Soledad, ausencia de redes de contención, consumo problemático de sustancias, salud mental... Son muchos los factores que confluyen para que alguien termine en situación de calle. Tras aportar una respuesta en la emergencia, el foco debe ubicarse en los temas de fondo para revertir estas situaciones. El Ministerio de Desarrollo Social, en coordinación con otras instituciones, asiste a las personas que se hallan en esta realidad extrema. Más allá de lo coyuntural, en algunos casos trágico, indagamos en cómo el director del MIDES Lavalleja, Daniel Urquiola, siente la función, una tarea de tiempo completo para la que se apoya en el equipo técnico de la repartición a su cargo.
La Ley N° 17866, promulgada el 21 de marzo de 2005, dispuso la creación del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES). Aún sin presupuesto propio en ese momento, recordamos que en la ciudad de Minas comenzó a funcionar en un salón del Instituto de Formación en Educación y a partir del voluntariado. La maestra Perla Morandí fue la directora departamental en Lavalleja durante 15 años. En el anterior período, Gustavo Risso estuvo al frente del mismo, mientras que desde hace unos meses, la responsabilidad máxima a nivel departamental de esta Secretaría de Estado recayó en Daniel Urquiola, con varios años como funcionario municipal en su haber y con una amplia trayectoria a nivel sindical, habiendo presidido la Asociación de Empleados y Obreros Municipales (ADEOM), ocupando diferentes cargos de trascendencia a nivel de la Federación Nacional de Municipales y ser, hasta el momento, el único lavallejino en haber integrado el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT.
En el transcurso de la semana pasada, las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social solicitaron la declaración de alerta roja por frío extremo exclusiva para personas en situación de calle ante riesgo de vida por bajas temperaturas. Al amparo de la Ley N° 18.621 (Creación del Sistema Nacional de Emergencias público y permanente), se resolvió la evacuación de estas personas. En estas circunstancias, mientras se cumplía con lo establecido para todo el territorio nacional, entrevistamos al director departamental del MIDES, Daniel Urquiola.
Proviene de una familia trabajadora, humilde, como la gran mayoría de nosotros. A su vez, formó una familia con las mismas características, por lo que algunas carencias no le son desconocidas. Es decir que, como director departamental del Ministerio de Desarrollo no se encontró con situaciones nuevas para usted pero que, por supuesto, igualmente generan impacto.
Hay un sentimiento que te posiciona frente a una filosofía de vida, probarse para saber si realmente te duele el dolor ajeno. A mí me ha pasado siempre y es producto de la historia de cada uno, que se construye en el día a día. A veces eres protagonista de tu misma historia y en otras ocasiones, la vida misma se encarga de llevarte por caminos que te van construyendo de determinada manera. Pasas raya y cada uno es lo que es, somos lo que somos… A mí me tocó venir de una familia muy humilde, de un hogar muy humilde, en el cual vi luchar muchísimo a mis padres para sobrevivir, en un determinado contexto, en mi viejo barrio, La Curva, que era la situación habitual para todas las familias de la zona. De ese modo, uno no se posicionaba como ‘el pobre del barrio’ porque, en realidad, las familias que vivíamos a tres cuadras a la redonda, un poquito más, un poquito menos, todas vivíamos o padecíamos las mismas cuestiones. Tan es así, tan igualitarios que, si tuviera que elegir mi infancia, elegiría la misma, aún con todas esas condicionantes. Ocurre que uno llega a determinada edad, se enfrenta con diferentes responsabilidades y la diferencia la terminan haciendo esas cosas. Si realmente el dolor ajeno te duele, tienes una determinada filosofía de vida que considero imprescindible a la hora de encarar algunos temas. Me sucede, yo creo que eso es importante y siento eso, dolor por quienes vienen a la oficina del MIDES y plantean situaciones delicadas. A veces nos visitan personas con las que nos ha tocado sufrirla juntos, escucharlas y sufrir juntos. Y eso tiene un valor en sí mismo. Va de la mano con que si no humanizamos las causas, tenemos mucho menos beneficio en cuanto a poder resolver situaciones de la mejor manera posible y que esté a nuestro alcance. Tal vez no contemos con todas las herramientas que quisiéramos tener, pero a cada paso que damos tratamos de sumarle humanidad.
En aquel momento, el de su infancia, no existía la institucionalidad actual -el MIDES, por ejemplo-. Como contrapartida, el entramado social era diferente, los vínculos interpersonales más estrechos y sólidos, lo cual generaba una red de contención ante la adversidad.
Coincido totalmente. Por aquellos años era muy común comer en la casa de un vecino, porque llegaba el mediodía y se daba de ese modo. Era algo natural. O merendar en la casa de un amigo porque justo llegaba la hora de la merienda, o compartíamos una merienda en el Centro de Barrios Nº1. Había un entramado social importante. Recuerdo también que en los barrios había dos o tres puntos o instituciones de referencia, donde se generaban cuestiones que de repente hoy no suceden. El Centro de Barrios era realmente el centro del barrio, no solo un nombre. Allí nos anotamos para ir a la piscina, íbamos todos o en ese espacio generalmente funcionaba un merendero o en sus instalaciones estaba situada la policlínica para toda la zona. La escuela también era una referencia ineludible, realmente ese concepto de la segunda casa, y la maestra, una segunda madre para todos los gurises. Y después, lo que significaba para nosotros ‘el estadio más grande’ que podía existir en el mundo, que era nuestro campito. Más grandes, más chicos, ahí se gestionaba todo. Se gestionaba nuestro futuro, nuestro presente, cómo nos íbamos a desarrollar, las travesuras que haríamos el día siguiente o al rato, también en el barrio. O cómo armábamos la ‘gran final del mundo’, porque al otro día teníamos un gran desafío contra el cuadro que era el de atrás, como le decíamos -de atrás de la cancha de La Curva-. Ese entramado social se fue perdiendo y hoy nos encontramos con que debemos actuar con otras herramientas, desde otro lugar, pero es necesario volver a tejerlo entre todos.
¿Qué siente al enterarse de que una persona en situación de calle ha perdido la vida en el marco de este crudo invierno?
Es terrible. Para nosotros no son números sino personas con derechos. A su vez, hay que llegar a comprender cómo fue que la persona llegó a esa situación. Como sociedad, tenemos una visión sobre la problemática de las personas en situación de calle, sin comprender que ha sido la propia sociedad, y en muchas ocasiones desde el Estado, que ha empujado a que esas personas estén en esa situación, porque no han existido redes de contención, porque el mundo es otro, porque todos estamos desafiados por una cantidad de cosas, entre ellas el consumismo, que hace estragos, por el flagelo del consumo problemático de drogas o por temas vinculados a la salud mental. Son todas cuestiones que empujan hacia el aislamiento, a que las personas queden postergadas, a incursionar en rincones de la sociedad donde en algún momento se dan cuenta que no pueden salir de ellos. Me ha tocado hablar con mucha gente en estos días y he quedado impactado sobre el diálogo que uno puede mantener con el 100% de las personas en situación de calle. Ha sido una experiencia dura, parte del trabajo, por supuesto. El objetivo es cuidar la salud de la gente ante este tiempo tan adverso, pero, sin dudas, hay una riqueza enorme en la escucha y en la comunicación con esa gente que no puede llegar a entender cómo pudimos empujarla como sociedad hacia esos lugares, cómo ganaron determinadas cuestiones, la salud mental, cómo no podemos dar una respuesta integral, el tema de las drogas, porque generalmente detrás de todo hay una cuestión de consumo problemático, junto a aquello de ‘cuánto tienes, cuánto vales’, y todo eso va limitando las posibilidades de desarrollo en la vida de las personas. Cito solo un ejemplo. En el refugio he hablado con una persona a la cual encontré leyendo -yo sabía que era un gran lector-. Hace años el hombre está en situación de calle y en esas condiciones, igualmente lee 150 libros por año. Es un viejo conocido en nuestra institución, todos los años viene a la oficina del ministerio. Hoy -por el miércoles-, al ingresar a la oficina me lo encontré. Venía con sus tres libritos que ya había leído. Ingresó a la oficina, donde tengo una cantidad de libros, y escogió dos libros para llevarse y leerlos. Esas cosas te dejan pensando, te replantean muchas cuestiones, analizas qué es lo que está pasando para generar nuevas herramientas, para ser verdaderamente inclusivos. Es una enseñanza increíble.
Por un lado, el consumismo y la hiper conectividad. Por otro, un mal propio de estos tiempos, que se padece de múltiples maneras, la soledad.
Exacto. Estamos hiperconectados y a la vez estamos solos. Son muchas las personas que sufren por esa situación. Hoy puedes comprarte una remera y hablar con un chino para que te la envié al rato, y te llega el rato, pero no hablas con la persona que físicamente tienes a tu lado. Te encuentras con gente que si llegó a esa situación de calle es porque, lógicamente, también está presente la decisión de querer aislarse, y en eso también empuja la sociedad en la cual vivimos. Es un acto reflejo del ser humano cuando la persona dice «empujo, empujo, pero no puedo». A eso también lo aprecias en casos concretos. Hay personas que antes de aceptar concurrir a un refugio y no exponer sus vidas, anteponen qué pasará con sus mascotas. Puede resultar poco creíble, pero es real, mucho más real de lo que la mayoría piensa. Ha sucedido en varias ocasiones, y algunas personas, prácticamente aisladas del resto de la sociedad, prefieren morir durante una helada abrazadas a su mascota que trasladarse a un refugio y abandonarlas. -Mientras realizamos la entrevista, y luego de un fuerte temporal de lluvia, frío y viento que azotó al país, el sol, aunque tenue, se hace presente. En unas horas, anochecerá y se activará la logística de todos los días en el MIDES. Son días largos, de muchas emociones encontradas, de ver la dificultad cara a cara. Es difícil... Es como se dice: ‘Endurecerse sin perder la ternura’. Eso es muy real. Uno no quiere hacerlo, no puede pasar, no debería, pero...
En este tiempo, usted se ha apoyado en el equipo técnico de profesionales de diversas áreas...
Efectivamente. Estoy convencido que dentro del ministerio hay una riqueza muy grande en ese sentido. Así como tenemos muchas carencias y no las escondemos, tenemos una fortaleza muy grande en los equipos técnicos. Siempre he pensado que quien está formado en el tema social, quien eligió esta carrera, es porque, entre otras cuestiones, tiene una sensibilidad diferente, que hay una llama adentro que lleva a esa persona a dar mucho más del 100% en su compromiso con los demás, con lo que pasa en la sociedad, con sus pares. Eso es fácilmente comprobable porque quienes integran estos equipos son quienes han sostenido al Ministerio de Desarrollo Social. Cuando llega el momento del análisis, entre todas las dificultades, uno comprueba lo más importante, que es el equipo técnico, el conocimiento, el compromiso de gente para trabajar, para desarrollar la tarea, valores que rescato siempre, permanentemente, cada vez que puedo, porque pienso que en algo ayuda ese justo y merecido reconocimiento. De alguna manera llega, aunque sea a través de estas palabras, en esta nota, y termina siendo un aliciente para quien eligió dedicarse a esta actividad, que claramente no es solo un modo de vida, de decir ‘voy a vivir de esto, voy a recibir una determinada remuneración’. Hay un plus mucho más importante que uno nota y destaca y es muy lindo que eso suceda aquí.