un entorno natural incomparable, con piscina climatizada y el auténtico ritual del asado uruguayo frente a las sierras de Minas.
Martín Guerra es un joven emprendedor de Joaquín Suárez, Canelones. De oficio metalúrgico y director de El Rey del Poliuretano, una empresa que edificó con esfuerzo, dedicación y mucha pasión. «Donde otros ven un obstáculo, yo intento encontrar una oportunidad», señala sobre cómo encara la vida.
«Trabajo en lo que se llama ‘cliente caliente’. Se conoce de esa manera porque la gente está con el problema en la casa, yo voy y lo resuelvo», explicó. Por eso, cuando el cliente compra el producto, «lo está haciendo con una emergencia. En mi caso, buscando alternativas para trabajar que tuvieran un factor de riesgo bajo y con el buen sentimiento de la gente, quería regalarles algo. Pensé en qué podía ofrecerle a la persona para que le generara una alegría instantánea o al momento de consumirlo, y se me ocurrió vender una experiencia», relató sobre la manera en que nació su proyecto.
EL AVIÓN
En 2024 «tomé una decisión que cambió mi vida: compré el mítico avión de Neptunia. Al principio, fue un impulso, una idea loca que surgió con la intención de convertirlo en un hospedaje personal y diferente. En ese momento, mi empresa atravesaba una situación crítica por un accidente que casi nos deja fuera de juego», comenta, para luego desarrollar el proceso vivido. Después de seis meses de cotizaciones inalcanzables y de una interminable coordinación logística, finalmente logró reunir a todas las empresas necesarias para retirar el avión del lugar donde estuvo ubicado durante 32 años.
«Fue una tarea que, sinceramente, subestimé al principio. A pesar de tener conocimientos básicos de logística, no consideré el largo de las piezas ni la presencia de cables de alta tensión. Simplemente pensé: ‘Si alguna vez lo pusieron ahí, también podremos sacarlo’. Y así fue. Desde ese momento, el avión fue directo al depósito en Montevideo, donde aguardó pacientemente el comienzo de la segunda etapa».
Inicialmente, la locación pensada para cumplir el propósito sería un domo o un vagón de tren. «Fui encargado en una empresa de contenedores y todo lo que tiene relación con la construcción en seco, en módulos, lo tengo bien claro. Entonces, intenté algo por el lado del prefabricado, porque reunía la experiencia y las condiciones como para hacer algo mejor».
Pero quería ofrecer una experiencia diferente. Por eso pensó en dos vagones de trenes, pero comenzó a consultar precios y la alternativa rápidamente quedó por el camino. «Estaba muy arriba del presupuesto. Un día ingresé a Marketplace, vi el avión publicado y el precio no me pareció caro en relación a otras posibilidades que había evaluado. Sentí que reunía las condiciones para hacer el traslado, modificando su estructura y no lo dudé».
Quien era el dueño le financió la compra del avión. Al contarle la idea a su círculo cercano, sus padres «se enojaron porque yo venía atravesando un accidente laboral que sufrí dentro de la empresa y estaba muy endeudado, sin tiempo, con nada, sin medios. Pero me pareció que a la oportunidad del avión no podía dejarla pasar».
La aeronave estuvo instalada 32 años en un comercio ubicado sobre ruta Interbalnearia, «lo que generó un apego inconsciente en la gente: para las personas que vivían en Montevideo, ver el avión era sinónimo de vacaciones, todo un símbolo». El avión sirvió a la Fuerza Aérea y tiene similitudes con el modelo que protagonizó el accidente en Los Andes, en 1972.
EL LUGAR ELEGIDO
En principio, el proyecto fue pensado para disfrutar en familia. Luego, Martín pensó en alquilarlo y le sorprendió la repercusión que el tema registró en medios de comunicación. La primera locación pensada fue en las cercanías de la ciudad de Aiguá, en el departamento de Maldonado, «por sus vistas privilegiadas y porque el costo de la propiedad allí es bajo». Con las llamadas que recibió de canales, diarios y otros medios de comunicación, comprobó que su proyecto «tenía una carga social; la gente que se había encariñado con el avión quería que tuviera un trato digno. En Uruguay hay muchas personas que estudian la historia de la aviación, que apoyaron este proyecto y quieren que se haga algo bueno con el avión, es decir, que no lo haya sacado de la Interbalnearia para desmantelarlo».
Por un tema de logística, buscó el lugar indicado donde instalar el avión para luego transformarlo. Recorrió tres departamentos y más de 50 propiedades. «Lo iba a poner en Montevideo, después en Sauce y posteriormente en Maldonado. Y al final, encontramos las condiciones que creemos que el avión necesita, en las cercanías de Minas. Siempre estuvo en un punto que se veía desde la ruta. Entonces, debía estar en una ruta de la misma manera, pero, en este caso, además, debía estar lo suficientemente retirado para que la gente no lo invadiera, por el apego que las personas tienen con el avión. El avión se tiene que ver y también debes brindarle privacidad a quienes están en él hospedados».
La chacra está ubicada sobre ruta 12 casi ruta 60, a 12 minutos de Minas y a 5 del Parque de Minas (Parque de Vacaciones para Funcionarios UTE-ANTEL).
EL TRASLADO
Trasladar el avión desde ruta Interbalnearia hasta su nuevo destino no fue tarea sencilla. El entrevistado admite que al principio subestimó los trabajos que debían realizarse, porque «pensé que lo íbamos a sacar más fácil» pero después «tuve que contratar una grúa y sumar costos y permisos» que hicieron que se triplicara el presupuesto pensado en un primer momento, además de que en el traslado «dejamos a 600 casas sin luz durante cuatro horas».
Fueron dos días de trabajo, porque en primera instancia la aeronave fue trasladada a Montevideo, «ya que todavía no tenía propiedad donde instalarla. Le pedí a la gente la grúa si tenían un lugar donde dejarla y accedieron. A los dos o tres meses conseguí esta chacra cerca de Minas y realizamos la segunda parte del traslado».
AVANCE DE OBRAS
La transformación del avión y del nuevo entorno donde está ubicado ha avanzado un 40%, según nos cuenta Martín Guerra, al referirse a la inversión y al desarrollo del proyecto, incluyendo la compra de la propiedad, el pozo semi surgente y la energía eléctrica, más el movimiento de tierras y la caminería.
«Estoy muy contento, aunque a veces me asusto un poco porque todo se está triplicando relacionado a lo que pensaba en un principio. Ni siquiera duplicando, triplicando: los plazos, las dificultades y los costos. Todo es mucho más difícil, trabajoso y engorroso de lo que pensaba cuando empecé». A pesar de ello, siente que son los obstáculos propios de estar cumpliendo un sueño. «Se está acercando mucha gente y lo que más valoro de todo lo que estoy haciendo es el entorno y la comunidad que se está generando, comenzando por la gente que me vendió la chacra y continuando por los asesores, por las marcas que aportan la piscina y otros tantos artículos. No podríamos tener este avance sin la ayuda de todas estas marcas», sostuvo.
Martín Guerra se encarcomparte cada avance a través de su página web (www.avionenlassierras.com) y de las redes sociales (Instagram: @avionenlassierras), donde las publicaciones se han hecho virales.
«Creo que suma para la comunidad y para el proyecto que lo muestre paso a paso, porque la gente está esperando cada avance. Entonces, en la medida de mis posibilidades, intento grabar, editar y subir material en forma periódica, más allá de que estoy con mil cosas, porque es un proyecto prácticamente millonario y yo soy un trabajador, un obrero, el director de mi empresa. Por momentos, es agotador, pero a la vez satisfactorio, al ver la repercusión que el proyecto genera en la gente y el cariño que siguen teniendo por el avión», concluyó.