Tal como expresábamos en la edición del jueves, la emoción fue protagonista en la jornada de presentación del nuevo Hogar Estudiantil de Lavalleja en Montevideo. María José González es la encargada del lugar y entre lágrimas de alegría dialogó con Primera Página.

“Es un cambio de 180º para los chiquilines. Cuando hablé con el intendente (Daniel Ximénez), en su momento le comenté que debíamos traer a los hogares estudiantiles al siglo XXI”, ya que “vivíamos en condiciones lamentables, donde todo era muy precario”.

Admitió que cuando los chiquilines llegan a Montevideo, en un primer momento, “la ciudad los avasalla en algún sentido. Es un lugar totalmente nuevo para ellos, en muchos casos provienen de localidades pequeñas, y llegar a un lugar que estaba en condiciones lamentables, era espantoso”, analizó. Más allá de ello, el año pasado “hubo solamente cuatro deserciones, lo que habla a las claras del compromiso de los chiquilines, a pesar de todo. Ellos tienen muchas ganas de continuar, de avanzar en la vida y nosotros no podemos agregarles dificultades”, consideró.

Además de la parte edilicia, el factor humano siempre es fundamental en todo orden de la vida, por lo cual los funcionarios, además de sus tareas específicas, también brindan contención a los jóvenes estudiantes, quienes de un día para el otro se encuentran inmersos en un entorno absolutamente nuevo para ellos. “Yo soy madre, psicóloga y hasta enfermera, digamos, porque los cuidaba a la noche cuando estaban enfermos, porque no podía permitir que viajaran en malas condiciones. De ese modo pasé madrugadas enteras poniéndoles pañitos de agua fría cuando tenían fiebre, o nos íbamos corriendo en taxi hacia una clínica si existía alguna emergencia médica”, comentó.

Ahora se inicia la etapa de valorar y de cuidar lo que se ha conseguido. “Es importante que los chiquilines tomen conciencia de lo que significa este cambio, de que no ha sido nada fácil lograrlo, porque hubo que hacer muchos informes y solicitudes a las autoridades para que la situación cambiara. Ellos realmente escucharon y ahora tenemos que valorarlo. Los residentes tienen que valorarlo y cuidarlo porque es un lujo, con habitaciones con aire acondicionado, por ejemplo. Ya no tienen que sacar turno para bañarse, como sí lo hacían en el otro hogar”, en el cual los funcionarios “tampoco teníamos los baños necesarios para cumplir nuestra tarea en las condiciones mínimas”.

“Estoy muy emocionada y muy agradecida, esperando a los chiquilines con mucha ansiedad, porque realmente sé que lo van a disfrutar y quiero compartirlo con ellos, porque ahora será mucho más fácil poder desarrollar sentido de pertenencia con el lugar. En las condiciones lamentables en las que estábamos inmersos era imposible hacerlo y aún así con los gurises la remábamos, todos peleábamos, todos la luchábamos”, continuó la entrevistada.

Para finalizar, María José González agradeció especialmente “a todos los compañeros que ayer (por el miércoles) vinieron desde Minas ayer a hacer la mudanza y que lo dieron todo. De lo contrario hubiera sido imposible haber armado todo esto, al igual que a los funcionarios del hogar, que tienen la camiseta puesta y son ellos quienes hacen posible que todo esto funcione. Algunos de ellos estaban en Minas, disfrutando de su día libre, los llamé y en ningún momento dudaron en venir a darnos una gran mano tal cual lo hicieron”, concluyó.