Según una declaración oficial del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, en Gaza, Palestina, “ Un alto el fuego que aún mata a niños no es suficiente” allí.
Desde que se estableció el “alto al fuego” promovido por los Estados Unidos (EE.UU.) y el propio Israel en octubre del año 2025, más de cien menores de edad han muerto en Gaza, producto de ataques con drones, bombardeos aéreos y de frío. Y si bien en el caso de las muertes por drones y bombardeos se puede decir sin dudarlo un segundo que el responsable de esos asesinatos es Israel, en el caso de los niños muertos por frío… también. Israel, desde que se estableció el “alto el fuego” (de alguna manera hay que llamarlo, pero por lo menos a esta farsa hay que colocarle comillas), ha continuado con su vieja y habitual política de bloquear la mayor parte de la ayuda humanitaria destinada a Gaza. Los niños y adultos mueren de frío porque, en medio de temporales y de bajas temperaturas viven en carpas, en su inmensa mayoría, porque Isarael ha destruido casi todas las viviendas y refugios ( y escuelas, universidades, hospitales, mezquitas, iglesias cristianas, liceos, jardines de infantes, etc., etc.) que existían allí. Ya prácticamente no hay techos bajos los que refugiarse, mientras al otro lado de la frontera esperan unas cien mil casas rodantes, caravanas, listas para ser utilizadas como viviendas de emergencia. Pero Israel no permite que ingresen, al igual que prohíbe la entrada a Gaza de materiales de construcción.
Desde que se declaró el “Alto el fuego” han sido asesinadas por las mismas causas que los niños casi 500 palestinos a manos de Israel, sólo en Gaza.
Para hacer las cosas mucho peores, Israel decidió recientemente que todas las organizaciones humanitarias independientes serán bloqueadas en su ingreso y su trabajo en Gaza y en Cisjordania a partir de marzo, si no entregaban una lista completa de personas que trabajan para ellas en esos territorios. Todas ellas se negaron por una razón muy sencilla: históricamente, y sobre todo desde hace más de dos años, Israel ha asesinado de manera selectiva a periodistas y a personas de salud y de organizaciones humanitarias. ¿A quién se le ocurriría una cosa tan dantesca, no? ¿Quizá a un estado genocida?
Dar a Israel los nombres de las personas que trabajan para estas agencias es colocarles, a todos ellos y a sus familias, un blanco en sus espaldas para que sean asesinados de manera eficiente. Por eso, todas estas agencias, incluyendo Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja, la agencia de Naciones Unidas para Palestina (UNRWA) y muchas más se negaron a hacerlo. Y por tanto Israel, que siempre niega comportarse como un estado de apartheid y genocida pero siempre lo hace sin vergüenza alguna, no les permitirá seguir trabajando allí. Al igual que tiene bloqueada la entrada de periodistas, al menos mientras con sus bulldozers continúa demoliendo edificios -a uno por día como mínimo- y al mismo tiempo que esos mismos bulldozers tapan definitivamente las fosas comunes donde están los restos de miles y miles de palestinos, que ni siquiera forman parte del macabro saldo “oficial” de 70 mil personas asesinadas en los últimos dos años.
Médicos estadounidenses y británicos hablan de más de 200 mil asesinados en el mismo período.
Y algunos -hasta en el gobierno uruguayo- se enojan cuando uno llama a eso por lo que es, un genocidio.