El multiempleo, la falta de contención y los grupos superpoblados, entre otras circunstancias, generan un desgaste acumulativo en los docentes, sumado a frecuentes situaciones de violencia que han padecido. ¿Cómo se revierte esta realidad? ¿Cómo trabaja la FENPES en torno a esta problemática? ¿Cuáles son las respuestas institucionales? Compartimos el análisis del profesor Ramiro Araujo, miembro del Comité Ejecutivo de la Federación, integrante de la Comisión de Asuntos Laborales y responsable de Salud Laboral del sindicato.

El síndrome de Burnout o también conocido como síndrome de desgaste profesional, síndrome de sobrecarga emocional, síndrome del quemado o síndrome de fatiga en el trabajo fue declarado en el año 2000 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un factor de riesgo laboral, debido a su capacidad para afectar la calidad de vida, la salud mental e incluso poner en riesgo la vida del individuo que lo sufre. Algunas de las circunstancias que favorecen la aparición de este cuadro están ligadas a los siguientes factores: sobrecarga laboral, a menudo desplazada hacia tareas burocráticas y marginales; presión en el trabajo con exigencias de rendimientos a través de resultados; baja implicación laboral, escasa autonomía, poca participación en la organización, gestión y planificación, indefinición de actividades, carencia de innovaciones laborales e incomodidad física; falta de apoyo de los mandos que, a menudo, son responsables de una organización poco afortunada en la que el profesional/trabajador recibe poco reconocimiento, está sometido a una gran demanda y control.

Abordamos el tema en anteriores ediciones, analizando lo que sucede dentro del personal de la salud y luego a nivel de la Policía. Hoy nos centramos en la labor docente. Entrevistamos al profesor de historia salteño Ramiro Araujo, miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (FENAPES) y a su vez integrante de la Comisión de Asuntos Laborales y responsable de Salud Laboral del sindicato.

CONDICIONANTES

«Los docentes, obviamente, no estamos ajenos a esta situación, sobre todo por las condiciones propias de nuestra actividad laboral», declaró en referencia a «aspectos que suman a que ese, en principio, estrés laboral, se profundice, que es lo que se conoce como síndrome de Burnout».

Entre las causas que inciden en que esta problemática surja y se instale, Araujo citó al multi empleo, es decir a «la cantidad de grupos que tenemos a cargo», sumado a que esta situación, por lo general, es padecida por docentes que «trabajamos en varios subsistemas: en Secundaria y en UTU, en Secundaria y en Primaria, en Primaria y en Formación Docente». Sumó las consecuencias de estar al frente de grupos súper poblados de alumnos lo cual, obviamente, «constituye otro factor importante».

«Trabajar en más de un lugar es de por sí un síntoma elocuente de lo que está pasando. Salimos de un lugar, vamos a otro; salimos de una institución, vamos a otra; tenemos 10 minutos para ir de un lugar a otro, no tenemos el espacio necesario como para poder almorzar o merendar de manera tranquila. Toda esa vorágine termina siendo condicionante», analizó, además de apuntar al factor acumulativo de estas situaciones, lo que hace que el desgaste se incremente.

UN ROL DESVIRTUADO

A lo ya señalado, el profesor Ramiro Araujo agregó temas puntuales derivados de la transformación educativa tienen consecuencias directas en la actividad de los docentes. «Se aumentó en gran medida el trabajo administrativo que debemos cumplir, una sobrecarga sobre nuestras espaldas, ya que esta tarea se debe completar en determinadas fechas, desvirtuándose el rol docente propiamente dicho, y por ese motivo quitándole centralidad a la tarea de enseñanza y de aprendizaje hacia los alumnos. A esto sumamos toda la tarea de contención que cumplimos para con nuestros alumnos, con nuestros chiquilines, porque, se reconozca o no, somos los primeros en escuchar a los gurises en las distintas situaciones de vulnerabilidad en las que se encuentran, más allá de que no somos psicólogos, ni estemos específicamente capacitados para ello».

LA NECESIDAD DE EQUIPOS MULTIDISCIPLINARIOS

En el mismo sentido, el docente fue claro en señalar que, en las instituciones educativas a nivel de Secundaria, en general, «no existe un equipo multidisciplinario donde los chiquilines puedan concurrir y contar las situaciones que atraviesan para analizar, junto a profesionales, la manera adecuada de abordarlas. No es que los psicólogos sean la salvación de los chiquilines, pero contar con un equipo multidisciplinario en cada una de las instituciones serviría como ‘pequeños bomberos’ para tratar de apaciguar o de solucionar ciertas situaciones».

Indicó que los docentes «somos los primeros en enterarnos de situaciones que acarrean los chiquilines, problemas cotidianos, un cúmulo de realidades que obviamente repercuten notoriamente en nuestra actividad, cuestiones que en el último tiempo se han incrementado».

SALUD MENTAL

El conjunto de las situaciones descriptas, las cuales afectan la tarea del docente e influyen en su vida personal, en el análisis del entrevistado, repercute también en la cantidad de certificaciones médicas existente dentro de la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública).

«Por lo general se critica esta situación, pero nadie se pregunta por qué ocurre. La respuesta es muy sencilla y tiene que ver con el cuidado de la salud mental. Desde nuestro lugar apreciamos las quejas de la población en general y de parte de todo el espectro político, que nos castiga en particular por el ausentismo docente, pero si quienes lo hacen no indagan en profundidad en el por qué se da esa situación, jamás podrán encontrarse soluciones a esta problemática, teniendo en cuenta que los primeros interesados en resolverla somos nosotros, los docentes», prosiguió.

VIOLENCIA NATURALIZADA

Otro cuestionamiento que suele realizarse al colectivo docente es el de tomar la decisión de parar las actividades tras una agresión sufrida por un maestro o a un profesor, generalmente propinada por algún familiar de sus alumnos. De alguna manera, al asumirlo de ese modo, una parte de la sociedad termina naturalizando la violencia hacia los docentes.

«Son situaciones lamentables y que, por supuesto, visualizamos con preocupación», manifestó el profesor Ramiro Araujo. «Hay un aumento considerable de este tipo de casos, en el marco de un aspecto social ineludible que hay que afrontar como sociedad, valga la redundancia».

Explicó que la FENAPES ha trabajado en coordinación con la Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay -CSEU- en la elaboración y aplicación de un protocolo que atienda situaciones de violencia hacia los y las trabajadoras docentes y no docentes que «dentro de ese ámbito, involucre tanto a Primaria, como a Secundaria, a UTU y a Formación Docente».

Por lo general, «todo protocolo se pone en funcionamiento después de que pasa la situación. Desde hace un buen tiempo, insistimos en la prevención como factor fundamental para evitar que estas situaciones sucedan. FENAPES ha tenido un rol muy importante en ese sentido, primero con la Comisión de Salud Laboral, luego con la Comisión Nacional de Salud Laboral y más relevante aún con la conformación de los centros de salud laboral por liceo. Lo queremos retomar, porque es sumamente importante que cada liceo cuente con esa herramienta para, entre otras cuestiones, realizar una prevención que sea efectiva y no atacar al problema cuando ya ha sucedido».

Se considera igualmente imprescindible «la formación de los y las docentes, sobre todo para la prevención, a partir de cursos sobre la temática que incentiven la prevención de posibles situaciones de violencia. Para eso necesitamos que cada docente conozca la reglamentación y la normativa vigentes en materia de salud laboral. Es una de las premisas que tenemos desde la Comisión, la formación para cuidarnos nosotros y cuidarnos hacia nuestros colegas, compañeros y compañeras docentes. Considero que esa es una de las tareas fundamentales que tenemos por delante desde la FENAPES, la formación de cada uno de los docentes en esta área cada vez más importante».

Tras el cambio de gobierno nacional y de las autoridades de la educación concretado el 1 de marzo pasado, desde la FENAPES se insistirá con la convocatoria a la Comisión de Salud Laboral de la Dirección General de Educación Secundaria, «que nosotros integrábamos, pero donde nos reunirnos pocas veces hasta este momento». A esa intención añadió la de «integrar todos aquellos ámbitos a los cuales la Federación pueda acceder, con el propósito de trabajar para que estas situaciones puedan lentamente revertirse, partiendo de la prevención y para analizar entre todos los actores cuáles son las mejores salidas, soluciones y respuestas a esta situación que no es para nada sencilla de resolver. Una medida que concretaremos en estos días es la convocatoria a la Comisión de Salud de la Dirección General de Educación Secundaria. A partir de ello, junto con la nueva administración, visualizaremos qué caminos tomar y cuáles retomar para que este tipo de situaciones que los y las docentes estamos viviendo, dejen de ocurrir», expresó para finalizar el profesor Ramiro Araujo, integrante del Comité Ejecutivo de la FENAPES en diálogo con Primera Página Dominical.