¿No es la ciencia un lujo, acaso?
Muchos podrían pensar de esa manera.
Hace tan sólo unos días, el 1º de Mayo, en los actos por el Día Internacional de los Trabajadores, volvió a escucharse el reclamo de que el Estado uruguayo destine un 6% de su PBI a la educación y un 1% adicional al desarrollo científico.
Lo de la inversión en educación puede entenderse con bastante facilidad y el reclamo cuenta con un amplio apoyo popular. Pero, ¿por qué invertir tanto dinero en ciencia y tecnología, en un país con tantas necesidades sociales?
Pues porque la ciencia nos trae desarrollo, trabajo, mayor independencia (económica, tecnológica, etc.) y el ahorro de decenas, cientos, de miles de millones de dólares.
En febrero pasado Uruguay aprobó un insecticida con 100% de eficacia contra el picudo rojo en pruebas de campo.
El picudo rojo, una plaga importada desde Asia, está destrozando nuestras palmeras y nuestros palmares. Prácticamente todas nuestras palmeras. El mayor riesgo económico y ecológico sería un ataque masivo en los palmares de Rocha y potencialmente a los palmares del sur del Brasil, mucho más extensos que los de Rocha y de una importancia ecológica difícil de calcular.
Los tratamientos químicos son caros y casi imposibles de aplicar masivamente. En febrero pasado, nuestro país aprobó un nuevo tratamiento, el CreBIO 3, autorizado por el Ministerio de Ganadería (MGAP), basado en un hongo entomopatógeno, es decir, un microorganismo que infecta y mata insectos, en este caso al picudo rojo.
Este producto fue creado por un trabajo de investigación científica que comenzó en el año 2023, liderado por la ingeniera agrónoma uruguaya Alda Rodríguez. Este tratamiento es barato, no afecta a la natualeza y controla con mucha eficacia a esta plaga, protegiendo a nuestras palmeras.
Este trabajo científico dio origen a un tratamiento que ya se utiliza ampliamente en el país y que potencialmente puede significar cientos o miles de millones de dólares por salvar a muchos millones de palmeras.
En el año 2020, un grupo de científicos uruguayos liderados por el joven investigador Gonzalo Moratorio, creó un test diagnóstico nacional para el virus de covid-19, que hacía estragos en todo el mundo.
La pandemia hizo que los pocos tests que existían en el mundo no sólo costaran una verdadera fortuna, sino que además, incluso pagando mucho dinero por ellos, era casi imposible conseguirlos.
Los tests uruguayos, producidos en nuestro país por muchos miles a una fracción del costo de los kits extranjeros, hicieron psoible salvar muchas vidas uruguayas.
Estos son sólo dos ejemplos de los muchos que pueden ejemplificar la importancia que el desarrollo científico tiene para el país.
Sin ir más lejos, nuestros principales rubros productivos, la base de nuestras exportaciones (la carne bovina, el arroz, la celulosa, los lácteos) no podrían alcanzar sus niveles de produccción actuales (tanto en calidad como en calidad) sin un fuerte apoyo de nuestro sistema científico y tecnológico.
La ciencia no es un lujo. La ciencia es una imprescindible inversión para cualquier país que quiera verdaderamente ser próspero e independiente.