Es usual, en países de Europa por ejemplo, que los municipios y alcaldías gocen de una autonomía llamativa: manejan cuantiosos recursos económicos -muchos impuestos suelen volcarse (casi) completamente a las arcas de este tercer nivel de gobierno, local- y ellos son responsables, más allá de aspectos básicos como recolección de residuos, iluminación, calles, parques y arbolado público, de cuestiones como la educación, la promoción de actividades culturales, económicas y deportivas y muchas otras. En muchos de esos lugares, los gobiernos provinciales y hasta el gobierno nacional se ven y viven lejanamente.
Y muchas veces para bien.
¿Qué gobierno o qué parte del gobierno está más cerca de las necesidades y reclamos de los vecinos? ¿El gobierno nacional, que (casi) siempre está lejos? ¿El gobierno provincial o departamental, que también puede estar lejos? ¿O el gobierno local, el municipal, con cuyos funcionarios y jerarcas nos cruzamos en la calle todo el tiempo?
La respuesta es obvia.
Los gobiernos municipales son los que, necesariamente, están más cerca de muchas de las necesidades y reclamos de los ciudadanos en cada lugar, porque buena parte de los problemas que tenemos los seres humanos tienen que ver con los aspectos más cercanos a nuestra vida diaria: cómo están las veredas, parques y calles por las que transitamos, cómo está organizada la recolección y la deposición final de los residuos, el manejo de los parques, plazas y del arbolado público, la iluminación (que afecta directamente a la seguridad), etc. Son problemas locales.
Y el gobierno que necesariamente está más cerca de esos problemas, y que más eficazmente puede detectarlos y solucionarlos, si cuenta con los recursos adecuados, es el gobierno local, municipal, ese cuya sede está a pocos pasos de mi casa o de mi lugar de trabajo, ese cuyos funcionarios y jerarcas son excompañeros de escuela y liceo y con quienes puedo conversar en una esquina o en al almacén.
Los gobiernos locales son una herramienta estatal crucial para lograr resolver muchos de los problemas de la gente, de los vecinos, alejados de las capitales nacionales y departamentales. Y son una herramienta fundamental para llevar condiciones de vida de calidad creciente a todos los uruguayos.
Lo que necesitan esos gobiernos es, por supuesto y para empezar, recursos económicos, materiales, humanos. Necesitan jerarquización de sus autoridades y organismos. Necesitan a veces, sino más personal, que el que tienen sea más profesional y tenga oportunidades de capacitación y crecimiento personal y profesional.
El gobierno departamental de Lavalleja ha dado señales y pasos que indican un camino en este sentido, brindándole a los municipios más relevancia y apoyo político, económico, etc..
El camino a seguir para mayor bienestar de todos los uruguayos pasa por más autonomía del gobierno, más descentralización, más y mejor gobierno local. Aunque no sea “el” camino para llegar al Primer Mundo -en indicadores sociales y humanos, sobre todo-, es evidente que ese largo y ancho camino, pasa necesariamente por allí.