En el año 2009 un gobierno del Frente Amplio (FA) concretó con la Ley 18.567 algo que había sido impulsado por algunos de los máximos dirigentes de la coalición de izquierda -y por dirigentes de otros partidos- por años, anteriormente: la creación de un tercer nivel de gobierno, de los municipios.
En aquél momento quizá no vimos -quizá aún no vemos- la importancia histórica de ese cambio en la gobernanza de nuestro país, que puede ser un factor decisivo en el desarrollo económico, y sobre todo el desarrollo humano y social, en nuestro país.
Ya entonces se alzaron voces, incluso dentro del propio FA, acerca de la inconveniencia política de tal reforma. Entre otras cosas, se dijo que la creación de los municipios y del tercer nivel de gobierno favorecería sobre todo a los partidos tradicionales, y entre ellos principalmente al Partido Nacional (PN), mayoritario en buena parte del interior del país.
La historia reciente quizá parezca haber dado la razón, al menos en parte, a esos críticos de pensamiento político-electoral a corto plazo: la inmensa mayoría de los 136 municipios que hay en el país (más del 90% quizá) son encabezados por nacionalistas.
Pero hay una lectura más profunda y necesaria: los municipios, el tercer nivel de gobierno, tiene como requisito y consecuencia que recursos económicos y humanos crecientes se destinen al interior del interior, donde vive y buena parte de la población menos favorecida por obras y recursos del Estado uruguayo.
Porque los uruguayos no somos centralistas únicamente a nivel nacional, con una gigantesca ciudad capital, Montevideo, que concentra la mitad de la población de todo el país. Quienes crecimos y habitamos en el interior del país escuchamos a nuestros abuelos y padres protestar por ese centralismo montevideano, donde se toman las decisiones, donde se concentran recursos y muchas veces empleos, beneficios, oportunidades. Y lo mismo hacemos nosotros ahora.
Además, somos centralistas en nuestros propios departamentos del interior del país. ¿Cuánto han pensado, históricamente y en los hechos, los gobiernos departamentales, en la población de localidades del interior del departamento, en nuestro caso de Lavalleja? ¿Cuántos recursos económicos y humanos se han destinado históricamente a José Pedro Varela, a Solís de Mataojo, a Mariscala, Pirarajá, Villa del Rosario, Zapicán, la población que vive en localidades más pequeñas o en el área rural? ¿Los recursos y esfuerzos que se destinan a esa población son los mismos, por habitante, que los que se destinan a la población de Minas?
Quizá sí, no lo sabemos. Pero la sensación es que así como el país es centralista, en los departamentos del interior también lo somos. En Lavalleja también lo somos, o lo hemos sido por demasiado tiempo. Para muchos el departamento no existe, o existe muy poco, por fuera de Minas.
El actual intendente Daniel Ximénez anunció ya en campaña que descentralizaría recursos y promovería la descentralización del gobierno. Y, luego de unos meses de gobierno, las señales y acciones indican que es lo que está haciendo.
Ximénez les ha dado en para empezar a los alcaldes y municipios un lugar en la mesa: el Consejo Departamental creado, con los alcaldes y directores de la Intendencia, les permite integrarse más armónicamente al gobierno departamental. El hecho que esos consejos se realicen de manera rutinaria en el interior del departamento es también una práctica que jerarquiza a las localidades y sus gobiernos. Se les ha dado a los alcaldes potestad de contar con personal de confianza y se ha hecho un esfuerzo importante por responder, con maquinaria, mano de obra y recursos económicos, a los reclamos y necesidades del interior del Lavalleja.
Parecen haberse acabado algunos manejos políticos absolutamente menores y perjudiciales, como eventualmente se registraron en el pasado, cuando alcaldes que no respondían a la línea política del intendente podían tener, por lo menos, problemas de comunicación con el muy centralista gobierno departamental. Incluso dentro del mismo partido.
No hay en Lavalleja ningún municipio gobernado por el Frente Amplio, el partido del intendente, y no obstante pareciera que los municipios, sin excepciones, nunca tuvieron tanto respaldo político y en recursos.
Esta jerarquización de los municipios no sólo es importante desde el punto de vista político: es crucial para el desarrollo del departamento y del país.
Pero a ese tema nos referiremos en otro momento.