La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la depresión como un trastorno mental frecuente, caracterizado por una tristeza persistente y/o pérdida de interés o placer en actividades, que dura al menos dos semanas, e impide realizar actividades cotidianas, acompañada de síntomas como fatiga, cambios en el apetito o en el sueño, dificultad de concentración, sentimientos de culpa y pensamientos de autolesión o suicidio, siendo una condición tratable y no un signo de debilidad. A partir de hoy abordamos este tema de alto impacto en el mundo, en nuestro país y específicamente en el departamento de Lavalleja. porque, como establece la premisa de Primera Página sobre este y todos los temas: Porque hay que saber. Primera Página ofrecerá a sus lectores, a partir de hoy, una serie de notas sobre este tema.

CONFORME PASAN LOS AÑOS

“La humanidad demoró mucho en comprender qué son las enfermedades mentales y, en particular, en poder entender que una persona que sufre depresión es una persona enferma, que la enfermedad que tiene es muy grave y que por ello merece un tratamiento adecuado”, señala el doctor Guillermo Castro Quintela (médico psiquiatra en Hospital Británico, integrante extranjero de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos y de la Asociación de Psiquiatría Biológica del Uruguay), en su artículo “La depresión a lo largo de la historia”. Agrega que tener dificultad para levantarse en la mañana, perder el apetito, tener ideas de muerte y pensar “la vida no tiene sentido y quiero autoeliminarme”, no tener deseo o voluntad de hacer las cosas, no poder concentrarse, que cambien los ritmos biológicos, nos despertemos en la noche y no podamos dormir, son algunas de las manifestaciones de esta enfermedad.

Afirma también que llevó mucho tiempo llegar a comprender que el suicidio en sí no es un acto voluntario, sino que en la mayoría de los casos se trata de la acción de una persona con su juicio alterado, que actúa asumiendo una conducta no voluntaria. Durante un largo período de la historia “se consideró que todas las personas que se suicidaban cometían un pecado”.

Citó a Hipócrates, médico de la antigüedad, quien planteaba que la melancolía, la tristeza, la euforia, los estados de alteración del humor eran correspondidos por cierta preponderancia de fluidos en el organismo y que la depresión, de alguna manera, o la euforia -su contracara-, estaban relacionadas con los cambios, las concentraciones o el volumen de estas variaciones del humor.

En cuanto a Tomás de Aquino y Alberto Magno, desde la Iglesia Católica del siglo XIII, remarca Castro Quintela que fueron quienes “mejor subrayaron la unidad entre cuerpo y mente” y que, sin darse cuenta, “inauguraron un concepto más moderno del ser humano y nos ayudaron a comprender mejor la integridad biológica y psicológica que los seres humanos tenemos”.

En la etapa de Descartes, el ser humano se dicotomizó entre dos concepciones distintas, y ello “volvió a plantear la dificultad de comprender las enfermedades mentales fuera de un contexto unificado de la persona”.

Hasta fines del siglo XIX no había prácticamente tratamientos efectivos para este tipo de pacientes. Quienes sufrían depresión eran internados en asilos, sometidos a tratamientos que no surtían efecto alguno. Generalmente permanecían encerrados largos períodos, sin oportunidades de socialización. El primer tratamiento biológico efectivo -no para la depresión específicamente, sino para otro tipo de enfermedades- se aplicó en 1916. A fines de la década del ‘20 y principios de los ‘30, el médico húngaro Von Meduna inventó una técnica similar al electroshock. Se administraba una sustancia que producía una convulsión epiléptica en los pacientes y muchos de ellos mejoraban. Posteriormente, Hugo Cerletti inventó la electro convulso terapia o electroshock, que transformó de manera radical el tratamiento de los episodios afectivos y produjo curas. Recibió el premio Nobel por su descubrimiento. A finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta se descubrieron los fármacos antidepresivos, que inauguraron la era moderna. Así, también, empezaban a conocerse aspectos profundos de la depresión.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta epidemiológico global (imagen meramente ilustrativa)
La Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta epidemiológico global (imagen meramente ilustrativa)

DIAGNÓSTICO

Los médicos psiquiatras Pedro Bustelo, Claudia Ántiga y Enrique Smerdiner, al frente de la Fundación Cazabajones, junto con Patricia Mango (técnica en comunicación) desarrollaron un artículo que titularon “La depresión: una enfermedad de alta frecuencia muy difícil de diagnosticar”. Según este trabajo la depresión en el 95% de casos no está diagnosticada, razón por la cual en su momento la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta epidemiológico global.

En este trabajo se establece que la ciencia ha comprobado que las personas que padecen de depresión tienen una alteración en su química cerebral, específicamente una significativa disminución del nivel de serotonina en sus neuronas. Refieren a un estudio realizado en Estados Unidos por parte de la Asociación de Personas que Padecen Depresión, el cual revela que, en general, pasan de ocho a diez años entre la aparición de los primeros síntomas y el contacto con un profesional que reconozca y que trate en forma precisa esta afección.

Abraham Lincoln, Ludwing van Beethoven, Franz Schubert, Frederick Chopin, Ernest Hemingway y Horacio Quiroga, entre tantos millones de personas, fueron víctimas de la depresión. En este trabajo se aclara que la carga genética es muy importante, que los antecedentes familiares de depresión, suicidio, drogas o alcohol tienen una gran incidencia y que los hijos de padres depresivos tienen mayores posibilidades de padecerlo que el resto de las personas. La depresión es considerada como la principal causa de discapacidad transitoria a nivel mundial.

Sobre la realidad nacional, expresa el estudio que la depresión es una enfermedad de altísima frecuencia en el Uruguay y que habitualmente no es reconocida. Muchas veces “enfermedades” secundarias a la depresión no son más que manifestaciones periféricas del desorden en la química cerebral a nivel central (hipertensiones esenciales, contracturas musculares, eczemas, taquicardias, sudoración excesiva, ataques de pánico, timidez, falta de energía, etc.). Esto genera una situación de incremento en los costos sanitarios nacionales y un panorama desolador para el paciente portador de una depresión, dado que, por lo general, no es correctamente diagnosticado y suele ser tratado en forma inadecuada, como una persona que molesta, que va al médico, que es multiestudiada y cuyos exámenes paraclínicos resultan siempre normales.

PRIMER NIVEL DE ATENCIÓN

Analía Agostini, Belén Pereira, Loriana Rivero, Eloisa Romero y Sebastián Silveira, bajo la tutoría de las profesoras Aracelli Otarola y Mariela Gras, efectuaron el estudio denominado Depresión en el primer nivel de atención.

Arribaron a una serie de conclusiones, considerando a la depresión como “un problema inserto en una realidad compleja y dinámica que tiene sus múltiples manifestaciones en la cuestión social”.

A través del análisis de los datos relevados, los usuarios que predominan son de sexo femenino, con rango de edad de 59 a 64 años, solteros desocupados, con más de una ECNT (Enfermedades Crónicas No Transmisibles). Quedó reflejada la falta de seguimiento de los usuarios junto con la importancia de la incorporación de salud mental en los programas de salud.

DÍA MUNDIAL CONTRA LA DEPRESIÓN

Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial contra la Depresión con el objetivo de sensibilizar y de concientizar sobre esta patología vinculada a la salud mental que afecta, aproximadamente, a 280 millones de personas en el mundo.

La depresión es la principal causa de discapacidad a nivel mundial y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), una de cada cuatro personas transita un trastorno de salud mental en alguna etapa de su vida, donde la depresión es uno de las más frecuentes y afecta a las personas en todo el curso de vida.

Subestimada en sus impactos, subdiagnosticada y con frecuencia también subtratada, la depresión es un factor de riesgo mayor para el suicidio, que en Uruguay afecta particularmente a los adolescentes y las personas mayores, y es la principal causa de muerte violenta por encima de los siniestros de tránsito y de los homicidios.

Se trata de un problema mayor de salud pública por el impacto y la población afectada, por las repercusiones sobre las personas en el ámbito socio-familiar y porque condiciona la evolución de otras enfermedades. Un cuadro depresivo sin diagnosticar ni tratar de forma adecuada y oportuna puede traer consecuencias complejas como la aparición de ideas suicidas y realización de intentos de autoeliminación.

 

Para conseguir ayuda de emergencia

Línea de Prevención del Suicidio: 0800 0767 o *0767 (en teléfonos celulares)

Línea de Apoyo Emocional: 0800 1920

Línea Drogas: *1020 / 23091020

Las líneas telefónicas de ayuda son atendidas por profesionales con experiencia y están disponibles las 24 horas, todos los días del año.