Un estudio realizado por el Departamento de Psicología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República muestra que en Uruguay hay más de 35.000 personas adictas al juego y que cerca del doble padece del llamado juego problemático. Hace unos 35 años, para dar respuesta a esta problemática se creó la organización Jugadores Anónimos, representada en la ciudad de Minas. A continuación, el crudo relato de uno de sus integrantes.

La ludopatía puede concebirse como una patología, como una adicción vinculada al no control de los impulsos y en la que no media sustancia. Al igual que todas las adicciones, se trata de una compulsión, en este caso a jugar, donde la persona que la padece no decide, por lo cual entiende que no puede hablarse de vicio. Otra similitud de los ludópatas con los adictos a sustancias es que el jugador que se encuentra en los niveles extremos de adicción y que no juega, transcurre también por el síndrome de abstinencia.

Primera Página Dominical recogió el testimonio de un integrante de Jugadores Anónimos, identificado con el seudónimo de Julián.

¿A partir de qué momento de su vida el juego y las apuestas se transformaron en un problema?

Era muy joven. Mi padre era jugador compulsivo y yo empecé a acompañarlo antes de llegar a la mayoría edad. Lo esperaba afuera del casino. Después, obviamente, cuando llegué a la mayoría edad, lo primero que hice fue ver qué había allí, dentro del casino. Y bueno, así empecé a jugar. Socialmente no recuerdo haber jugado nunca. Siempre que ingresé, lo hice para jugar sin control, algo que realicé desde los 18 y hasta los 52 años.

¿Cuál fue el peor momento de esta etapa?

Fueron varios, porque es como ocurre con cualquier otra enfermedad adictiva, tiene diferentes momentos de picos. A veces, uno va porque le va muy bien en algo; en otros momentos porque recibió una mala noticia;porque perdió a una pareja o a un familiar. En definitiva, siempre termina yendo. Por eso hablamos de que se trata de una enfermedad emocional. Cuando las emociones, por un motivo o por otro, se alteran, automáticamente se dispara la adicción.

¿Qué pasó con su familia y su círculo más cercano en todo ese proceso?

En ninguna de las adicciones algún adicto crea ni progresa. Si está en carrera de juego, en este caso, todo es destrucción. Primero vas perdiendo a los amigos, después a la familia, si tenés pareja, a la pareja, al trabajo, todo es destrucción. Todo depende del volumen y del fondo de cada uno. A veces, a una persona una pequeña apuesta la puede llevar al mismo lugar que a mí me pudo llevar una gran apuesta.

También hay una suerte de degradación de la autoestima. ¿Cuál fue su límite al respecto?

Todos los adictos sufrimos de lo mismo, pero no todos caemos de la misma manera. Por ejemplo, tengo compañeros que de repente delinquieron por el juego, otros que sacaron préstamos para afrontar las deudas que generaron y no lo hicieron con financieras sino con prestamistas y tuvieron problemas aún mucho más complejos. Eso depende de cada uno, es cómo cada uno lo vive. Si tengo una casa y me la juego, y es lo único que tengo, de repente eso me lleva a una situación terminal, a la muerte, puedo suicidarme, mientras tanto otros pierden 10 casas y no les pasa eso, más allá de que se depriman, por supuesto. No todos reaccionamos de la misma manera. Sí todos jugamos de la misma forma, compulsivamente.

¿Cuándo y cómo empezó a buscar ayuda?

Cuando realmente toqué fondo, cuando llegó el día en el que ya no quería vivir más, cuando me di cuenta de que así no podría seguir. Mis hijas se acercaron, buscaron la página web de Jugadores Anónimos, llamaron, averiguaron y yo fui a la primera reunión. Desde ese momento, hace 11 años y 8 meses que continúo participando de la comunidad, porque esto es para toda la vida, porque la enfermedad emocional está ahí y por más que uno esté más fuerte con los años, cualquier cosa lo puede llevar nuevamente a lo mismo. Lo que le puedo decir a sus lectores es que sin jugar se vive mucho mejor, y que se puede vivir sin jugar, como también se puede vivir sin otras adicciones. Hay que estar atentos, porque a veces el juego se deja, pero se arranca con otras adicciones, porque la enfermedad emocional va mutando hacia otras cosas. A veces están combinadas: vamos a tomar algo y terminamos en el casino… Jugadores Anónimos es un grupo de hombres y de mujeres que comparten la misma experiencia y los mismos dolores, que han aprendido a resolverlos en comunidad, escuchándose, ayudándose, siendo obedientes, sin levantar la primera apuesta, sosteniéndolo en el tiempo y concurriendo a los grupos. A partir de eso, uno empieza a recuperar la familia, el trabajo, porque como todo adicto, todo el tiempo que uno dedicaba a mentir, a usar el dinero de mala manera, engañando, todo eso pasa factura. Luego de eso aparece el gimnasio, retorna la familia, la comida al mediodía, y en el caso de los jugadores de casino, el dolor desaparece. En estos momentos asistimos a una barbaridad: cada vez más jóvenes ingresan en la adicción al juego. Lo hacen a partir de los juegos online, que son igual o más destructivos que las apuestas en una máquina o en el casino, porque para ir al casino tengo que tener plata y debo disponer de tiempo, tengo que desplazarme. En el juego online -nunca he jugado, aclaro-, puedo jugar desde mi casa, podría estar una hora o dos horas en el baño mientras estoy apostando. Son indicadores que muestran que hay un problema: no me reúno con mi familia, exploto las tarjetas, me quedo solo, me voy alejando de todo, estoy mucho tiempo reservado en el cuarto de baño, tranco… Todos esos son indicios de la posibilidad de un juego online que es muy destructivo porque no hay hora específica para jugar y porque se puede estar jugando mucho y al mismo tiempo.

¿Qué responsabilidad adjudican ustedes a las publicidades que nos bombardean con estímulos para hacer apuestas?

Jugadores Anónimos, como comunidad, no busca la abolición del juego, no decimos que el juego debe terminarse o que debe existir. Nosotros sabemos que no podemos jugar, y eso le va a pasar a cada persona que se acerque a la comunidad, la cual se dedica a ayudar a que las personas puedan salir para vivir una vida mejor. Todo lo demás no nos compete, debemos centrarnos en nuestro objetivo, que es el de recibirte cuando estás destruido y ayudarte. Además, hay grupos para familiares para, entre todos, ayudarte a que puedas participar de los grupos, a que tu familia tenga herramientas, a que elijas dejar de jugar para vivir una vida plena, convertirte en un ser humano honorable y ayudar a los demás, tal cual te ayudaron a ti. En carrera de juego no hay ayuda para nadie: porque primero yo, segundo yo y tercero yo, pero estando en comunidad y estando bien, se puede ayudar a otras personas a salir de este flagelo. Se puede parar de jugar y a eso se lo puede sostener en el tiempo participando en la comunidad. Entonces la vida cambia, gira y se tiene una vida realmente feliz. Yo no podía dormir por los enormes problemas que tenía. Hoy puedo descansar, puedo ver una película con mi pareja, puedo estar con mis nietas o salir a pasear. Vivo una vida en familia. Cuando estaba en carrera de juego, de lo que menos me ocupaba era de mi familia. No es que me despreocupara por completo, porque no somos malos. Sí cometemos errores a raíz de esta enfermedad, sobre los cuales aprendemos y cambiamos, porque debimos volver a aprender a vivir. Es un aprendizaje, una nueva forma de pensar y de vivir. Es un programa muy simple de 12 pasos de recuperación y de 12 pasos de unidad, que son nuestras tradiciones para que la comunidad funcione. Es increíblemente mágico. De repente uno no puede estar ni un segundo sin jugar, pero, sin embargo, después pasan 8 o 10 años sin jugar. No es un programa religioso, es espiritual. La comunidad no obliga a nada y nos mantenemos bajo el anonimato, algo muy importante, sobre todo en ciudades pequeñas en las que todos nos conocemos.