En la última sesión de la Junta Departamental se dio una discusión sobre el retiro por parte del edil nacionalista Hugo Olascoaga de 192 pedidos de informes que había realizado al Ejecutivo de la Intendencia de Lavalleja sobre los aspectos más diversos e insólitos. Es algo a aplaudir, porque sus pedidos podrían haber colapsado el sistema que justamente garantiza que los ediles puedan pedir informes al Ejecutivo de la intendencia, de cualquier intendencia. Al parecer -así lo dijo el propio edil Olascoaga en la Junta- el presidente de la Junta, Mauro Álvarez, habló con él y la conversación derivó en que se retiraran esos pedidos.
El tema ya había sido noticia a nivel nacional, a veces en la sección política, a veces en la sección de humor de algunos medios.
¿Por qué?
Pues porque, para empezar, en los cinco años de gobierno del intendente anterior, Mario García, el conjunto de los 31 ediles de todos los partidos en la Junta Departamental de Lavalleja habían presentado, todos, en conjunto, 140 pedidos de informe. Vale recordar que el entonces intendente García respondió según se ha manejado un 20% de esos pedidos. Olascoaga superó con creces esa cifra en un sólo día, a poco más de un mes que asumiera el intendente frenteamplista Daniel Ximénez.
Con la presentación de esos 192 pedidos, Olascoaga de entrada nomás hizo colapsar el sistema de recepción y manejo de estos trámites en la propia Junta. Todos los funcionarios debieron ponerse a trabajar en ellos. Solamente imprimir 32 ejemplares de cada pedido (según está establecido) llevó tiempo y dinero. Si el trámite hubiese continuado, en la Intendencia decenas de funcionarios hubiesen tenido que dedicar miles de horas de trabajo para responder esos pedidos. Miles de horas que todos pagamos con nuestros impuestos.
Bueno, pero al fin y al cabo, ¿no es derecho de los ediles hacer todos los pedidos de informes que quieran, necesiten o se les antoje? Es un derecho establecido en la Constitución.
Eso es verdad.
Pero también es verdad que es imposible que el edil no supiese que con esa avalancha de pedidos provocaría serios problemas a la propia intendencia, para responderlos, comenzando con la cantidad de funcionarios y de horas necesarios para hacerlo. Si aceptamos que Olascoaga no se dio cuenta de eso, deberíamos asumir que es tonto, lo que nos consta no es, en lo más mínimo.
Olascoaga no es tonto en absoluto, pero igualmente realizó pedidos de informes insólitos, como conocer los detalles sobre la nominación de calles cuando él mismo ocupó un papel central en la nominación de esas calles, por ser presidente de la Comisión de Nomenclator de la Junta. O sea, él mismo discutió las propuestas de nombres para esas calles, leyó y estudió las fundamentaciones para esas propuestas, e igualmente realizó tiempo después esos pedidos de informes, para que le respondieran sobre temas que él mismo había discutido, elaborado y definido con otros ediles, anteriormente. ¿Por qué lo hizo? Eso sólo lo puede saber él, y no lo ha dicho.
Descartamos absolutamente que el edil haya, de manera voluntaria, a sabiendas, intentado trabar, dificultar o sabotear la tarea de gobierno de la Intendencia de Lavalleja con esa avalancha de pedidos. Lo descartamos de plano e inmediatamente porque aceptar esa hipótesis descabellada significaría considerar que el edil, en lugar de dedicarse a la honorable tarea que supone su cargo -legislar, controlar el trabajo del Ejecutivo departamental, etc.-, que para eso lo elegimos edil los lavallejinos, preferiría sabotear la labor de un gobierno que no es de su signo político, quizá con fines electorales. Jamás se nos ocurriría pensar tal cosa de Olascoaga.
Sensatez y sentimientos (1). Eso le pedimos a Olascoaga y a los ediles de todos los partidos. Sensatez a la hora de ejercer su labor, que es fundamental para nuestro departamento. Y sentimientos, sensibilidad para darse cuenta de que los vecinos del departamento, más allá de elecciones, miramos con atención cómo hacen su trabajo los legisladores que elegimos en mayo pasado.
(1) “Sensatez y sentimientos” es una hermosa película del año 1995 protagonizada, entre otros, por la inmensa Emma Thompson, Alan Rickman (ya fallecido), la también inmensa Kate Winslet y Hugh Grant.