Desde la Reserva Natural y Campo Cultural KYKYŌ emergen buenas noticias. Tras un año de intenso trabajo, Nicolás Spinosa y Óscar Álvarez, sus coordinadores, despiden el 2025 con una apuesta al trabajo colectivo entre artistas internacionales, el territorio y la comunidad. Entre el 8 y el 14 de diciembre, conjuntamente con CÓSMICA Cultura Contemporánea, se llevó a cabo una nueva residencia con participantes de Uruguay, Canadá, España, Brasil y Argentina. A su vez, el sábado 13 de diciembre efectuaron una apertura de procesos en plaza Libertad de Minas.
Desde 2017, la Reserva Natural y Campo Cultural KYKYŌ efectúa residencias en diferentes modalidades: grupales, individuales, mini residencias, etc. A lo largo de estos años “hemos recibido a artistas, creadores, pensadores y agentes culturales, con un promedio de dos residencias por año”.
Las residencias son por invitación y mediante una pequeña selección vinculada a diversos factores. “Entre ellos está, sin duda, lo vincular, entendido no solamente como una relación amistosa, sino más que nada por los lazos personales, laborales o profesionales que hemos tejido a lo largo del tiempo” ya que “provenimos del campo de la cultura, el activismo y la gestión cultural, y hemos trabajado en diferentes áreas, países y ciudades”. De esa forma, “se ha generado una red de artistas, creadores y profesionales que nos hemos ido conociendo, acompañando y trabajando juntos. Cuando nos proponemos encarar una residencia, convocamos a personas del mundo de las artes y las culturas con quienes hay un recorrido común y nos interesa profundizar en esas instancias. Esta red no es estática, sino que se amplía en la medida en que surgen nuevos proyectos y articulaciones”.
Las residencias parten de una idea y de una estructura básica: congregar a un grupo de personas interesadas en la cultura, el ambiente o la naturaleza, con el objetivo de compartir un espacio de encuentro, reflexión y producción en torno a las prácticas artísticas y culturales contemporáneas.

Para los titulares de la Reserva Natural y Campo Cultural KYKYŌ es fundamental “ese encuentro y todo lo que implica”, al proponer un espacio de búsqueda, convivencia y diálogo entre los seres humanos y no humanos que habitamos este territorio. “Desde nuestra perspectiva -afirman-, los animales, las plantas, las piedras, el paisaje, la memoria, los procesos históricos o la energía telúrica son parte activa y fundamental del encuentro con el territorio. Lo sensorial, los cambios de temperatura, la luz, los aromas o el viento son insumos con los cuales proponemos trabajar”.
Otra característica de las Residencias KYKYŌ es que muchos de los artistas provienen de las artes visuales y, principalmente, de la performance o del arte de acción. “Estas prácticas nos interesan porque implican un accionar desde y sobre el territorio, un dialogar con el entorno que va más allá de “aprehender” lo que vemos para traducirlo en un producto visual (dibujos, pinturas, esculturas, etc.). Son formas de acercarse a la experiencia creativa donde la propia acción, el momento vivido y el cuerpo del artista se transforman en obra. Ese encuentro con el territorio es lo que deviene en hecho artístico”.
¿Cuál es el hilo conductor en este caso?
Esta edición se llamó Poéticas del Tiempo y retomó procesos anteriores. La primera se realizó en 2016, en Montevideo, junto al Colectivo PÓETICAS, Laboratorio Internacional de Artes Vivas, y fue un encuentro de arte de acción en el entorno urbano.
En esta edición participaron algunos integrantes de aquel colectivo, como Cecilia Stelini (Brasil), Gabi Alonso (Argentina) y nosotros mismos (Óscar Álvarez y Nicolás Spinosa). También lo hicieron artistas de Canadá (Héléne Lefebvre), España (Isabel León y Llorch Talavera) y Brasil (María Nascimento y Mateus Stelini). Esta vez tuvimos una participación ecléctica: aunque muchos trabajan en performance, también hubo intervenciones en el paisaje, artes visuales, literatura y fotografía. Asimismo, se colocó un foco particular en las artes del barro, con un taller abierto a la comunidad sobre técnicas tradicionales de modelado y horneado.
Todas estas acciones son efímeras, no dañan el paisaje ni la naturaleza, sino que dialogan con ellos. No se trabaja con elementos contaminantes y, en lo posible, los materiales son propios del territorio: ramas secas, piedras, tierra, restos de vegetación. Cuando no es posible usar elementos del lugar, se utilizan materiales no contaminantes que no queden permanentemente en el territorio.

El sábado 13 se realizó una apertura de procesos. ¿En qué consiste? ¿Cuáles fueron las características de esta edición en plaza Libertad? ¿Qué implica para KYKYŌ trasladarse a otro espacio?
Literalmente, implica abrir y compartir con el público el trabajo hecho o los procesos en curso. En el arte contemporáneo, especialmente en la performance o en el arte territorial-comunitario, es habitual trabajar sobre ciertas líneas de investigación y, llegado un punto, “abrir” la experiencia para compartirla, haciendo de ese acto parte del proceso.
En este tipo de abordajes, lo procesual y lo relacional adquieren más relevancia que el resultado final u objetual. Todo ese proceso es parte fundamental de la obra y es lo que interesa compartir.
Esta forma de entender el arte plantea la práctica artística desde un lugar menos elitista, porque al poner en relevancia los procesos se plantean preguntas, dudas e ideas que, al dialogar con otros, también los involucran y los hacen parte.
Concretamente, en la plaza Libertad mostramos parte del trabajo realizado durante la residencia, algunas acciones o performances, trabajos en cerámica, intervenciones gráficas, etc. En estas presentaciones hay algo de “obra abierta”: la obra se construye en la medida en la que se comparte, con un factor sorpresa, con lo inesperado que emerge.
Trabajar sin algo guionado, en el espacio público y en diálogo con la realidad, es una forma de irrumpir en la cotidianidad, de romper el día a día con algo nuevo que genera una narrativa diferente y que trae preguntas. Eso es lo que buscamos al confrontar las prácticas artísticas con el público.
Para nosotros es fundamental compartir con la comunidad. Insistimos en que el trabajo no quede solo dentro del campo del arte y de los artistas. Creemos que parte de nuestra labor es generar instancias en donde el arte y la cultura puedan derramar sobre otros sectores y habilitar otros espacios de saber.
Esta vez la particularidad fue el desplazamiento a la ciudad, pero tampoco no es nuevo para KYKYŌ. Uno de nuestros objetivos es abrirnos al diálogo y a la relación con el afuera. No queremos centrarnos solo en nuestras cosas ni encerrarnos en un mundo que monologa consigo mismo; sino exactamente lo contrario: KYKYŌ es un mundo que se abre al diálogo, a compartir y a estar en relación con el afuera.
Otra característica destacada fue la participación de artistas y de artesanos locales con quienes compartiros saberes y experiencias. Visitamos sus talleres, compartimos procesos y presentamos sus trabajos. Entre ellos estuvieron la artesana textil de la lana Raquel Alba; el artista de la madera Alejandro Santos, del Taller Ñanderekó; y la artista Mirena Atchugarri, de Atelier Magia Botánica, quien trabaja con flores disecadas.
¿La gente se apropia de las propuestas?
Es difícil saberlo. La gente se apropia de algo cuando lo siente parte de su pensar, su sentir o su vida cotidiana. Partimos de la base de que nuestras propuestas no son habituales y de que, en general, la gente de nuestros territorios no está tan acostumbrada a ellas. Sabemos que lo que proponemos genera más preguntas que respuestas. En ese sentido, creemos que es un proceso de aprendizaje colectivo, de acercamiento y de generación de confianza y diálogo.
Siempre hemos pensado que, más que la propuesta en sí, lo importante es abrir canales de diálogo, que, desde nuestra perspectiva, es la función de las prácticas artísticas y culturales.
Lo principal es generar espacios de encuentro que nos conduzcan a pensarnos colectivamente, a poner en diálogo nuestras prácticas cotidianas y nuestras formas de sentir, pensar y vivir, y a cuestionarnos al confrontarlas con las de los otros.
Cualquier tipo de encuentro, personal o profesional, tiene una doble realidad: la búsqueda de cosas en común y el enriquecimiento que surge de poner en tensión puntos de vista diferentes para llegar, dialogando, a un lugar nuevo. Esas instancias son las que las prácticas artísticas y culturales nos habilitan: transitar juntos caminos inusuales.
En la zona donde está ubicado KYKYŌ hay una comunidad activa. ¿Cuál es su interpretación al respecto?
Efectivamente, KYKYŌ está en una zona con una gran tradición de organización comunitaria, por factores históricos, familiares y de intereses comunes. A esto se suma la llegada de nuevas familias, de nuevas ruralidades y de formas de habitar el territorio, lo que enriquece y aporta diversidad.
Desde KYKYŌ creemos profundamente en la organización solidaria y comunitaria. La labor de los diversos niveles de la administración pública es fundamental, pero las comunidades tienen un papel sumamente importante, porque quienes habitamos el territorio conocemos sus problemáticas y podemos aportar mucho. Cuando decimos problemáticas, nos referimos también a las características y formas de vida propias de cada comunidad, que son únicas y que hace falta conocer para crecer y desarrollarlas en conjunto.
A nivel departamental, aunque van pocos meses de gestión, ¿sienten que ha habido variantes en el plano cultural? ¿Se han reunido con las nuevas autoridades?
Es muy poco tiempo para evaluar hechos, pero sí vemos un profundo cambio de actitud frente a la ciudadanía y en cómo se piensa la gestión pública. Hay mucha escucha y voluntad de diálogo, de querer gobernar para todos, que no es poca cosa.
En lo cultural, nos hemos reunido con Mariela Leis (directora de Cultura), con quien ya teníamos relación a través de Casa Encantada. Vamos dialogando asiduamente para ver cómo podemos, también nosotros, aportar al proyecto cultural departamental. Creemos que es interesante generar sinergias entre la administración pública y la gestión privada, ya que cada una posibilita cosas diferentes y eso enriquece al ecosistema cultural.
Desde el área de Ambiente, nos reunimos con Aurora Bentos, con quien mantenemos un diálogo constante en relación al Geoparque y a otros temas ambientales. En el área social y desarrollo rural, hemos charlado con Yliana Zeballos y con Cecilia Bianco, con quienes compartimos una mirada muy afín del trabajo y abordaje comunitario. También estamos en diálogo con Viviana Pritsch (directora de Turismo), quien tiene una visión muy interesante que va más allá del turismo masivo, nos interesa su propuesta de turismo social, cultural y educativo.
Volviendo al plano cultural, y comparando ambas gestiones, creemos que tanto Mariela Leis como Hebert Loza son referentes indiscutibles de la cultura y nos hemos sentido escuchados por ambos. Sí vemos que, en términos generales, la gestión anterior no le daba a la cultura el lugar que sí le está dando este gobierno. Mariela tiene una mirada mucho más integral del hecho cultural, a lo largo de su trayectoria personal y profesional ha establecido vínculos con todas las dimensiones de la cultura, desde lo educativo hasta las diferentes prácticas artísticas, así como también ha sido muy importante el vínculo con la comunidad, a través de los diferentes proyectos y propuestas en las que ella ha participado o dirigido. Esto no quita que no haya cuestiones por resolver y un trabajo profundo por hacer, pues el sector cultural es el gran olvidado. De todas formas, creemos, que el apoyo no se traduce solamente en recursos económicos o en asignar partidas presupuestarias, aspecto no menor. El apoyo no es simplemente dar dinero. Desde nuestra visión tiene que ver, sobre todas las cosas, con brindar el espacio y las condiciones para que algo se despliegue. En ese sentido, con Mariela nos sentimos muy apoyados. Esperamos que el gobierno departamental la acompañe y que también lo haga el gobierno nacional.
¿Qué aspectos centrales les plantearían a las autoridades?
Vemos una clara intención de escuchar y dialogar, lo cual es fundamental para desarrollar las potencialidades del departamento. Sería muy bueno no abandonar esa voluntad, ya que a veces la gestión puede centrarse más en la “gobernabilidad” que en avanzar profundamente. Desde nuestra perspectiva la principal función de quienes gobiernan es dialogar, escuchar, salir de las oficinas y recorrer el territorio, charlar, ver y estar muy atentos a lo que todos y todas las ciudadanas manifiestan y necesitan.
Específicamente en el ámbito cultural, nos preocupa una cierta tendencia contemporánea a pensar la cultura desde la perspectiva del “show”. No tenemos nada en contra de los grandes eventos, pero creemos que no deberían ser el fin, sino el medio. Nos parece que es necesario comprender que tener un proyecto cultural y hacer una buena gestión no necesariamente es tener éxito de público, miles de espectadores, seguidores o cientos de likes. Esos eventos, más que abonar encuestas y estadísticas, deberían impulsar políticas públicas para que en los territorios se despliegue otro tipo de prácticas, más profundas y transformadoras, una cultura amplia, diversa y plural de base comunitaria. De lo contrario, nos quedaríamos solo con el consumo cultural y no promoveríamos un desarrollo integral de todas las dimensiones de lo cultural.
¿Y en cuanto al gobierno nacional?
En cuanto al gobierno nacional, es más complejo aún. Tal vez daría para otra charla. Nosotros vemos mucha timidez y una propuesta de gobierno no siempre clara y a veces dubitativa. Aunque es pronto para valorar acciones, hasta ahora hay aspectos que no han tenido la contundencia que quizás deberían haber tenido. Quizás, tampoco ha habido un suficiente control de daños o una valoración profunda de lo que se estaba recibiendo. Nos preocupa, algo que está muy extendido en todo el arco político, de todas las tendencias y casi a escala global, el enfoque en el déficit cero y cierta propensión a la austeridad extrema, “austericidios” que, creemos, desde un pensamiento de izquierda es difícil explicar. Las cuentas tienen que cerrar, sin duda, pero tienen que cerrar con todas las personas adentro, al menos es lo que creemos quienes apostamos por un gobierno progresista. Sabemos que es un tema complejo y que merece una discusión muy profunda, pero es necesario ponerla en agenda.
¿Cuál es el balance de KYKYŌ acerca de este 2025 y cuáles son los proyectos para el próximo año?
Nosotros somos siempre optimistas, en el sentido de que intentamos valorar positivamente los procesos realizados y los caminos recorridos. Cuando uno evalúa honestamente siempre surgen cosas que han salido mejor y otras no tanto, pero sobre todo creemos que es bueno valorar la voluntad de poner en marcha proyectos y procesos que nos involucran a nosotros y a otros. Eso nos parece siempre muy positivo. No creemos en los balances en términos de sumar y restar, cuánto gané y cuánto perdí. Creemos en los balances en los cuales uno puede problematizar y desplegar las diferentes instancias que ha vivido y que ha transitado, poder tener una lectura profunda de lo que nos sucedió y de lo que falta por hacer.