¿Cómo hacés para convencer a los niños y a los adolescentes? ¿Cómo convencés a las familias, que quieren estar en contacto permanente con sus niños?
Esas son algunas de las interrogantes que se plantean muchas personas al hablar sobre la eventual prohición del uso de teléfonos celulares en el aula, tanto en escuelas como en liceos.
Es que el teléfono celular, desde que comenzaron históricamente a ser pequeñas computadoras conectadas el día entero a una internet cada vez más vasta y adictiva, se ha vuelto omnipresente en las vidas de las personas, provocando muy serios problemas, por ejemplo en las aulas educativas.
No basta con silenciar las notificaciones y que los teléfonos no hagan ruido en el aula. Se trata de un grupo de unos 30 niños, preadolescentes o adolescentes, que tienen en esos aparatos a menudo su universo entero, desde las redes sociales a juegos, videos, apuestas deportivas -sí, los niños hacen apuestas deportivas, y de manera creciente, y la ludopatía infantil y adolescente es un problema grave en el país y en el mundo-, o lo que sea.
Y la que pierde es la educación.
Ya hay unos 70 paises del mundo que han introducido o están introduciendo la prohibición total o parcial del uso de teléfonos celulares en las aulas (China, Japón, Corea del Sur, España, Francia, Brasil, Chile, etc.) para mejorar la concentración, la convivencia y la salud mental de los estudiantes.
Las nuevas normativas buscan restringir total o parcialmente el uso de estos aparatos en aulas y recreos, y permitirlos únicamente en casos de emergencia.
En nuestro país se ha buscado integrar a los teléfonos celulares al proceso educativo. Creemos que las dificultades asociadas a ese proceso, como el libre acceso por parte de los estudiantes a las redes sociales y de mensajería en el horario de clases hacen muy difícil la situación y el proceso educativo.
¿Prohibir? ¿No sería drástico, eso?
Y, capaz que sí, pero eso no quiere decir que no sea bueno. Sería beneficioso, como fue beneficioso prohibir fumar en espacios cerrados cerrados, en basres, restaurantes, edificios públicos, etc.
Quien esto escribe pensaba que cambiar la cultura de los uruguayos, acostumbrados a fumar “un cigarrito” junto al café, en un bar, sería imposible, por la resistencia de la población.
Pero la población respondió masiva y positivamente a la nueva política antitabaco de la primera presidencia de Tabaré Vázquez.
La resistencia de un par de restaurantes montevideanos que decidieron públicamente -y con fines publicitarios, claro- desafiar la prohibición se enfrió en menos de un mes, luego de que recibieran dos dolorosas multas económicas consecutivas.
Y los uruguayos fumadores, mágicamente, nos acostumbramos muy rápidamente y muy tranquilamente a salir de los bares, los restaurantes, los bailes, de donde fuera, para fumar en la vereda, en el jardín. Y, bueno es decirlo, gracias a esa política antitabáquica los índices de fumadores descendieron rápidamente. Y, en unas décadas, los índices de cáncer de pulmón bajarán también.
Nuestro sistema educativo necesita quizá de muchos cambios para mejorar.
Uno de ellos, sin duda, pasa por restringir el uso de los teléfonos celulares en los centros educativos.
La calidad de nuestra educación lo requiere, casi con urgencia.