Hace unos días los Estados Unidos (EE.UU.) e Israel atacaron a Irán y asesinaron a su líder político y religioso Ali Jamenei, el 28 de febrero.
Pero el ataque fue mucho más “fructífero”: uno de los primeros misiles disparados por Israel cayó en una escuela. Más de cien niños iraníes fueron asesinados en ese ataque. A esos les siguieron muchos más. Las propias autoridades de Israel informaron que realizaron más de 500 operaciones aéreas contra Irán y EE.UU. dedicó una parte importante de su arsenal (portaaviones, misiles crucero, sus mejores aviones incluyendo bombarderos B-2, los más avanzados que posee) para atacar a un “régimen autocrático” porque, dicen los EE.UU., se negaba a renunciar a poseer armas nucleares (ayer mismo fue bombardeado uno de los principales hospitales de Teherán).
Ahora sabemos que esa es una flagrante mentira. El ataque a Irán se realizó cuando la nación persa, en negociaciones, había ya aceptado prácticamente todas las exigencias de EE.UU. y renunciado no sólo a tener armas nucleares sino que además renunciaba a enriquecer uranio, un paso previo imprescindible para fabricar armas nucleares.
En realidad el ataque beneficia especialmente a Israel, que ve en Irán a una potencia -que los es económica, política y demográficamente, con sus casi cien millones de habitantes). E Israel, en sucesivos gobiernos, ha hecho todo lo posible no sólo para derrocar al gobierno iraní, sino además para lograr que EE.UU. y su poder militar y político realizaran la tarea.
Estos ataques buscaban, buscan, un cambio de régimen. Buscan arrodillar al gobierno iraní y promover un cambio, idealmente con un descendiente del sha Mohammad Reza Pahlevi, cuyo gobierno -autoritario y represor- fue derrocado en 1979, cuando se dio una revolución en ese país. Es bueno recordar, además, que los Pahlevi llegaron al poder en Irán luego de un golpe sobre el gobierno democrático encabezado por Mohammad Mosaddegh en 1953. El pecado de Mosaddegh, un gobernante laico democrático que promovió la tolerancia religiosa, el desarrollo económico de su país y el acceso a mejores condiciones de vida para millones de iraníes, fue nacionalizar la producción petrolera. Eso bastó para que la CIA y los servicios secretos británicos organizaran un golpe en su contra para instalar a los Pahlevi en el poder, por décadas.
Pero eso es historia.
Ahora tenemos a dos de las mayores potencias militares del mundo (EE.UU. e Israel) atacando a una nación que, a no ser que nos remontemos a la Persia de Jerjes, nunca invadió o atacó a ningún país a no ser que fuese atacado previamente, como ocurrió en la guerra Irán-Irak hace décadas y como ocurrió con los ataques de 2025 y de ahora por parte de EE.UU. e Israel.
Es el mismo EE.UU. que no ha estado en guerra sólo ocho años en sus más de 200 años de historia. El mismo Israel que ha violado el cese el fuego pactado con la organización Hezbollah del Líbano más de dies mil veces en el último año y medio. El mismo Israel que ha cometido y comete un genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania.
Es el mismo Israel que desde hace 40 años proclama al mundo que “Irán está a punto de obtener un arma nuclear” sin que ello haya sucedido, mientras es la única nación de Medio Oriente quelas tiene (entre 70 y 400 bombas nucleares), sin haber adherido al Tratado de No Proliferación Nuclear (Irán si lo hizo) y sin haber aceptado, nunca en su historia, ninguna inspección de la Agencia Internacional de Energía Nuclear, que sí inspeccionaron, muchas veces, a Irán.
A Israel y a EE.UU. no les interesa la democracia ni los derechos humanos. Si fuese así hubiesen invadido, hace mucho tiempo, a Arabia Saudita, donde ser homosexual se castiga severamente y se realizan ejecuciones (incluyendo decapitaciones) de manera rutinaria. O hubiesen invadido Siria, gobernada ahora por un representante de ISIS. O hubieran invadido Israel, que viene cometiendo desde hace años un genocidio y es un régimen de apartheid que al menos debiera ser boicoteado política, económica y hasta deportivamente, por el resto de las naciones del mundo.
Pero ya sabemos cómo funcionan estos países y los medios de comunicación, que -al menos los hegemónicos- suelen intoxicarnos con información sesgada o directamente falsa.
No a la guerra. Cese inmediato de los bombardeos y los ataques, de todos los países contra cualquier país. La paz debe prevalecer y fortalecerse. Aunque ahora, lamentablemente, parece no estar de moda.